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PROTECCIÓN Y DESPROTECCIÓN DE RIESGOS

La celebrada conciliación de Telecom a propósito del ya fenecido contrato de riesgo compartido con una empresa multinacional no debiera inducir a cohonestar y repetir dicha clase de actos. Pues su engañoso nombre sirve para confundir la responsabilidad de las partes, más valdría llamarlos de riesgo protegido y así entendidos evitarlos o realizarlos a conciencia de su índole e implicaciones leoninas. En la práctica, parecen obedecer al aforismo de con cara gano yo, con sello pierde usted .

La celebrada conciliación de Telecom a propósito del ya fenecido contrato de riesgo compartido con una empresa multinacional no debiera inducir a cohonestar y repetir dicha clase de actos. Pues su engañoso nombre sirve para confundir la responsabilidad de las partes, más valdría llamarlos de riesgo protegido y así entendidos evitarlos o realizarlos a conciencia de su índole e implicaciones leoninas. En la práctica, parecen obedecer al aforismo de con cara gano yo, con sello pierde usted .

En el mundo de los negocios es explicable que el contratista de obra quiera precaverse de toda suerte de contingencias y asegurarse por anticipado de sus ingresos. Más aún, de ponerse a cubierto de las oscilaciones del ciclo económico y, específicamente, de las consecuencias de eventuales brotes recesivos. Al resto de los mortales tocará sufrirlas, no importa que se originen en políticas del Estado.

Los deudores en upacs debieron arruinarse y muchos perder sus viviendas. No pocos empresarios entraron en quiebra y millones de compatriotas fueron impelidos al desempleo y la indigencia. La agricultura lícita sufrió tremendo golpe e innumerables campesinos se vieron obligados a emigrar. A ninguno se le indemnizó. A ninguno se le amparó. Era la ley suprema del mercado y a ella tocaba atenerse.

Las multinacionales, más advertidas de los cambios súbitos de tal mercado, prefirieron establecer cláusulas precautorias y de garantía de sus utilidades. Los fundamentalismos son para el uso de los subdesarrollados. Contractualmente se sustrajeron a los vaivenes económicos y, en esta forma, preservaron sus ganancias mientras el resto de las actividades y de los ingresos sufría grave quebranto. Nadie puede criticarlas por defender sus intereses. Es su derecho. La imprevisión y la imprudencia corrieron por cuenta de la contraparte.

Ahora bien. Bastará con salir en la mejor forma del azaroso pantano contractual? No. Hay que aprender la costosísima lección y prevenir que se sigan comprometiendo los intereses públicos en aventuras semejantes y refiriendo las disputas a tribunales ad hoc. Pero algo más. Es indispensable que los diversos organismos del Estado, más aquellos con autoridad y jurisdicción, comprendan las repercusiones que sus determinaciones pueden tener. Todavía el país no logra superar los estragos a que lo condujeron políticas desorbitadas con origen en centros neurálgicos del poder público.

Si a los agentes del Estado se les responsabiliza por los daños que sus imprevisiones causan, cómo excusar los errores de concepción y política en que se incurre con terrible mengua de los sectores más vulnerables de la comunidad? So pretexto de la técnica se cometen equivocaciones irreparables que se traducen en serios perjuicios de carne y hueso. En el caso de Telecom, incumbe al Estado el pago de los platos rotos. De resto, son las gentes anónimas a quienes corresponde sobrellevar la carga de los males impuestos desde escenarios privilegiados del poder público.

Además de la protección contra los riesgos propios de la naturaleza humana, le cabe al Estado el deber de no originarlos en sus cuadros. Y si ello ocurriere, apresurarse a conjurarlos, velando por la suerte de los damnificados, en vez de dejarlos, totalmente desprotegidos, de la mano de Dios. No vuelva a ocurrir nada análogo a la ruina de los deudores hipotecarios o al empobrecimiento de grandes masas por causa de medidas oficiales.

Precios sin competencia.

El problema del precio de los medicamentos es que se fija soberanamente, sin competencia efectiva, salvo cuando los hay genéricos. La prohibición de fabricar estos en determinados líneas debiera estar compensada al menos por la vigilancia sobre lo que se cobra por los de patente. De lo contrario, la masa de los compatriotas no estaría en condiciones de adquirirlos y de velar por su salud. Lisa y llanamente, habría un mercado cautivo.

En la antesala de las negociaciones para el tratado de libre comercio con Estados Unidos, parece de prudencia elemental no sentar precedentes inadecuados e incluso nocivos. De la salud de las gentes hay que ocuparse y de su acceso a los medicamentos que les permitan recobrarla o preservarla.

Retención intelectual.

La Universidad Libre hizo gesto magnánimo al publicar en preciosa y costosa edición del libro El Liberalismo en la Historia para conmemorar el octogésimo aniversario de su fundación por el General Benjamín Herrera, en aquel tiempo jefe único del Partido Liberal.

Compilación de las cuarenta conferencias dictadas por diferentes autores en el ciclo patrocinado por el Instituto del Pensamiento Liberal y la Sociedad Santanderista, no pierde vigencia por la obvia razón de su temerario. Pero, a la verdad, no se comprende su demora en sacarlo al mercado de los lectores ni su resignación a filtrarlo gratuitamente, por cuenta gotas. Bien haría en completar su generoso y encomiable aporte cultural e ideológico decidiéndose a facilitar su adquisición y su lectura por el público.

abdesp@cable.net.co

Publicación
eltiempo.com
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
26 de febrero de 2004
Autor
ABDON ESPINOSA VALDERRAMA

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