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LA MUJER QUE ENCARÓ A URIBE

Patricia Molina, una comunera del barrio Las Américas de Cali, ha sido la primera persona que en poco más de seis minutos prácticamente le cantó la tabla al presidente lvaro Uribe Vélez en uno de sus consejos comunales. Esa misma noche dos policías llegaron a su casa a hacerle un estudio de riesgo.

Patricia Molina, una comunera del barrio Las Américas de Cali, ha sido la primera persona que en poco más de seis minutos prácticamente le cantó la tabla al presidente lvaro Uribe Vélez en uno de sus consejos comunales. Esa misma noche dos policías llegaron a su casa a hacerle un estudio de riesgo.

"No fue un allanamiento, pero es extraño que eso haya pasado", dice esta sencilla mujer que tuvo un contrapunteo con el mandatario y hasta alcanzó a decirle: "Que no me vaya a pasar lo que le pasó a un alcalde de la Costa que lo mataron después de informarle que estaba amenazado".

Molina, de 43 años, se despachó ante un auditorio de unos 300 comuneros, habitantes y representantes de los gobierno local y departamental, que acudieron a la cita presidencial el sábado pasado en el patio del colegio Compartir del barrio Desepaz, en el oriente de la ciudad.

Tres veces le sonó la chicharra que define el tiempo de intervención, pero nada la detuvo para cuestionar las cifras del Presidente que, según ella, no concuerdan con la realidad nacional, para retarlo a un debate político sin demagogia y para preguntarle en su "criterio cuánto tiempo le quedaba de vida por su osadía".

También le dijo que reconociera que estaba en campaña y que representaba a una minoría que se enriquece.

Ocho horas de espera.

Uribe, calmado y sin contrariarse, le pidió que lo borrara de la lista de sus odios y de sus enemigos. "Por qué incentiva el odio de las clases", fueron algunas de las palabras que el jefe de Estado le respondió a la mujer menuda y sencilla, que durante más de ocho horas había pedido la palabra.

Poco después Molina abandonó el auditorio callada y con la tranquilidad de haber reclamado lo que considera es justo. "No creo que este sea el país de las maravillas. Disiento de lo que dice Uribe, de sus cifras alentadoras y totalmente alejadas de la realidad que vive la gente pobre", dice ahora más relajada en medio de una conferencia sobre la ley de pensiones.

Una química comunera.

"Hay que enterarse de todo, solo así podremos realizar la tarea que nos encomendaron", asegura la presidenta de la junta de acción comunal del barrio Las Américas.

Ella, una ingeniera química, con una tesis que no terminó y por eso no ostenta el título de la carrera que cursó en la Universidad del Valle, se le atravesó a su destino cifrado por los números y se dedicó al trabajo comunitario.

Desde julio del 2001 es la cabeza del trabajo en busca de soluciones para las necesidades de unos 3.500 habitantes del barrio.

Se conoce como la palma de la mano cada uno de los recovecos de este sector del oriente de la ciudad y sabe que en las 714 casas que se levantan allí hay cientos de necesidades que se replican en toda la ciudad.

"Hay problemas de hambre, de salud, de educación y no podemos decir que todo marcha bien en este país", dice con la convicción que le da el hecho de ayudar a instaurar hasta tres tutelas cada semana para obligar la atención de salud de las comunidades.

"El año pasado acudimos a 50 tutelas para lograr que niños tuvieran un cupo para estudiar y no cesamos en nuestro esfuerzo para evitar el desmantelamiento que se presenta en el centro de salud y el hospital que sirven a los 110 mil habitantes de la comuna ocho", concluye esta mujer a la que no le interesan los rótulos de la política.

Así, Patricia Molina, la mujer que se le encaró al hombre más importante de la Nación, asegura "soy franca cuando tengo la oportunidad y punto".

Foto:.

Carlos Ortega/EL TIEMPO

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
29 de mayo de 2005
Autor
PATRICIA HELENA ALEY Corresponsal de EL TIEMPO

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