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CONTRABANDO DE GASOLINA, NEGOCIO EXPLOSIVO

En un viejo taller de mecánica ubicado cerca al puente internacional Simón Bolívar, que une a Cúcuta con San Antonio (Venezuela) un puñado de mecánicos acondiciona vehículos para camuflar y transportar gasolina de contrabando desde la frontera hacia el interior del país.

A algunos carros les adaptan tanques adicionales en el baúl o en el motor. A otros, les levantan los asientos para esconder hasta seis bolsas de plástico muy resistente repletas con galones de gasolina. Así, los convierten en los llamados carros-vikingo .

Con sus carros transformados en verdaderas trampas mortales, los conductores salen del taller preparados para evadir los retenes policiales en las carreteras sin medir las consecuencias: el riesgo de estas bombas rodantes para ellos y para las vidas de miles de inocentes pasajeros que a diario atraviesan la frontera.

En lo que va corrido del año, el Cuerpo Voluntario de Bomberos (CVB) de Cúcuta ha atendido 20 emergencias por incendios de vehículos con consecuencias trágicas: nueve personas calcinadas, entre ellas una mujer en embarazo.

Uno de estos incendios se produjo luego de que una familia viajó rumbo a San Gil (Santander). El vehículo, un taxi Mawerick modelo 70, chocó contra un poste a la entrada de Cúcuta y explotó al instante. Era un carro-vikingo afirmaron los testigos.

La noticia conmocionó a la ciudad y, desde entonces, obligó a las autoridades en Norte de Santander a adelantar una campaña para sensibilizar a la ciudad sobre los riesgos de almacenar y transportar combustibles en vehículos particulares y de servicio público. Con ello se busca evitar que ocurran más tragedias como esta.

La gente no toma en cuenta las mínimas medidas de seguridad. Los que se dedican a ese trabajo son muy irresponsables. Llevan a los viajeros montados sobre bombas de tiempo. Es triste ver luego los cuerpos calcinados por el fuego , dice el teniente José David Monsalve, comandante de Bomberos.

Pero impedir más accidentes no es una tarea fácil para los organismos de socorro.

Aunque saben perfectamente que manipular el combustible de cualquier manera equivale a jugar con la muerte, unas 5 mil familias se dedican a ese oficio como único medio de subsistencia debido a los altos índices de desempleo en Cúcuta.

Creemos que la culpa de esa desorganización es del Gobierno. Nos piden dedicarnos a otra labor, pero no hay garantías de que nos dé el sustento diario. Si no se saca adelante el proyecto de importar legalmente gasolina de Venezuela, seguiremos en la marginalidad , advierte Francisco Arias, delegado de la Federación Colombiana de Distribuidores de Combustibles.

Arias reconoce, incluso, que miles de casas de pimpineros en el área metropolitana de Cúcuta son estaciones de gasolina artesanales. Muchas de ellas ubicadas a pocos metros de colegios e iglesias y otros centros urbanos con alto riesgo de estallar en cualquier momento.

Preocupado por la situación, el jefe de la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Erasmo Meoz de Cúcuta, Arturo Arias, recopila y enseña fotografías de pacientes que llegan al centro asistencial con la piel carcomida por las llamas.

Aquí nadie toma conciencia, ni parece importarle lo que está sucediendo. Las explosiones ocasionan quemaduras de tercer grado en un 70 por ciento de los cuerpos de las víctimas, lo que deja a las personas al borde de la muerte. He visto jóvenes que pierden los ojos, el cabello y algunos órganos vitales después de las explosiones , sostiene el especialista.

Paradójicamente, el Erasmo Meoz carece de un pabellón de quemados acorde con esta realidad que se vive en la frontera. Debido a ello, los heridos son atendidos en camillas de urgencias.

Miedo en los viajes Después de la tragedia de los nueve pasajeros calcinados, hace dos meses, ahora muchos les preguntan a los conductores si llevan gasolina camuflada en sus vehículos. Algunos lo niegan en el terminal de transportes, pero en el camino la Policía los detiene y les encuentra el combustible.

La vez pasada, al llegar a un retén en Berlín (Santander) un agente detuvo el carro. En el baúl hallaron encaletadas varias pimpinas de gasolina, fue un susto tremendo para nosotros -cuenta el estudiante Carlos Humberto Gómez-. He visto a algunos conductores que sobornan a los policías para que les dejen pasar el combustible , agrega el joven.

Y aunque los representantes de algunas empresas de transporte como Coopmotilon, Contranal y Cotaxi se reunieron esta semana con sus conductores para pedirles que se abstengan de llevar gasolina de contrabando, este contrabando está aún lejos de controlarse. Nosotros, como gerentes, les recomendamos, pero no podemos ejercer completamente un control en el tema , expresó un vocero de Cotaxi.

Un taxista argumentó que se ve obligado a llevar gasolina porque el transporte exclusivo de pasajeros entre Cúcuta y Bucaramanga no es lo suficientemente rentable para su bolsillo. Muchas veces solo salen dos o tres personas y hay que pagar peajes y permisos en los terminales, sin contar el consumo de gasolina. Así no se puede , manifestó.

Por Norte de Santander, según la Asociación Colombiana de Petróleos (ACP), entran ilegalmente 18 mil barriles de gasolina todos los días. Cerca de 12 mil se envían a diferentes destinos de Colombia en unos 2.000 vehículos.

Según la Policía, el contrabando está en poder de paramilitares y bandas de delincuencia común. Y el negocio es redondo por la diferencia de precios. Mientras un galón cuesta cerca de 5 mil pesos en una estación colombiana, en San Cristóbal (Venezuela), a 40 minutos de Cúcuta, apenas cobran 400 pesos.

Por eso, el flagelo crece con el paso de los años. La Dian reportó que este año aumentaron los decomisos de combustible con respecto al 2003. De enero a octubre del 2004, la entidad realizó 645 operativos e incautó 367 mil galones avaluados en 440 millones de pesos. El año pasado, en el mismo periodo, recuperaron 294 mil galones.

Tenemos identificadas unas 90 trochas en el eje fronterizo San Antonio y Ureña (municipios del estado Táchira) por donde las personas transportan clandestinamente el combustible hasta Cúcuta , señala el director seccional de la Dian, Edgar Alvarado.

También diariamente, por el caudal del río Táchira, usando improvisados puentes de madera, los maleteros lucen como hormigas trabajadoras. Se les ve, a lo lejos, bajo el sol, cargando sobre sus espaldas toda clase de productos de contrabando, entre ellos pimpinas repletas de gasolina.

Una vez logran atravesar las aguas, muchos de ellos llevan el combustible a las casas de los dueños de las maletas para reclamar propinas y otros, en cambio, lo venden en las aceras de esta ciudad para ganarse algunos pesos.

Es el reflejo de un fenómeno social que involucra a maleteros , conductores y pasajeros en el que ellos mismos, quizás sin saberlo, se convierten en víctimas de un ingenio mortal.

FOTO/Obando - Completamente calcinado quedó este taxi tras explotar luego de estrellarse contra un poste. Sus nueve ocupantes fallecieron.

- Algunas viviendas de pimpineros han quedado en ruinas por accidentes producidos por la gasolina de contrabando.

- Los pimpineros alistan cientos de canecas con combustible de contrabando que venden en las calles del área metropolitana de Cúcuta.

- En bicicleta o por río, los maleteros ingresan al país la gasolina desde municipios fronterizos de Venezuela.

- Algunos vehículos adaptados con tanques adicionales (como el de la foto) se convierten en trampas mortales para los pasajeros.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
14 de noviembre de 2004
Autor
YESID LANCHEROS Corresponsal de EL TIEMPO

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