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NEGOCIOS ENTRE FAMILIAS

La historia que vivieron recientemente los accionistas de Leonisa y que los llevó a conciliar frente al Superintendente de Sociedades, Rodolfo Danies, vuelve a llamar la atención sobre ciertos riesgos de las empresas de familia y sobre la necesidad de crear nuevos mecanismos para garantizar el futuro de estas sociedades.

La historia que vivieron recientemente los accionistas de Leonisa y que los llevó a conciliar frente al Superintendente de Sociedades, Rodolfo Danies, vuelve a llamar la atención sobre ciertos riesgos de las empresas de familia y sobre la necesidad de crear nuevos mecanismos para garantizar el futuro de estas sociedades.

Las estadísticas que se manejan en Colombia indican que alrededor de un 70 por ciento de las empresas que existen en el país son de origen familiar y que en la mayoría de ellas la raíz de los problemas radica en la toma de decisiones para el manejo de los negocios y en la distribución de los excedentes.

A pesar de que Leonisa es el caso más reciente, no es el único y en cada historia hay una lección que vale la pena recordar.

Bima.

Hace más de 22 años Felipe Biermann y María Teresa Uribe crearon la empresa de muebles Bima, que hasta 1993 vivió su época de oro . Bima nació en Bogotá, pero expandió su marca en todo el territorio nacional. Adicionalmente incursionó en mercados internacionales como Chile, Venezuela, Guatemala y Estados Unidos.

Pero curiosamente, cuando la empresa pasaba por su mejor momento, comenzaron los problemas entre la pareja y comenzaron a crearse diferencias sustanciales en el manejo de los negocios, situación que generó ineficiencia en los puntos de venta, hasta que se convirtieron en un gasto más para la organización. Se decidió, entonces, convertir a Bima en centro comercial y surge un nuevo espacio al norte de Bogotá, con el cual también adquirieron el Parque Camelot.

Adicionalmente se hicieron otros cambios e inversiones que llevaron a un sobreendeudamiento de más de 12.000 millones de pesos, con unos activos que no superaban los 7.000 millones de pesos.

Hubo saturación de mercancía almacenada en las bodegas y el endeudamiento con el sector financiero también se hizo insostenible. Uribe abandona la compañía, dadas las crecientes diferencias con Biermann. Bima y Camelot entran en la Ley 550 y tiempo después Biermann decide desprenderse del negocio.

En el año 2000 el empresario Manuel Rincón lo adquiere y hoy se siente orgulloso de afirmar "Yo salvé una empresa familiar que por problemas entre una pareja estaba a punto de quiebra, pero que en mi concepto tenía un futuro promisorio". Bima pagó sus deudas, recuperó su credibilidad financiera, continuó su expansión en manos de Rincón y ahora se dispone a abrir franquicias en Miami y en Ecuador.

Danaranjo.

Después de ser uno de los negocios más importantes del país en el segmento de las grandes papelerías, Danaranjo se acogió a la Ley 550 en el año 2000 presionada por los problemas familiares.

Esta compañía, fundada por David Naranjo, un hombre nacido en Calarcá (Quindío), quien luego se casó con Inés Naranjo, enfrentó los momentos más difíciles luego de la muerte de su fundador.

A los Naranjo el destino les jugó una mala pasada. De los seis hijos que dejó don David, sólo José David, Mauricio y Julián conocían del negocio, pero los tres murieron en diversas circunstancias, poco antes de que muriera su padre en 1993.

Sus otros hijos, María Antonieta, Francia Inés y Henry se quedaron al frente del negocio, mientras doña Inés (la esposa) prefirió mantenerse alejada. En los primeros tres años después de la muerte de don David, las relaciones como hermanos y como accionistas siguieron sin mayores tropiezos. Sin embargo, a partir de 1996, la familia dejó de coincidir sobre el manejo de la compañía. La empresa comenzó a decaer, poco a poco se fueron vendiendo las papelerías y la empresa entró en una profunda crisis económica, de la que hasta ahora comienza a recuperarse.

Surtidora de Aves.

Los hermanos Manuel Cimadevilla y Saturnino Cimadevilla, de origen español, fundaron en 1954 la Surtidora de Aves para la venta de pollo crudo. En 1957 abrieron su primer establecimiento para la comercialización de pollo asado y comenzaron su época de expansión. Al negocio se unió Primo González, el esposo de Adelia Cimadevilla, una de las hijas de don Manuel y poco a poco, la empresa se convirtió en el emporio familiar de los Cimadevilla y de los González.

En 1984, cuando muere Manuel Cimadevilla, se crea la sociedad Surtidora de Aves Intermedia Limitada, de la cual hace parte toda la familia. A mediados de los años 90 ya había unos 600 negocios que intentaban copiar la marca de Surtidora de Aves, y comenzó a sortear todo tipo de inconvenientes. Tuvo que cambiar la razón social por Surtidora de Aves Compañía del Sabor y a este problema se sumaron las diferencias entre las dos familias.

En enero del 2000, los Cimadevilla y los González deciden iniciar el proceso de división de activos. El 31 de agosto del 2002 separan operaciones y el primero de diciembre de 2002 separan las marcas. El Grupo González se quedó con la razón social Surtidora de Aves y el de los Cimadevilla con la Compañía del Sabor.

Para tener en cuenta.

Alberto Toro González, directivo de la firma Portafolio Financiero S.A., una empresa de familia que está en su segunda generación, dice que uno de los aspectos que se deben tener en cuenta para proteger las empresas es establecer un protocolo de familia con reglas de juego claras.

Recomienda vincular en la junta directiva personas externas a la familia y confiar la contabilidad y la revisoría fiscal de la empresa a firmas especializadas en el tema.

Juan Fernando Mazo, gerente Comercial de Ceipa, una empresa familiar creada en Medellín para orientar a las empresas de familia en este tema, añade que en los negocios hay que dejar todo por escrito, pues si bien las empresas inician con la idea de dos o tres hermanos, muchas veces pasan por alto que no siempre ellos estarán al frente del negocio y de ahí la necesidad de que prime el interés general sobre el particular.

El superintendente de Sociedades, Rodolfo Danies, llama la atención en que la mayoría de los casos que han llegado a la Superintendencia en busca de una solución se dan por el manejo del poder, pues no es fácil decidir quién toma las decisiones, una vez fallecen los fundadores. El segundo factor de distanciamiento se presenta por la distribución de los excedentes.

Una de las recomendaciones que hace el Superintendente de Sociedades es que una vez iniciado el proceso y suscrito el protocolo de familia, donde se establece la forma de participación de los familiares en el negocio, la filosofía para la toma decisiones, y las condiciones para la inclusión de nuevos miembros, se establezcan cláusulas para sancionar a quienes violen los acuerdos del protocolo.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
20 de marzo de 2005
Autor
Adriana Camargo Gantiva Redactora de EL TIEMPO

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