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LAS APARICIONES DEL DIABLO

Después de mucho tiempo, dice la gente, el diablo volvió . Se presentó en el cuerpo de un joven muy apuesto en una discoteca del sur. Se le acercó a una mujer sola que se encontraba en la barra, le conversó, y después de algunos tragos, la invitó a bailar.

Después de mucho tiempo, dice la gente, "el diablo volvió". Se presentó en el cuerpo de un joven muy apuesto en una discoteca del sur. Se le acercó a una mujer sola que se encontraba en la barra, le conversó, y después de algunos tragos, la invitó a bailar.

Según la gente, el hombre le pidió el favor de que no mirara hacia abajo, "yo soy el diablo y no debes verme", le dijo. Ella, incrédula ante la frase de advertencia pero atraída por la intriga que produce lo prohibido, después de unas canciones observó. Cayó en un estado de nerviosismo profundo y enloqueció.

Lo que dicen, y sólo es rumor, es que cuando dirigió sus ojos a la parte baja del cuerpo del varón, en vez de unos zapatos vio unos grandes cascos de vaca, alguna clase de tentáculos, garras y hasta pezuñas.

Pero lo curioso de la historia es que se dice que la mujer después de la crisis desapareció, que entró a una clínica de salud mental, que se la llevaron lejos, incluso que murió. En fin. Toda suerte de misterios acompaña esta historia que, después de todo, "no deja de ser un mito más que atraviesa, de boca en boca, los miedos y ageros de la gente", dice el sacerdote Próspero Restrepo.

La historia comenzó en Mango s, discoteca ubicada en la Regional Sur, a la entrada de Itagí, el Miércoles Santo, último día en que abrió el lugar, antes de comenzar los días tristes de la Semana Mayor.

Pero nadie vio nada. Nadie. Ni siquiera los asistentes al lugar en esa fecha. Ni alguno de los 200 empleados que laboran allí, ni mucho menos la mujer, que al final de cuentas, no existe.

Desde que los rumores comenzaron, sin embargo, en Mango s han recibido todo tipo de llamadas. "Señora: puede darme el teléfono de la niña que se vio con el diablo? Es verdad que el diablo vive allá?" Son algunos de los llamados que recibe Yezmín Durán, empleada del local. "No, no es cierto. No es verdad. Usted cree en eso?" Replica la mujer, que ha tenido que dedicar parte de su tiempo a dar cuenta de la normalidad del sitio.

"No sabemos de donde pudo haber salido ese comentario. Sobre todo cuando afecta la imagen de la discoteca y el trabajo de muchas personas", comenta Durán.

Igual piensa Dj Diego Mix, que trabaja en el lugar y quien desde su puesto, ubicado en el extremo sur, puede ver cada uno de los rincones de la discoteca.

"Ninguna de las cuestiones que se han adicionado al chisme tiene fundamento. Ni los hombres de seguridad, ni las bailarinas, ni yo, vimos que ocurriera algo raro, ni siquiera un desmayo o un altercado", dice.

Eso es otro cuento.

En las clínicas de salud mental de Medellín no ha llegado un caso con esas descripciones. La mujer es un fantasma, tal vez igual de difuso a aquel diablo que, ni en la noche, ni en el día, ni en un sitio cualquiera se ha dejado ver para responder por su aparición.

Pero aunque suene gracioso, este hecho renueva aquellos mitos, según los cuales, "el diablo es parrandero y siempre anda de farra, va a todas las ferias y fiestas de plaza".

El cuento del pueblo se fue para la ciudad. Y a cambio de una plaza repleta de gente, de fiestas con bombas y parejas de novios, el nuevo escenario es una discoteca.

Hace algunos años, se dice, ocurrió lo mismo en una discoteca de Las Palmas. También enloqueció una mujer y, en ese entonces, el diablo llevaba pezuñas. La mujer tampoco apareció, nunca existió.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
26 de abril de 2004
Autor
UVER VALENCIA

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