TYLENOL ENVENENADO CLAVE 1982

TYLENOL ENVENENADO CLAVE 1982

Mary Kellerman, una niña de doce años, fue la primera víctima. En la mañana del miércoles 29 de septiembre presentaba los malestares propios de una fuerte gripa. Sus padres le proporcionaron la más popular de las drogas analgésicas, el Tylenol. A las siete de la mañana, su cuerpo fue descubierto sobre el piso del baño. Tres horas más tarde murió en un hospital de Chicago.

20 de septiembre de 1991, 05:00 am

Ese mismo día, algunos miembros de la familia Janus, habitantes de un suburbio cercano, amanecieron resfriados. Tres de ellos ingirieron cápsulas de Tylenol, del mismo frasco, y murieron en el lapso de pocos minutos.

El teniente Capitelli, del Cuerpo de Bomberos, estaba pendiente de los informes rutinarios emitidos por los servicios paramédicos de Chicago, cuando escuchó la descripción de los síntomas que presentaban los tres Janus. En ese instante estableció una sospechosa conexión con los detalles que sobre la muerte de la niña había escuchado dos horas antes... el Tylenol aparecía como denominador común en las cuatro muertes.

Al día siguiente, jueves, la sospecha del teniente Capitelli estaba confirmada; las cápsulas de Tylenol no contenían el analgésico tradicional, su contenido había sido criminalmente sustituido por cianuro.

Pero era algo tarde, siete víctimas había cobrado el paranoico asesino.

La alarma se expandió por todo Chicago. Se trataba de establecer cuáles de los 264.000 frascos de Tylenol, colocados en las estanterías de miles de expendios, pudieran estar envenenados.

Esa misma tarde, se localizaron las cinco farmacias en donde las víctimas habían adquirido los analgésicos. Un nuevo frasco apareció.

La noticia causó pánico en todo el mundo. El Tylenol fue retirado de las estanterías en Filipinas, Corea del Sur, Gran Bretaña, Noruega e Italia.

Para aumentar el caos, la publicidad del hecho estimuló la aparición de otros sicópatas, que contribuyeron al pánico nacional.

El martes 5 de octubre otro frasco de Tylenol envenenado fue descubierto, esta vez en California. El veneno era diferente, se trataba de estricnina.

Seís días más tarde, la fiebre asesina reapareció en el estado de Colorado. Un hombre resultó seriamente lesionado al aplicarse gotas para los ojos. El colirio había sido sustituido por ácido de batería.

Al terminar esa misma semana, en Clearwater, estado de Florida, un turista resultó con graves quemaduras en la garganta al utilizar un enjuague bucal, que había sido reemplazado por ácido clorhídrico.

El 13 de octubre se iluminó un pequeño rayo de esperanza. La compañia Johnson & Johnson, productora del Tylenol, recibió en sus oficinas una carta, remitida desde Nueva York. Un extorsionista pedía un millón de dólares, que debían ser consignados en una cuenta bancaria de Chicago, bajo la amenaza de continuar con los atentados, si su petición no era satisfecha.

Cien agentes del FBI, con el refuerzo de otros cien agentes de la Policía local de Nueva York, fueron movilizados de urgencia con el propósito de localizar al extorsionista, confundido entre doce millones de habitantes de la inmensa ciudad. El 20 de octubre, James Lewis, un hombre con antecedentes criminales fue capturado. Sus huellas coincidían con las que aparecían en la carta. Pese a los esfuerzos investigativos, jamás se le pudieron probar los cargos de asesinato.

Un mes más tarde, en la noche del domingo 31 de octubre, millones de niños vieron frustrada, por primera vez, la tradicional celebración del Halloween. La paranoia dominaba a los estadounidenses. Ninguno quería correr el riesgo de que sus hijos resultaran envenenados por recibir dulces de extraños.

El periódico New York Times calculó que ese día las ventas de dulces descendieron en un 50% en todo el territorio de la Unión Americana, en comparación con las cifras del año anterior.

A fines de diciembre se diluyó la angustia colectiva. Pero de este Octubre negro jamás se olvidarán ni los fabricantes del Tylenol, que perdieron cerca de 100 millones de dólares, ni los cien millones de niños de Estados Unidos que, por primera vez en la historia, se quedaron sin dulces, la Noche de las Brujas .

Dolor de cabeza?