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LA LEYENDA DE LA PIEDRA DEL MUERTO

Dicen que hace muchos años, cuando las laderas del sur de Bogotá estaban lejos de convertirse en el hervidero urbano que ahora es Ciudad Bolívar, y el paisaje no tenía más que ovejas en pastoreo y distantes casitas de vereda, un niño rebelde levantó la mano contra su madre porque no le quiso dar una moneda y luego salió corriendo. Ella, en medio de la ira del momento, lanzó sobre la criatura una sentencia: en piedra te habrás de convertir . Dicen que el muchachito tropezó y rodó a botes hasta parar muy cerca de una quebrada, donde quedó petrificado para siempre.

Dicen que hace muchos años, cuando las laderas del sur de Bogotá estaban lejos de convertirse en el hervidero urbano que ahora es Ciudad Bolívar, y el paisaje no tenía más que ovejas en pastoreo y distantes casitas de vereda, un niño rebelde levantó la mano contra su madre porque no le quiso dar una moneda y luego salió corriendo. Ella, en medio de la ira del momento, lanzó sobre la criatura una sentencia: "en piedra te habrás de convertir". Dicen que el muchachito tropezó y rodó a botes hasta parar muy cerca de una quebrada, donde quedó petrificado para siempre.

Desde entonces, la leyenda se ha regado por los entreveros de la imaginería popular, matizada según la época y la persona que, al contarla una vez más, le agrega un nuevo elemento, en la cadena de la tradición oral que hoy reúne los inventos creados en torno a La Piedra del Muerto, tal como se conoce este lugar ubicado entre el barrio Capri y el sector de Vista Hermosa, a donde se llega tomando la vía que conduce a El Paraíso y El Edén, sitios que se distinguen por sus necesidades terrenales.

A la piedra puede encontrársele forma de hombre acostado, con los brazos puestos sobre su vientre. Algunos afirman que ha crecido a través de los años. "Cuando llegué al barrio Capri, hace 32 años, esa piedra era mucho más pequeña y la gente llegaba a este sitio para pedirle por empleo, por un familiar desaparecido, y hasta colocaban sobre ella a los niños o los animales enfermos, con la esperanza de que se curaran", sostiene Clara Inés Palacios, una mujer que tiene su casa justo frente al sitio.

En 1985 la Defensa Civil levantó un pequeño altar y llevó una imagen del Divino Niño, encerrada en urna de metal, y dispuso una alcancía asegurada con un candado que desde entonces no se abre. La comunidad pensó hacer un sitio de peregrinaje, "pero los pecados del desacuerdo y la corrupción echaron todo a perder", agrega doña Clara.

Muchos rezan porque en los inviernos no se crezca ese arrollo que pasa por allí, y que lleva el mismo nombre de La Piedra del Muerto, pues entonces puede caer con fuerza de avalancha -como sucedió el año pasado-, sobre los barrios Juan Pablo II y Florida, entre otros ubicados más abajo, donde algunas calles siempre tienen bultos de arena como una contra para evitar la inundación. "Menos mal que hace unos años el Distrito nos hizo el milagro de canalizar la quebrada y este peligro es menor", agregan algunos.

Los vecinos cuentan que cierto día unos muchachos hicieron una apuesta para demostrar que la piedra se podía hacer pedazos con tacos de pólvora, pero en el intento salieron volando. Dicen que las esposas llevan allí a sus maridos cuando sospechan de infidelidad, porque sobre la piedra quedan tullidos. Dicen que aún con las flores y los palitos en cruz que los creyentes dejan con peticiones secretas, el sitio también es de noche un atracadero, y dicen que a pesar del abandono, cada Semana Santa le devuelve sus aires de altar callejero, para después quedar de nuevo en el olvido.

FOTOS:.

Varias generaciones de bogotanos, habitantes del sur, han crecido escuchando historias sobre la Piedra del.

Los mas creyentes dejan flores y palitos de cruz, para hacer peticiones secretas al espiritu del nino muerto.

Muerto.

John W. Vizcaíno / EL TIEMPO

Publicación
eltiempo.com
Sección
Bogotá
Fecha de publicación
22 de marzo de 2005
Autor
GERMAN GELVEZ Redactor de EL TIEMPO

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