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LA COMUNIDAD AFROCOLOMBIANA

Hace pocos días, el notable escritor Manuel Zapata Olivella recordaba, en una reveladora conferencia, cómo los aportes que la comunidad afrocolombiana le ha hecho al país en los diversos aspectos de la cultura y de la vida no han tenido una retribución, ni equitativa, ni significativa. Las negritudes le han dado a Colombia poetas y escritores que ocupan un lugar muy alto en nuestra literatura; músicos, compositores e intérpretes que han ganado prestigio internacional; deportistas gloriosos; artistas plásticos, educadores admirables o ambientalistas como Libia Grueso, que acaba de ganar el Premio Ambiental Goldman, considerado el Nobel del Medio Ambiente. Tantos colombianos ilustres de una comunidad marginada.

Hace pocos días, el notable escritor Manuel Zapata Olivella recordaba, en una reveladora conferencia, cómo los aportes que la comunidad afrocolombiana le ha hecho al país en los diversos aspectos de la cultura y de la vida no han tenido una retribución, ni equitativa, ni significativa. Las negritudes le han dado a Colombia poetas y escritores que ocupan un lugar muy alto en nuestra literatura; músicos, compositores e intérpretes que han ganado prestigio internacional; deportistas gloriosos; artistas plásticos, educadores admirables o ambientalistas como Libia Grueso, que acaba de ganar el Premio Ambiental Goldman, considerado el Nobel del Medio Ambiente. Tantos colombianos ilustres de una comunidad marginada.

De acuerdo con Zapata Olivella, la liberación de la ominosa condición de esclavitud, en 1851, no los ha hecho iguales a los demás colombianos. Aun siendo libres, la mayoría de los afrocolombianos están sumidos en la miseria. En un desamparo y abandono casi tan degradantes como la propia esclavitud. Además de que en algunas zonas del país han tenido que soportar los rigores de una violencia que se ha ensañado con ellos, los desplaza o los acribilla. (Cabe recordar el emblemático caso de Bojayá.) Todo ello no les ha impedido en los últimos años conquistar algunas posiciones políticas, precarias es verdad, y algunas conquistas legislativas, todavía muy en el papel, como la ley sobre comunidades negras y la que establece el día 21 de mayo fecha en que se declaró en Colombia la libertad de los esclavos como Día Nacional de la Afrocolombianidad.

Frente al cúmulo de necesidades que agobian a la población afrocolombiana, sus triunfos aún son simbólicos y tímidos. Y no se trata de una pequeña minoría étnica, ya que abarca a más de 10 millones de colombianos. Esparcidas por el territorio nacional, y que concentran su mayoría en capitales como Quibdó, Cali, Buenaventura, Barranquilla, Cartagena, Medellín y Bogotá, estas comunidades son objeto de una notoria exclusión. Habitan en zonas marginales, reciben un ingreso promedio máximo de 600 dólares anuales, cuando el promedio nacional es de 1.500 dólares por año, y el 75 por ciento devenga salario inferior al mínimo legal.

Las estadísticas sobre el entorno en el que viven también son dramáticas: su promedio de vida (65 años las mujeres y 55 años los hombres) es inferior entre el 10 por ciento y el 30 por ciento al del promedio nacional; sus necesidades básicas insatisfechas alcanzan o superan el 80 por ciento y el nivel de pobreza bordea el 75 por ciento, frente al promedio nacional, del 37 por ciento.

Se trata de un conglomerado que, además, ha estado huérfano de líderes políticos. Con la mala fortuna de que algunos pocos de los que han descollado han terminado enredados con la justicia. De manera solitaria se hacen esfuerzos para llamar la atención sobre el abandono en que se encuentra la comunidad afrocolombiana. Como el del representante por el Chocó, Edgar Ulises Torres, que organizó el II Encuentro Hemisférico de Parlamentarios Afrodescendientes, que se acaba de reunir en Bogotá. En la reunión se adoptó una trascendental declaración de principios, la Carta de Bogotá, en la cual se reitera que los más de 150 millones de descendientes de raza africana que habitan en América Latina siguen abandonados por sus gobiernos, que los mantienen en la misma situación histórica de exclusión y abandono.

Los dirigentes afrodescendientes asumendesafío colectivo de aportar al desarrollo económico y social de nuestro continente, reivindicando la riqueza de su diversidadDesafío al que nuestros gobiernos, que están en deuda con la población de raza negra, solo pueden responder con el desafío de conseguir que estas comunidades pesen muchísimo más en los planes de desarrollo y en las acciones para combatir la miseria. Al fin y al cabo, son el 40 por ciento de la población del continente latinoamericano.

Nuestros gobiernos están en deuda con la población de raza negra, sumida en la exclusión y el abandono, y la deben resarcir incluyéndola mucho más en los planes de desarrollo.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
4 de junio de 2004
Autor
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