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CURIOSA REACCIÓN DE LOS NIÑOS FRENTE A LOS BONOS

Los niños callejeros de Bogotá tuvieron ayer variadas reacciones frente a los bonos del programa organizado por la Presidencia de la República y el Distrito, que busca erradicar la mendicidad y la explotación de menores indigentes. Mientras algunos, sobre todo los llamados gamines, mostraron desconfianza y declararon que esto no nos sirve para nada , otros acudieron por sí mismos a las cadenas de almacenes a comprar bonos, con el ánimo de comprobar por sí mismos la relidad del plan.

Entre las objeciones que los desconfiados expusieron estuvo la de que no saben leer, y por consiguiente no pueden comprender que les están ofreciendo a cambio de las monedas que los transeúntes solían darles.

Luego de dos días de vigencia del plan, ayer sólo habían llegado al medio día tres niños al centro de recepción.

Entre la desconfianza y la ilusión Cambiar la limosna por bonos significa cambiar de mentalidad, porque no es fácil para un ciudadano común y corriente entregar un papel que para un niño de la calle no tiene ningún valor y con el que se pueden despertar instintos de agradecimiento o de agresión; tampoco es fácil para esos niños, observar que las personas que antes les daban una moneda ahora les entregan un papel que en ocasiones ni siquiera logran entender, porque no saben leer.

Albei, por ejemplo, es un niño de la calle acostumbrado a pedir limosna y que no acepta los nuevos bonos. Ese papel no me sirve para nada porque no puedo comprarme lo que quiero , dijo cuando EL TIEMPO intentó regalarle uno.

Lleva más de tres años viviendo en la calle y pide una monedita a los transeuntes para sobrevivir. Dejó su casa en Cartagena y desde que está en la ciudad ha convivido con otros gamines del parche del parque de Los Periodistas, en la avenida Jiménez con carrera 3a.

Para ese parche se necesitan como cien bonos dijo al taparse la cara con su chaqueta roja para evitar que le tomaran una fotografía. Pero yo no creó que los reciban, porque nosotros estamos contentos allá, aunque aguantemos frío por la noche .

Según Albei, ese papel como él lo llama no le sirve porque él no sabe leer y tampoco sabe llegar al centro de recepción de niños, ubicado en la calle 1a. con carrera 24. Yo sólo conozco este pedazo de Bogotá, si me voy por allá me pierdo .

De nada sirvió explicarle que allí le buscarían un lugar para vivir, donde tendría comida asegurada y hasta podrían encontrarle a sus padres, así estuvieran en Cartagena. Siempre se negó.

Al final, el pequeño continuó su marcha por la carrera 7a. Con su carita tapada siguió pidiendo limosna y se perdió entre la gente que desprevenida caminaba ignorándolo.

Tenemos que trabajar Otra historia es la de los niños que trabajan en la calle, aquellos que duermen en su casa, pero que se ven obligados a trabajar para ayudar a sus padres. No son tan reacios para recibir el bono, pero tampoco aseguran que vayan al centro de recepción, porque ir allí les representa tiempo y dinero, que perderían al dejar su labor.

En la calle 13 con carrera 6a. cuatro pequeños entre los nueve y los once años se dedican a limpiar los vidrios de los carros. Ellos tienen sus hogares en el barrio Egipto y van a la escuela, pero ahora que están en vacaciones deben trabajar para ayudar a su familia y también para no aburrirnos porque no tenemos nada qué hacer .

Con una sonrisa recibieron los bonos y aunque habían oido sobre el programa, no sabían a dónde tenían que ir y qué les iban a hacer.

Los cuatro chiquillos dijeron que irían hoy, porque no podían perder el trabajo que está muy bueno . Ellos ganan entre dos mil pesos o más por día limpiando parabrisas.

Jonh, Carlos, José y Juan se fueron. Mientras caminaban por la plazoleta del Rosario, leían y releían los papeles. Con una mano los guardaron en sus bolsillos y con la otra sacaron los trapos con los que limpian los vidrios y consiguen plata para su sostento.

Lo compré en una tienda Mientras eso pasaba en las calles, en el centro de recepción que dispuso el Departamento de Bienestar Social, nucleo del programa trazado por la primera dama, Ana Milena Muñoz de Gaviria y el Distrito Especial, se tejía otra historia. Un niño de diez años, que pidió omitir su nombre porque no quiero meter en problemas a mi mamá , llegó y pidió ayuda.

Nadie le dio el bono porque no pide limosna. Hace tres días dejó su casa pues, al parecer, lo maltrataban. Durmió dos noches en la calle y por esas cosas de la vida se enteró del nuevo programa de los bonos.

Ayer, muy temprano, fue a un almacén de cadena y compró uno. Yo tenía cien pesos y fuí al Tía y pedí uno, porque no quería volver a mi casa, pero tampoco quería seguir durmiendo en la calle .

El niño llegó a eso de la 1:45 p.m. al centro de recepción y sin pizca de timidez o temor preguntó en voz alta y mostrando el papel: esto para qué sirve? .

De inmediato el educador y la trabajadora social que se encontraban en el lugar salieron a atenderlo. Como era mediodía, lo primero que le ofrecieron fue almuerzo.

Entre soplo y sorbo contó su historia. Que vivía en el barrio San Jorge, que antes estudiaba en un colegio Militar, pero que no volvió porque como era de ricachones y yo era el pobre del paseo, me humillaban mucho y se burlaban por la cortada en mi cara y que su papá vivía en otra casa.

Su ilusión al llegar al centro de recepción era encontrar zapatos y ropa nueva y estaba dispuesto a dejarse internar en cualquier institución.

Mi mamá me decía que me iba a internar en un sitio donde me dieran palo y me levantaran a las cuatro de la mañana para lavar la ropa. Yo no quiero ir a un lugar así. Yo quiero un sitio donde pueda estudiar y no me digan caracortada .

Tanto el educador, Alvaro Castro, como la trabajadora social, Adriana Aldana, dijeron que al pequeño se le buscaría un lugar para vivir y estudiar y que de ser posible, se trataría de reubicar en su propio hogar.

Hasta ayer habían llegado al centro, tres niños. Los dos primeros aparecieron el martes en la tarde. Uno fue remitido a una institución privada y el otro decidió volver a la calle.

El centro tiene una capacidad para atender a 30 menores por día y en caso de que para un chiquilo no se consiga un sitio que lo reciba de inmediato, puede quedarse allí, pues hay cuatro camitas para pasar la noche.

Los niños que llegan al centro de recepción reciben comida, aseo y atención médica y sicológica. Luego, si no regresan a su hogar o prefierenvolver a la calle, los remiten a una de las 90 instituciones públicas o privadas en donde puedan rehabilitarse. De todas maneras, la esperanza está en que en poco tiempo los niños de la calle pidan un bono por amor de Dios , porque la limosna ya no viene en monedas.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
8 de julio de 1993
Autor
DEYANIRA TIBANA

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