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EL NUEVO PAÍS YA TIENE MARCO POLÍTICO

Este jueves, si el computador lo quiere, Colombia tendrá una nueva Constitución. Con revolcón incluido? Por lo que se puede deducir de lo aprobado hasta ahora, la Constituyente sí creó un marco, unas reformas y unos instrumentos que van a transformar sustancialmente el quehacer político. Es, sobre todo, por esto que será recordada esta reforma; como lo es la del 36 por sus contenidos sociales y la de 1910 por asegurar los derechos de la oposición.

La primera gran consecuencia es el fin del esquema bipartidista que imperó durante los últimos 150 años. El nuevo escenario, en el cual esos liberales y conservadores seguirán desempeñando un gran papel, será más competido y con mayor equidad. Su actor principal será el ciudadano y las organizaciones sociales, gracias a un mayor número de espacios de participación representado en más elecciones y en posibilidad de plebiscitos.

Frente a él, el político nuevo tendrá que manejar programas concretos basados en realidades locales y nacionales. Así, las ideologías serán cada vez un referente más lejano en el discurso de partidos y dirigentes. A la política le llegó la hora del pragmatismo.

Las transformaciones políticas estarán presentes en cuatro áreas: Congreso, régimen electoral, partidos, y en lo que podría denominarse democracia participativa.

El Congreso estuvo en el corazón de la crisis que dio origen a la Constituyente. Su reforma se convirtió en el termómetro de la labor emprendida por la Asamblea. Se cumplieron las expectativas? Primera conclusión: el Congreso, como institución, ganó poder político. Su control sobre el ejecutivo aumentó al consagrarse la moción de censura a los ministros del Presidente. Esta es una figura típica de regímenes parlamentarios y no presidencialistas como el colombiano. A pesar de ello, es seguro que el Congreso será más consultado por el ejecutivo y mejor informado de las políticas gubernamentales. La moción de censura es una especie de espada de Damocles suspendida sobre el ejecutivo y no se descarta que sea usada para fines clientelistas. Adiós al nepotismo? El Congreso también controlará de manera concreta el estado sitio (ahora llamado estado de conmoción inte[qm]rior), ya que si el Gobierno quiere decretarlo por más de noventa días, deberá contar con concepto previo y favorable del Senado. El estado de sitio deja de ser así un instrumento de manejo exclusivo del ejecutivo como lo ha sido en las últimas cuatro décadas. El Congreso gana igualmente en iniciativa presupuestal.

Hay otra imagen que se impone de la actual reforma: la profesionalización del congresista, pues no podrá desempeñar cualquier cargo o empleo público o privado ni ser miembro de juntas o consejos directivos de entidades descentralizadas o de instituciones que administren tributos . No podrá ser sino congresista.

El desmonte de ciertos privilegios, que resultaban excesivos para la opinión, seguramente jugará en favor de una nueva imagen de los congresistas: los viajes al exterior salvo en cumplimiento de misiones específicas han sido suspendidos así como los suplentes de los congresistas.

Lo mismo ocurrió con los auxilios parlamentarios que eran distribuidos por miles de millones y cuya utilización se desvirtuó. Al nepotismo, tan clásico en nuestra clase política, se le pusieron serias talanqueras. El ausentismo, tan usual, fue reglamentado estableciéndose que quien falta a seis plenarias en las cuales se voten proyectos de ley o de reforma a la Constitución, perderá su investidura.

Los congresistas trabajarán, en cambio, más ya que el período de sesiones ordinarias fue ampliado en tres meses al año, sesionando de abril a junio y de mediados de julio a diciembre.

Más poder, más trabajo, más transparencia y más compromiso con los electores son los ejes del nuevo Congreso, cuyo origen e integración diferenciarán cada cámara mucho más que hoy. El Senado representará intereses nacionales y a él, seguramente, llegarán figuras de esa connotación, junto con voceros de sectores sociales y étnicos no afiliados a partidos o corrientes políticas .

Y esto por una razón: la circunscripción nacional. El precedente está a la vista con los indígenas y los evangélicos que sesionan en la Constituyente. La Cámara de Representantes recogerá las aspiraciones y problemas de tipo regional.

La democracia necesita, por otra parte, procedimientos y mecanismos para la elección de gobernantes y legisladores, que aseguren igualdad, eficiencia y transparencia. En ese sentido, la nueva carta contendrá cuatro elementos fundamentales: tarjetón, voto íntimo, financiación con recursos públicos a las campañas políticas y acceso a los medios estatales de información para todas las elecciones.

Son condiciones que cambian radicalmente la relación que el elector tiene con la política y el enfoque y el desarrollo de las campañas. La factibilidad de recurrir a la compra de votos será muy difícil aunque no hay que descartar los inventos de la malicia indígena . Sin embargo, el tarjetón sólo será distribuido en las mesas de votación, vendrá numerado, en papel de seguridad y será utilizado por el ciudadano en un cubículo que asegure la total independencia. Partidos: empresas políticas La utilización de la radio y la televisión, como tribuna política, tenderá a afirmarse cada día más. Los fabricadores de imagen y los creadores de lemas y discursos cortos tienen días de bonanza por delante.

El financiamiento parcial de las campañas por parte del Estado introduce un elemento a la vez clarificador y de equilibrio para la competencia política. Faltará ver en qué condiciones se realiza pero per se acaba con una distorsión que fue también argumento de la guerrilla, al considerar que solo quien dispusiera de grandes capitales podía pagarse una campaña adecuada.

El calendario electoral amarra este proceso: permite que una elección no distorsione los intereses de otras. Se votará, en efecto, por separado para Presidente y vicepresidente, para Congreso y para elecciones regionales (concejos y asambleas).

Esta claridad incidirá seguramente en la manera como partidos y candidatos presenten sus propuestas. Aquí se apunta más hacia lo que se podría llamar un voto programático que concuerda con el espíritu descentralizador presente en la reforma administrativa de la Constituyente. Esta realidad contribuye a que las regiones vayan adquiriendo, como se vislumbra desde la elección po[qm]pular de alcaldes, su mayoría de edad.

En el fondo, ciudadanos y regiones se moverán en un Estado que ofrece mayores espacios para ejercer la democracia participativa. Porque hay, en primera instancia, un mayor número de gobernantes elegidos por voto popular: al presidente, alcaldes, congresistas, diputados y concejales, se suman el vicepresidente y los gobernadores. Y también, porque la nueva Constitución contempla la posibilidad, a todos los niveles del poder ejecutivo (Presidente, gobernadores y alcaldes), de consultar a los ciudadanos sobre asuntos de interés común.

De igual manera, los mecanismos de la reforma de la Constitución fueron ampliados estableciéndose la posibilidad de una Asamblea Nacional Constituyente o un referéndum. Hasta hoy solo el Congreso podía hacerlo. Los ciudadanos tendrán, además, junto con los concejales y los diputados, la posibilidad de presentar proyectos de ley al Congreso nacional.

No hay duda de que este nuevo escenario político les plantea grandes retos de modernización a los partidos tradicionales. Tendrán que pasar de la me-[qm]cánica política a los grandes problemas que implica reinterpretar el país. Métodos de trabajo, organización interna, formación de líderes... sufrirán serias transformaciones. Los partidos, aun teniendo en su seno muchas tendencias, deberán pensarse más como grandes empresas que se preparan para la administración del poder (por eso en Europa se habla de gabinetes en la sombra) que en maquinarias que se ponen en marcha, únicamente, en el momento de las elecciones.

La llegada de nuevas fuerzas políticas los obligará a plantear soluciones concretas a problemas concretos. El ciudadano no será un voto potencial sino un interlocutor que podrá, si las promesas no se cumplen, sancionar al político, revocando su mandato o evitando así su ascenso o su reelección. La política volverá así por sus fueros de servicio público? Es una de las esperanzas que se puede abrigar.

Abrir el espectro significará también para los partidos tener que buscarse sus mediadores sociales. Los partidos no podrán ignorar la fuerza multiplicadora y movilizadora de los gremios, los sindicatos y las asociaciones sociales en general. Formación y especialización de cuadros serán algunas de las consecuencias más inmediatas.

Obviamente, esta nueva política necesitará, en el mejor de los casos, etapas de adecuación, reformas y ajustes y una pedagogía que puede ser lenta. Representa, no obstante, un marco institucional renovado para un país que no cabía en la antigua cultura política.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
30 de junio de 1991
Autor
RICARDO SANTAMARIA y JOSE HERNANDEZ

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