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EL BALUARTE DE EL REDUCTO

Don Sancho Jimeno, asomado a la garita del baluarte de San Lorenzo, se solaza con el rielar del sol naciente sobre las aguas de la bahía de las Animas. La mole cuadrada de El Reducto, como se le ha cariñosamente conocido desde cuando se construyó en 1630, en tiempos del esforzado gobernador e ingeniero Francisco de Murga, vigila desde en una esquina del arrabal de Getsemaní el fondeadero de Cartagena.

Don Sancho Jimeno, asomado a la garita del baluarte de San Lorenzo, se solaza con el rielar del sol naciente sobre las aguas de la bahía de las Animas. La mole cuadrada de El Reducto, como se le ha cariñosamente conocido desde cuando se construyó en 1630, en tiempos del esforzado gobernador e ingeniero Francisco de Murga, vigila desde en una esquina del arrabal de Getsemaní el fondeadero de Cartagena.

Se recuerda como sus cañones hundieron un buque lanzabombas del almirante De Pointis durante el ataque filibustero de 1697. Don Sancho, que se había distinguido entonces por su obstinada resistencia en Bocachica para impedir el ingreso de la flota francesa, observa que, a pesar de los bellacos tiempos que corren, todavía se mece al ancla uno que otro mástil mercante. Mal podía imaginarse que ese mismo exacto surgidero albergaría mucho más tarde la armada de Colombia.

Ha mucho tiempo que El Reducto quedó abandonado a su suerte. Sirvió ya en la segunda mitad del siglo XX de peaña para la enorme estatua de la Virgen del Carmen, patrona de los navegantes, antes de que la trasladaran al bajo del Medio. La venerada presencia le dejó pegotes de cemento. De la rampa de acceso no queda ya sino el arco que la unía al baluarte, y de la garita, tan cara a don Sancho, apenas el redondel de los primeros sillares. Subsiste, tapiado, el pasaje subterráneo, que casi seguramente permitía embarcar en la mosca (chalupa) que facilitaba la comunicación con el fuerte del Boquerón, antecesor del Pastelillo (1743), hoy Club de Pesca.

La exploración y el cuidadosísimo levantamiento de planos, adelantado por arquitecto restaurador Rodolfo Ulloa, corrobora los detalles históricos. No le faltaría sino el testimonio de don Sancho. La fidelidad del trabajo del equipo del Dr. Ulloa y su proyecto de restauración han sido merecidamente aplaudidos por el Ministerio de Cultura. También fueron oportunamente conocidos por Instituto de Patrimonio Cultural de Cartagena, novísimo ente, muy legal él, pero de cuya existencia sólo se habían enterado, hasta hoy, los especialistas en reparto de posiciones burocráticas.

Pues bien, bajo la batuta de la benemérita Sociedad de Mejoras Públicas de Cartagena, que desde hace más de 80 años se ocupa calladamente de la conservación y restauración de fuertes y murallas, se inició hace poco la muy necesaria restauración de El Reducto. La financia la cadena Palos de Moguer. Se le destinará a bar y restaurante de comida ligera, con el probado esquema de dar uso económico a los monumentos, para facilitar la preservación, sin menoscabo de la integridad. Es el criterio con que los baluartes de Santo Domingo y de San Francisco Javier se han convertido en sitios de esparcimiento nocturno.

Nada es fácil en Cartagena de Indias. Para su mala suerte, El Reducto se ubica a sólo 50 pasos de la sede del honorable Concejo de la Heroica. Era imposible no notar el inicio de las tareas de restauración. Ajá! Y con que permiso? Pues con el de siempre: la autorización de los responsables en Monumentos Nacionales y la perseverancia de la Sociedad de Mejoras Públicas. Inaceptable! Sobre todo ahora que un instituto paupérrimo y sin oficio huele el tocino. En los enriquecedores debates del Concejo, que casi nunca se ha preocupado del patrimonio castrense de la ciudad, se establece la existencia de un vacío jurídico . El viernes pasado el Instituto de Patrimonio y Cultura suspendió de manera preventiva las obras de El Reducto por carecer de toda la documentación exigida, cualquiera que ella sea. Qué cosa! La primera intervención pública del flamante Instituto de Patrimonio no es para hacer, sino para estorbar.

El Sr. Presidente contó en días pasados lo que le había pedido una amiga de la familia: Alvaro, ya que están en la campaña Por Una Cartagena Más Linda, dígales que no hagan chichi en las murallas . Don Sancho aconseja que, en especial, no lo hagan fuera del tiesto.

FOTO: Rodolfo Segovia

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
18 de marzo de 2005
Autor
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