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ASÍ RECLUTAN PREPAGOS EN COLEGIOS DE VILLAVICENCIO

Pese a lo novedoso que pueda parecer el negocio, las colegialas prepago aparecieron por primera vez en instituciones educativas de Villavicencio hace tres años simultáneamente con la llegada de cientos de planes de celular que hacía muy fácil tener uno.

Pese a lo novedoso que pueda parecer el negocio, las colegialas prepago aparecieron por primera vez en instituciones educativas de Villavicencio hace tres años simultáneamente con la llegada de cientos de planes de celular que hacía muy fácil tener uno.

Según los profesionales del Centro de Atención Integral al Menor Abusado Sexualmente (Caima) y los investigadores de la Unidad Humanitas de la Sijín, la masificación de este elemento de comunicación sirvió para que los proxenetas encontraran un nicho de mercado que hasta ese momento no había sido explotado y que aunque riesgoso, por involucrar menores de edad, tres años después sigue siendo rentable.

Ha crecido tanto el comercio de las prepago en Villavicencio que de acuerdo con los seguimientos que hacen las autoridades en la ciudad hay por lo menos 400 mujeres que se dedican a esta actividad, de las cuales entre 250 y 300 serían estudiantes de colegios públicos y privados. Esto quiere decir que la mayoría de este ilícito negocio se ha concentrado en las menores de edad entre los 12 y 17 años.

Según esas indagaciones, el modus operandi de los explotadores se ha basado en crear necesidades y dependencias en las alumnas.

Generalmente se les invita a tomar trago y a rumbas sanas , pero al poco tiempo se les induce al consumo de sustancias que crean dependencia como éxtasis o cocaína, incluso sin que ellas mismas se den cuenta. Vender su cuerpo se convierte en la única forma de comprar las pastas: "La labor se hace por unos tres meses y es cuestión de paciencia antes de que la niña pida trago o drogas. Es importante decir que esto se está dando en todos los estratos sociales de Villavicencio", comentó un agente de la Sijín.

El proxeneta recibe así dinero de tres fuentes: Por conseguir clientes para sus niñas, del dueño del bar que le da porcentaje del trago que se vende cuando las lleva para el encuentro con el cliente, y el que obtiene por venderle la droga a la menor.

"Quienes conocen el negocio saben que en los colegios hay muchas niñas vulnerables a la explotación sexual por su situación familiar o económica o porque sencillamente quieren comprar cosas que de otra forma no podrían obtener. Allí los proxenetas decidieron entrar y hoy han invadido muchas aulas de colegios públicos y privados", dice Luz Edith Marulanda, sicóloga del Caima.

Según los investigadores que están tras las redes dedicadas a este comercio ilegal con menores de edad, en principio los acercamientos se hicieron a través de las mismas compañeras del salón: "Son jóvenes igual a las alumnas que no les da pena hablar y ofrecer el negocio de manera discreta, presentándolo como algo natural y por supuesto muy lucrativo. Es una labor de mucha paciencia pero que si logra convencer a una ya ha ganado mucho", dice el detective.

Es la hora de los descansos o a la salida de las clases donde se hacen los primeros contactos y labores de convencimiento. Algunos haciéndose pasar por vendedores de helados o dulces, se vuelven amigos de las alumnas.

La clave, agrega la Sijín, es hacerles ver a las víctimas que no es un delito, que no estarán exhibiéndose en la calle y que muy difícilmente lo padres se darán cuenta porque siempre ocurre en horas de clase o durante supuestos trabajos en grupo.

"Nunca nos constó nada porque finalmente se retiró del curso. Tenía 15 años y cada vez que le timbraba el celular le pedía permiso a la profesora. No era todos los días, pero sí por lo menos tres veces a la semana. Lo que decía era que la mamá era enfermera y cuando la necesitaban de urgencia en la clínica, debía irse a cuidar los hermanitos. Plata nunca le hacía falta y era la que gastaba en el descanso", comenta una compañera de Karen*, una estudiante de décimo grado de un colegio privado.

RASTREO.

Los investigadores de la Sijín dicen que el rastreo y judicialización de este delito es muy complejo, pues la utilización de los celulares hace que se escabullan con facilidad los contactos y los clientes. "El avance de las tecnologías hace difícil localizarlos. A veces solicitamos a las empresas de comunicaciones mapas de las llamadas, pero la respuesta puede durar hasta tres meses. Cuando marcamos el celular, ya han cambiado de número", dijo el investigador.

Advirtió que, sin embargo, hay rastreos importantes y avances significativos para dar con las redes dedicadas al negocio. Pese a todo, este año se han capturado siete personas, tres de ellas por proxenetismo y otras por manejar negocios.

* Nombre cambiado para proteger identidad de la menor.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
10 de junio de 2005
Autor
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