Cerrar

Últimas Noticias de Colombia y el Mundo - ELTIEMPO.COM

Últimas Noticias

Ver más últimas noticias

Patrocinado por:

LA SUBIENDA, UNA TRADICIÓN QUE PESCA A LOS POBLADORES DE LA RIBERA DEL MAGDALENA

Todo el alboroto humano es provocado por el largo viaje de miles de nicuros, bocachicos, capaz, bagres, blanquillos, caloches y cuchos que llegan de la Costa Atlántica a las redes de los pescadores de Honda y la Dorada. (VER CUADRO: TALLAS MINIMAS DE PESCADO)

Todo el alboroto humano es provocado por el largo viaje de miles de nicuros, bocachicos, capaz, bagres, blanquillos, caloches y cuchos que llegan de la Costa Atlántica a las redes de los pescadores de Honda y la Dorada.

(VER CUADRO: TALLAS MINIMAS DE PESCADO).

Mientras los peces nadan en su ancestral paseo migratorio y reproductivo que comienza en enero y dura tres meses, los pescadores trabajan en turnos que van de dos a cuatro horas para coger tres canecadas.

El recorrido de los peces y el trabajo de los pescadores se convierten en una fiesta en varias localidades especialmente en sitios como Honda y La Dorada, en la ribera del río Magdalena.

Es común entonces por estos días ver la salida de Honda de pequeños camiones con dirección a las plazas de mercado del centro del país y de Ibagué, Girardot, Manizales, Armenia y Bogotá.

La temporada es también aprovechada por un sinnúmero de pequeños restaurantes informales que se instalados en la ribera y en la inspección de Puerto Bogotá, en donde hacen alarde de variedades gastronómicas preparadas con viudo de pescado.

Los sitios más visitados por los compradores son El Chorro, la avenida Pachomario, ubicada debajo del puente Luis Ignacio Andrade, La Moya de Santa Marta y Caracolí, en Honda.

Allí no solo se compra y se vende pescado sino que también hay espacio para la diversión y oportunidad para las historias de amor, muchas de las cuales terminan con un hijo de recuerdo.

Eso es lo que cuenta y sabe Hugo Granados, de 56 años y natural de Honda, lleva 48 de sus 56 años dedicados al oficio de la pesca. Tuvo dos mujeres, 7 hijos y 6 nietos, descendencia que atribuye él a los poderes del pescado. "Es que el pescado es el mejor afrodisíaco", dice Granados, quien como todos los años se pone feliz con la fiesta que se arma en el pueblo alrededor de la pesca artesanal.

Marisol González es testigo de algunas historias. Lleva más de 20 de sus 30 años laborando en el sitio llamado El chorro, con su caseta Los Gatos . "Entorno al ambiente del puerto, pescadores y turistas han hecho amigos, han tejido romances y han surgido muchas anécdotas", dice.

En busca de pescados o sardinas , igual que Granados otros mil pescadores acostumbran llegar a Honda procedentes de Bogotá, la Costa Atlántica, Pacífica, los Santanderes, Tolima y los Llanos, entre otras regiones del país para aprovechar la multiplicación de los peces y de los ingresos para sus bolsillos.

Por estos días, el precio de la yunta de pescado (15 peces) oscila entre 1.500 y 2.000 pesos y una canecada (15 yuntas) cuesta alrededor de 30.000.

El ingreso promedio de un pescador que tiene todas sus herramientas es de 35.000 pesos, libre de gastos.

Un pescador repelero, es decir aquel que no posee los instrumentos, obtiene 15.000 pesos. Los instrumentos de pesca más utilizados son: congolos y atarrayas, entre otros.

Todos bien saben que la alegría de la subienda no sería posible si los mismos pescadores no se concientizan de la importancia de conservar el recurso pesquero.

Y eso sí que lo sabe Hugo Granados, quien recomienda a sus colegas "devolver al río el pescado pequeño, que no cumple con la talla".

Carlos Julio Martínez, en la ribera del río a su paso por La Dorada (Caldas), reconoce que "subiendas como las de hace 20 ó 30 años no volverán pues el río está acabado", dice con un dejo de tristeza, mientras al frente del cambuche levantado con palos de madera y hojas secas de palma (hay otros 20 a lo largo de 100 metros) se extingue el fogón donde preparó viudo de pescado para desayunar y almorzar.

Aunque todo tiempo pasado fue mejor, Martínez admite que esta subienda es la mejor de esta década y recuerda que hace 15 días vendió la sarta de nicuros (12 pescados) a sólo 800 pesos. Hoy, esa misma cantidad no la deja en menos de 3.000 pesos. "Estamos esperando otra punta (un pico alto en la temporada de pesca)", dijo Humberto Olaya, un pescador de 65 años.

Olaya espera la punta de la subienda como una oportunidad para competir mejor con los pescadores que utilizan redes de mayor capacidad, como chinchorros y trasmallos, aguas arriba de La Dorada, hacia Puerto Salgar (Cundinamarca). "Este año, en comparación con el anterior, está bajando más pescado, pero allá arriba se quedan con todo y quién les dice algo", dice.

Los pescadores de Bucamba se quejan de los chinchorros y lisos, pero algunos, sobre todo los más jóvenes, quisieran hacer parte de las sociedades que llegan desde noviembre y diciembre para coger un puesto en el río.

"Las chinchorras no dejan pasar los peces grandes (bagres, mueludas o doradas) y nos dejan la polilla (peces pequeños)", comenta Martínez.

Ante esto es poco lo que el Gobierno puede hacer. El Instituto Colombiano de Desarrollo Rural (Incoder), tiene un solo funcionario para el lecho del Magdalena entre Puerto Berrío (Antioquia) y Honda (Tolima) para vigilar a los pescadores, el biólogo marino José Espitia.

Según él, los chinchorros están permitidos, pero el liso (una red que puede atrapar cualquier pez) no y a pesar de esto se está utilizando a todo lo ancho del río en esta zona.

Pero la raíz del problema no está, explicó Espitia, en las redes, sobre las que siempre habrá polémica, sino en el tamaño de los ojos de éstas. "Cada arte (atarraya, ralera, chinchorro...) tiene un ojo permitido, pero cuando se utiliza uno más pequeño se irrespetan las tallas mínimas", dice y a largo plazo tal vez esta práctica acabe con una tradicional fiesta.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
23 de febrero de 2005
Autor
NULLVALUE

Publicidad

Paute aqu�

Top de noticias

Patrocinado por: