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MI HERMANO EL ALCALDE

Perdido en las montañas de Antioquia hay un pueblo que se llama Támesis, como el río de Londres. Sí, como el río, pero en bonito.

Perdido en las montañas de Antioquia hay un pueblo que se llama Támesis, como el río de Londres. Sí, como el río, pero en bonito.

El río, si les digo la verdad y bien que lo conozco, se me hace triste y monótono, lento, fatigado, sin ganas de vivir, como si arrastrara por la inercia de las edades sus cansadas aguas. El pueblo, en cambio, es alegre y parrandero. Nació ayer y aún no ha perdido la fe ni la esperanza. Haga de cuenta un muchacho de dieciocho años sin pasado atrás que le pese y con un futuro abierto por delante del tamaño de ese panorama de montañas que se explaya desde la terraza de la finca nuestra La Cascada abarcando a Antioquia. Vaya a ver y verá. Lo invito. Con todo y suegra y sus amigos y los amigos de sus amigos y todo el barrio y la parentela a beber aguardiente gratis de cuenta mía y a constatar: la mirada se va como un gavilán, volando, volando sobre el paisaje esplendoroso desflecando nubes.

- Y a cuánto queda esa maravilla del pueblo?.

-En carro a cinco kilómetros y a caballo a una legua.

-Ah, entonces me voy a caballo que es más bonito y me queda más cerca.

-Sí, a caballo pero a trote lento no lo vaya a tumbar la bestia y después me lo pisa un carro.

-No, Dios libre y guarde. Yo me voy despacito.

-Si usted viene del pueblo, baja; si va al pueblo, sube. Porque esto es así, no hay bajada sin subida y al que quiera que le cueste.

- Claro! Que se jodan.

En pendiente, ascendiendo rumbo al pueblo, rumbo al cielo, va la carretera de La Cascada a Támesis entre una nube de polvo pues se les olvidó asfaltarla desde que la hicieron hace cincuenta años, y así cada vez que pasa un carro se levanta un polvaderón!.

Con dos o tres que pasen en una hora las casas de la orilla quedan bajo un mar de polvo que lo cubre todo: el fogón de la cocina, la mesa del comedor, las sillas del corredor, las camas de los cuartos, las bacinicas de las camas, y hasta el Corazón de Jesús que mantenemos entronizado en la sala con veladora prendida día y noche a ver si nos ganamos la lotería. Bueno, quedan no: quedaban, porque con el nuevo alcalde el problema se acabó: asfaltó la carretera y adiós polvo, asunto finiquitado.

Antes de él cada vez que pasaba un carro de las casas de la orilla tenían que salir las mamás o las hijas grandes a mojar la carretera a baldados de agua para bajarle la arrechera al polvo. Que se asentaba, sí, pero por un rato, hasta que pasaba otro carro y vuelta a lo mismo, a echar más agua y a bolear las tetas! Y por qué, preguntará usted, no la regaban con manguera que es más fácil? Ay por Dios, no sea ingenuo, cuál manguera!.

-Si Támesis era tan pobre y tan corto de luces que allá no había mangueras! Y así queda contestada de paso la pregunta capciosa de por qué no asfaltaba cada quien su tramo de carretera para que los carros no le empolvaran la casa. Tuvieron que pasar cincuenta años hasta que llegó un alcalde despabilado a terminar la obra. Cuántos joules, pregunto yo, que es en lo que se mide la energía, u horas-hombre (o si prefieren horas-mujer) le economizó a Támesis el nuevo alcalde con la asfaltada de la carretera? A ver, digan una cifra y se quedan cortos. Y por qué no la habían asfaltado antes los anteriores alcaldes? Por qué iba a ser! Por malos, por ineptos, por desidiosos. Porque el funcionario colombiano no raja ni presta el hacha, no hace ni deja hacer. Ah, pero eso sí, cuando agarra la teta no la suelta. Es más fácil zafar una ventosa de una barriga preñada o una sanguijuela de una pierna.

Y se puede saber el nombre del nuevo alcalde?.

Valiente pregunta la suya, todo el mundo lo sabe: Carlos, mi hermano, el non plus ultra, el más verraco: Carlos I de Támesis que no tendrá segundo y quien cuando sale en su parihuela bajo palio bendice a la multitud.

Por la plaza principal y sus calles aledañas sale el flamante alcalde llevado en andas por cuatro hermosos muchachos que en la parihuela lo portan y con un palio lo protegen del sol. La parihuela la sacó de La Cascada, y el palio es el de la Virgen Dolorosa, la de la procesión del Santo Sepulcro el viernes santo, y se lo presta el cura, el padre Sánchez, su mancuerna: el mejor párroco que ha tenido Támesis en sus ciento cincuenta años así como Carlos ha sido el mejor alcalde. Va pues mi hermano en andas sobre mullidos cojines, más estolas, sobrepellices y brocados que también le presta el cura, bamboleado por sus mancebos entre oros y púrpuras mientras bendice a la multitud:.

-In nomine Patris et Filii et Spiritu Sancti. Gratia vobis et pax a Deo Patre nostro, populus tamesinus, dissolutus, formidolosus, sordidus, infidus, perfidus, sporcus, nefarius. Urbs sicariorum, putrida et putrefacta, Dominus vobiscum!.

Es que Carlos se expresa en un latín hermosísimo que aprendió en el seminario de La Ceja con los salesianos. Allí, en ese seminario de ese pueblo frío fue donde agarró la costumbre de abrir sotanas ajenas: botón por botón las iba abriendo como quien desgrana avemarías de un rosario. Los misterios que vamos a contemplar hoy son cuáles, Carlos, a ver? Suelto al mundo exterior y a la permisividad de la vida laica, de las sotanas Carlos pasó a las braguetas de botón, que eran las que se estilaban antes. Pero la humanidad, ay, que es novelera y con tal de cambiar todo lo daña, cambió los turbadores botones por una cremallera, y así la cosa es otra cosa. Bragueta de cierre apurado no aumenta el incendio del alma.

Pero volvamos a Támesis. Perdido en las montañas que les digo, ay tan lejos de aquí, bajo un cielo de azul desvaído cuando no cargado de nubes que se sueltan en lluvia mojando a los gavilanes, en un terraplén abierto a pico y pala en plena falda se alza Támesis, orgullo de Antioquia.

Pueblo más bello no conozco, y miren que he viajado, he estado hasta en Kirgidstán. Y con una vocación para la felicidad! Allá todos quieren ser felices. El problema es que la felicidad de los unos choca con la felicidad de los otros, hacen cortocircuito y se arma el pleito.

A Támesis lo conocí de niño, a los siete años. Quiero decir, siete míos y setenta de él pues él ya era un pueblo como soy yo ahora, setentano. Ah, cómo junta el tiempo con su transcurrir a los niños con los viejos! Cómo se nos va la vida, tan sin darnos cuenta, tan callando! Niños éramos Darío, Aníbal y yo. Darío y Aníbal, mis dos primeros hermanos. Después tuve otros, una veintena, pero el que aquí cuenta es el quinto, Carlos, que es el que sigue a Silvio, que es el que sigue a Aníbal, que es el que sigue a Darío, que es el que me sigue a mí. O mejor dicho me seguían pues ya todos emprendieron el camino de bajada al cementerio. Ahora juegan béisbol con las tibias y las calaveras en los campos de la muerte. A Carlos lo vi nacer. O casi. Lo conocí acabado de salir del claustro materno: exortus utero como diría él.

A levantarse, niños dijo papi despertándonos, que les nació otro hermanito!.

Refregándonos los ojos para salir del sueño nos levantamos y como zombis fuimos a ver. Ahí, en el cuarto matrimonial, bajo las miradas beatíficas de la mamá y el médico, sobre la amplia cama del sanctasanctórum estaba Carlos recién nacido pataleando en sábanas blancas.

Mírenlo! dijo papi mostrándonoslo, más orgulloso de su quinto vástago que ni que acabara de componer la Novena Sinfonía.

-. No es hermoso?.

- Lo podemos tocar?.

- Claro, tóquenlo!.

Lo tocamos y se sonrió. Luego, sin decir agua va, se soltó en un berrinche de padre y señor mío que nos puso los pelos de punta. Qué iracundia, qué furor! Berrinche más desquiciado no he conocido y tuve veinte hermanos sin contar las mujeres ni los niños. Carlos acababa de tomar posesión de la tierra. Y pensar que ese niñito que salió de ahí iba a ser el alcalde de Támesis! Quién lo iba a decir! La vida nos depara tales cosasNo había sin embargo en esa casa, en esa fecha, astrónomo que consignara el prodigio y nos leyera las estrellas.

La carrera rumbo a la alcaldía de Támesis fue fulgurante. No digo que meteórica porque el meteoro cae y Carlos fue siempre para arriba, subiendo, ascendiendo, encumbrándose. Jurisconsulto de la Universidad de Antioquia con posgrado en la Universidad de Medellín y doctorados honoris causa de las Pontificias Universidades Javeriana y Bolivariana, Carlos fue inspector de policía en un barrio, primer secretario de la Embajada Colombiana en Madrid, y tuvo el gran honor de hablar ante la fao donde dijo:mucha hambre en el mundo Con la plata que juntó en Madrid más unos costalados de harina que le regalaron en la fao se compró en Támesis, y en las vecindades de la finca nuestra La Cascada, una finca que bautizó La Floresta, en una loma conocida como El Hacha, muy nombrada porque ahí se apareció una noche de fiesta ante los vecinos congregados el padre Orozco, uno de los primeros párrocos de Támesis, de hace cien años y ya canonizado, para decirnos a todos, entre fuegos fatuos:.

-Me enterraron vivo, hijueputas.

Eso, Carlos, es lo que hiciste tú al volverte de Madrid por nostalgia y enterrarte en ese pueblo de comemierdas llamado Támesis y en esa vereda de muertos de hambre llamada El Hacha.por si no lo sabe, en Colombia quiere decir caserío y antes las había de dos únicos tipos: conservadoras o liberales. Ahora están todas mezcladas. Hoy los liberales votan por los conservadores y mañana los conservadores votamos por los liberales. Nos hemos modernizado mucho, entramos a la era de la promiscuidad política. Todo cambia. Ya no hay misa en latín, se celebra en vernáculo. En este mundo sidoso de costumbres relajadas, un día Carlos amaneció postrado: con diarrea y calentura, inapetente, delirante, estuporoso, nada se le antojaba. Un caldito de pollo? No. Una sopita de verduras? Tampoco. Carnita de res deshebrada? Ni contestaba. Me acerqué a su cama, le toqué la frente y ardía en fiebre.

-Carlos, tenés que comer. Lo que sea. No se te antoja un muchacho?.

Una chispita le brilló en los ojos pero se apagó al instante. O sea, la cosa era grave, se nos iba a morir el hermano. Qué tendría? Sida? Ese era el terror de sus terrores. Como en Madrid había visto morir de eso a tantosMandamos de urgencia al pueblo por la doctora Rosa Luz Alegría, una infectóloga muy buena que le quitaba a Carlos los muchachos pero que lo quería mucho y se vino a caballo volando. En el término de la distancia se presentó.

-A ver, a ver, a ver, qué tendrá el enfermito?.

Y se enchufó el esfingomanómetro.

-Shhhh...Dejen oír. Y tras una pausa expectante:.

-Bien del corazón.

Luego le tomó el pulso y lo mismo:.

-Magnífico.

Luego la temperatura. Y nosotros, nerviosos:.

- Qué tal? Muy elevada?.

-Sí, un poquito, cuarenta y cinco.

- Cuarenta y cinco grados centígrados?.

-Sí, pero ella cede. Va a bajar. Ha andado muy parranderito últimamente el muchacho?.

Y Memo, compungido y cabizbajo:.

-Como siempre, doctora.

Lo examinó por arriba, por abajo, por fuera, por dentroY tras el concienzudo examen, guardándose el esfingomanómetro, en nuestro silencio expectante diagnosticó:.

- Qué sida va a ser, es dengue!.

- Ahhhh! exclamamos todos con alivio.

Bendito sea mi Dios. Gracias, doctora, le quedamos eternamente agradecidos, usted lo salvó.

Pues bien, ese dengue que le encendía a Carlos la cabeza y lo ponía a delirar fue el causante de su desvarío: no bien salió la doctora se le metió en la cabeza que quería ser alcalde de Támesis y que lo teníamos que apoyar. Que Manuel con el plan de desarrollo urbano, que Julio con el forestal, que Antonio con la logística, que Luis con lo de educación y salud, que Gloria organizándole la banda de música, que John impartiéndoles seminarios de ética a los funcionarios públicos, que Aníbal montándole una protectora de animales, que Marta en restauración y mantenimiento del patrimonio cultural, que yo mandándole desde México por e-mail citas para sus discursosY así, función gratuita para cada uno de los veinte hermanos con extensión ad honorem a los cuñados y a las cuñadas.

- Pero cómo se te ocurre semejante locura! protestaba Gloria . Te va a matar la guerrilla.

-Y si no te mata la guerrilla, te matan los paramilitares- sentenciaba Antonio.

-Y si no te matan los paramilitares -arguía Julio- te mata lo que queda del cartel de Medellín.

Y lo uno arguía el uno y lo otro arguía el otro, todos tratando de disuadirlo. Como último recurso Manuel esgrimió este argumento que creía definitivo:.

-Si lo lográs, Carlos, y te hacés elegir, vas a dejar a Memo viudo.

-Que se quede- contestó.

Memo es el mozo de Carlos yen Colombia es amante: el que lo mantiene a uno o el que uno tiene que mantener, si bien en este matrimonio ambos cónyuges trabajan: Memo es dentista y Carlos alcalde. Porque del delirio de esa noche salió la alcaldía, que fue otro. Pero no anticipemos, vamos por partes, que primero es la campaña y luego las elecciones. Del sueño al hecho hay mucho trecho. Un candidato no es; un alcalde sí es.

Muchos se quedan en candidatos; a alcalde llegan pocos. Entre candidato y alcalde hay el abismo inmenso de las elecciones, que hay que costear, que hay que aguantar, que hay que ganar, ganándonos las voluntades de muchos y las enemistades de más.

En la balanza de las predilecciones en este platillo ponemos el amor y el afecto; en el otro el odio, el encono. Con esta mirada mía de águila que desde arriba lo abarca todo todo lo sé, todo lo veo. Aguila soy y cóndor de los Andes y gavilán pollero. Me encumbro, me precipito, voy y vengo a mi antojo, domino el paisaje. Corto el aire a machetazos diciendo zuas!.

- Y Memo? Qué decía el pobre de todo esto?.

Nada. Oír y callar. Uncidos al mismo yugo por la misma coyunda, la yunta de bueyes habría de arar el mismo erial. El mundo gira, el río fluye, el tiempo pasa, todo cambia y el espejismo de Támesis refulgía adelante entre brillos áureos.

Pues sí, la doctora Alegría estaba en lo cierto, su diagnóstico resultó acertado. Carlos no tenía sida sino dengue: el dengue del poder. Ese era el que lo estaba consumiendo por dentro y lo ponía a delirar. A la mañana siguiente se levantó más fresco que una lechuga y ya estaba en campaña: uno por uno nos fue convenciendo a todos. Me convenció a mí, convenció a Aníbal, convenció a Manuel, convenció a Gloria, convenció a Marta.

A Memo no lo tenía que convencer porque el uno pensaba por el otro. Dormían en la misma cama, comían en el mismo plato, soñaban los mismos sueños. Se amaban tantoPico aquí, pico allá, entre arrumacos de palomos. Unen Colombia es un beso. Y dos son dos. No se le olvide por si va y se los dan. Pero qué importa! Mejor un piquito en la boca que un machetazo en la cabeza! Picos iban, picos venían, entre aguardiente y aguardiente, porque borrachos ellosEl aguardiente les encendía el amor. Whisky no tomaban. Ni ron, ni vino, ni vodka. Por patriotismo acendrado sólo aguardiente. Las Rentas Departamentales de Antioquia, que son las que lo producen, los condecoraron con medalla, diploma y garrafón.

-Carlos le preguntaba Manuel tomándose con ellos el garrafón, y no se te antojan las viejas, que son tan buenas?.

Que no. Que era más fácil sacar al Cauca de su cauce fijo.

- Y qué importa! decía yo . Si no se les antoja, déjenlos que eso no le hace mal a nadie.

Y en agradecimiento me obligaban a tomar aguardiente con ellos. Yo no tomo, ni fumo, ni tengo vicios. O sí, el tango. Tengo una colección!.

- Y La Cascada de quién es, suya o de ellos?.

-Mía y de ellos, de los veinte hermanos, de todos nosotros.

-Pues hombre, una cascada partida entre veinte, en qué queda? En un chorrito.

- Qué va! Si a esa cascada le pusiéramos una hidroeléctrica abajo le sacaríamos chispas hasta pa Venezuela.

- Y por qué no la ponen entonces?.

-Es lo que piensa hacer el alcalde pero no en la cascada nuestra, que es privada, sino en el Río Frío, que es del pueblo: su megaproyecto eléctrico que será la obra de las obras de su alcaldía, la madre de todas las obras. Bandera de su campaña, elIntegrado de la Cuenca de Río Frío y del Distrito de Riego más grande del centro de Colombiase le ha convertido en la piedra angular de su gestión. En kilovatios cuánto es que vas a producir, Carlos?.

-Un millón de un billón de un trillón de trillones.

Ah.

-Támesis le va a vender electricidad a Ecuador, Perú, Venezuela, las Islas Caimán, Trinidad Tobago y las Antillas mayores y menores.

-Y a Guatemala.

-No, Memo, a Guatemala no porque Guatemala no paga. Guatemala está mal. Y Honduras peor. A ésos no les vendo.

- Y a Panamá?.

-Sí, mi negrito, a Panamá sí, en Panamá sí creo.

Sues Eufrasio, no Memo: un moreno de diecinueve años y ojos verdes, hermoso, apodado El Burro no sé por qué porque no es tan bruto.

-Eufrasio: cuánto son cinco más dos?.

-Siete.

- Y siete menos dos?.

-Dejame pensar a verCinco.

-Muy bien contestado, mi hijo: cinco.

Eufrasio estudia en el ita, Instituto Técnico Agrícola, en el que recibe formación académica orientada hacia el campo y la agroindustria.

-Así que vas a ser ingeniero agroindustrial, hombre Eufrasio.

-Exacto. Esa es la idea.

Tres veces ha repetido el segundo año de la carrera pero no porque sea tan burro sino porque es muy borracho. Gran tomador de aguardiente desde niño, hoy en día Eufrasio es una cuba. Carlos lo ama. Eufrasio no: ama el licor bendito que es maldito. Es una esponja: traga, traga, traga, no se sabe dónde le cabe. Por andar todo ventiado una noche en una moto que le compró Carlos casi se mata en el puente de La Pintada: se estrelló. El parapeto del puente le impidió que cayera al río, que si no, de ahí lo hubieran sacado días después sobreaguado con gallinazos encima. El Cauca no perdona. Es un río torrentoso, caudaloso, mentiroso. Más falso que el electorado de Támesis. Que es lo que siempre le dije a Carlos:.

-Cuidate, cuidate, cuidate.

Pero como no me quiso creerQue con su pan se lo coma.

La Cascada es un paraíso de cafetales, platanares, naranjales, limonares y le da nombre una cascada de tres caídas que esculpió Bernini. Imponente, hermosa. El agua se deshace en espuma y la espuma en copos de ilusión. Musgos crecen en sus orillas y matorrales, y bandadas de loros vienen de excursión cada tanto a conocerla. Pechiamarillos, mieleritos, azulejos, siriríes, barranqueros, garrapateros, cucaracheros, semilleros, caracaras, pichofués integran la banda Santa Cecilia del Cielo, una filarmónica de pájaros impresionistas, cromáticos, en colores alados.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
4 de abril de 2004
Autor
Fernando Vallejo

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