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DRAMA EN CHIRCALES DE NEMOCÓN

José Riaño, un joven de 20 años de la vereda Patio Bonito de Nemocón, ha dedicado los últimos 7 años de su vida a cargar ladrillos.

José Riaño, un joven de 20 años de la vereda Patio Bonito de Nemocón, ha dedicado los últimos 7 años de su vida a cargar ladrillos.

Su misión, la misma que ha ejecutado desde que era un niño, es llevarlos hasta un horno de carbón donde se efectúa su cocción final antes de ser vendidos.

Al mejor estilo de un acróbata de circo que se juega la vida sobre una cuerda floja, José transporta los ladrillos en una carretilla que impulsa mientras camina sobre una delgada tabla de madera extendida a 2 metros del piso y cuyos extremos conectan el patio del chircal con la boca del horno.

Un esfuerzo que se prolonga por más de 11 horas diarias, oficio que además lo mantiene agripado por estar constantemente expuesto al polvo, al calor y al humo y que le deja un sueldo de algo más de 250 mil pesos mensuales.

El drama de José no es único. Como él, otras 4.500 personas que habitan en esta vereda se ganan la vida mientras trabajan en otros 400 chircales artesanales instalados en plena sabana central del departamento.

Los chircales de Patio Bonito, rodeados de fincas ganaderas y de cultivos agrícolas, rompen de un tajo el característico paisaje verde de la región y convierten la zona en un lugar erosionado e impregnado de gases tóxicos que se extienden hasta la carretera que une a Zipaquirá con Tausa.

El 90 por ciento de los trabajadores del sector, según datos consignados en la alcaldía del municipio, son oriundos de Jericó (Boyacá). Otros llegaron del sector de Tunjuelito, en Bogotá, ahuyentados por una decisión del DAMA, autoridad ambiental de la capital que ordenó el cierre de los chircales que funcionaban en ese sector de la ciudad. El 5 por ciento restante de los pobladores son de Nemocón.

De acuerdo con Sagrario Gómez, habitante del lugar y concejal de Nemocón, de los 4 mil 500 habitantes de Patio Bonito, 1.200 son menores de edad (cada familia tiene en promedio 5 o seis menores), de los cuales más del 40 por ciento, es decir cerca de 480, les ayudan a sus padres en los chircales. De ese total, y según un estudio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el 60 por ciento no reciben salarios, a pesar de que algunos trabajan algo más de 20 horas semanales. ( ver recuadro).

No es que estén obligados a trabajar, lo que sucede es que los pequeños terminan ayudándoles a sus familias por la necesidad de mano de obra , dijo Isaías Arguello, otro lugareño.

Utilidades irrisorias.

En Patio Bonito se producen, cada 45 días, cerca de 8 millones de ladrillos que se venden al mejor postor, a 70 o 100 pesos cada uno, y que según Gómez en ocasiones hay que regalar ante la ausencia de clientes.

Según Gómez, cada horno familiar produce 20 mil ladrillos en mes y medio, que les dejan a sus dueños entre 200 mil y 300 mil pesos de utilidades.

Pero estas ganancias irrisorias no son el único problema. A eso se suma que, según la Personería del municipio, en la vereda no hay alcantarillado. Por su parte, sus pobladores explicaron que el agua potable es surtida en un carrotanque, vehículo que llega a las viviendas cada 30 días en promedio.

Las aguas negras son recogidas en un pozo séptico que quedó mal construido y que se rebosa ante cualquier aguacero, las vías están en mal estado y el colegio apenas funciona porque le hacen falta profesores.

Otro lío para los habitantes son los constantes gases tóxicos a los que se ven expuestos por la producción de los ladrillos. Entre otras enfermedades potenciales a las que se enfrentan figuran neumonías y bronconeumonías, ya que la cocción de los ladrillos con carbón genera gases como el ácido sulfídrico y sulfatos, causantes de esas dolencias.

ESPERANZA DE VIDA.

En medio de las dificultades de Patio Bonito, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Asociación Cristiana de Jóvenes (ACJ) desarrollaron en el lugar durante el 2003 la primera fase de un programa de erradicación del trabajo infantil, el cual les permitió a las mujeres, que también se involucran eventualmente en las labores de los chircales, tener otras fuentes de ingresos.

El proyecto, según Claudia Robayo, una de sus gestoras e integrante de ACJ, se desarrolló en tres fases, las cuales incluyeron asesorías psicológicas, intrafamiliares y desarrollo de actividades artesanales con arcilla, al igual que la promoción de tejidos típicos de la región como el macramé.

De acuerdo con Robayo, la idea es continuar con el programa en el segundo semestre de este año, ya que dio, según ella, resultados positivos que permitieron rehabilitar a más de 150 niños trabajadores.

Sabemos que estos es apenas una semilla de progreso que sembramos en el lugar, pero todavía hacen falta muchos inconvenientes por resolver , explicó Robayo.

Por su parte, voceros de la CAR, autoridad ambiental del departamento, dijeron que próximamente entregarán un diagnóstico del sector a la Gobernación de Cundinamarca, el cual complementará un estudio elaborado por la secretaría de Medio Ambiente en 1997.

Explicaron que en su opinión la solución a la problemática de Patio Bonito no es una reubicación. Eso sería trasladar el problema de un lugar a otro .

Opinaron que los chircales tienen licencia de funcionamiento desde hace 10 años, pero que la ley 685 faculta a sus dueños a unirse y a crear microempresas para que el negocio sea más rentable.

Lo ideal es que los dueños de los chircales hicieran un trabajo sostenible, sería importante entregarles oportunidades de integración para desarrollar proyectos en conjunto, e incluso, ofrecerles alternativas de producción diferentes a las que actualmente desarrollan .

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
27 de marzo de 2004
Autor
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