LOS BENETTON COMPRAN TIERRAS EN LA PATAGONIA CON SERES HUMANOS Y TODOS.

LOS BENETTON COMPRAN TIERRAS EN LA PATAGONIA CON SERES HUMANOS Y TODOS.

No son pocos los que a lo largo y ancho del mundo supieron admirar las campañas publicitarias de Benetton, una de las marcas de indumentarias más globalizadas y conocidas en el mundo. El respeto por la diversidad racial y los derechos humanos, en las fotografías del no menos afamado Oliviero Toscani, fueron elogiadas y premiadas. Pero a la hora de hacer negocios los hermanos Luciano y Carlo Benetton, propietarios del Benetton Group, se interesan poco por los derechos de terceros, máxime cuando se trata de indígenas y de sus propias y ancestrales tierras.

13 de junio 2004 , 12:00 a.m.

No son pocos los que a lo largo y ancho del mundo supieron admirar las campañas publicitarias de Benetton, una de las marcas de indumentarias más globalizadas y conocidas en el mundo. El respeto por la diversidad racial y los derechos humanos, en las fotografías del no menos afamado Oliviero Toscani, fueron elogiadas y premiadas. Pero a la hora de hacer negocios los hermanos Luciano y Carlo Benetton, propietarios del Benetton Group, se interesan poco por los derechos de terceros, máxime cuando se trata de indígenas y de sus propias y ancestrales tierras.

En los años 90, los Benetton decidieron sentar sus reales en la Patagonia argentina, ese inmenso territorio enajenado a lo largo de la historia mediante una de las pocas políticas de Estado que primaron en el país desde el siglo XIX: cederla mediante leyes a medida a capitales extranjeros. Lo cierto es que el Benetton Group decidió invertir, en 1997, 80 millones de dólares en el Lejano Sur argentino, para controlar en la actualidad 900 mil hectáreas propicias para el ganado ovino y otros redituables negocios en diversos sectores como el minero y el turístico.

Pero ellos no fueron los primeros famosos en desembarcar en estas tierras que a comienzos del siglo XX supieron habitar el respetado estadounidense Robert LeRoy Parker, quien pasó a la historia como Butch Cassidy, y su inseparable socio Sundance Kid.

Con los indígenas dentro.

Ted Turner, Chistopher Lambert o Silver Stalone, son algunos de los quedaron atrapados por las hermosuras patagónicas, pero ninguno de ellos registraron los problemas que la presencia de los hermanos Benetton abrieron a su llegada y que tuvo su epicentro días atrás cuando un juez de la patagónica Provincia de Chubut dirimió a favor de los italianos la tenencia de 300 hectáreas, que ocupaban la familia Mapuche ("gente de la tierra) compuesta por Atilio Curiñanco y Rosa Nahuelquir, y sus cuatro hijos, en el paraje Santa Rosa, frente a la estancia Leleque en las cercanías de la turística ciudad de Esquel.

Leleque y la estancia El Maitén fueron las primeras dos que adquirieron los hermanos Bennetton, con el fin de criar ovejas para producir la lana para fabricar las prendas que jóvenes de todo el mundo lucen seducidos por la marca y la calidad. Dentro de Leleque quedó un paraje donde viven 120 personas, la mayoría originarios mapuches, "los que se son sometidos a presiones permanente de Ronald Mac Donald (el administrador de los Benetton) y de la Policía provincial", explica Mauro Millán, vocero de las comunidades mapuches de la región.

De Leleque , donde nació hace 50 y 49 años, Curiñanco y Nahulequir, salieron para instalarse en el paraje Santa Rosa en el 2002, cuando Rosa había quedado desempleada. Primero se aseguraron de que se trataran de tierras fiscales (sin dueño), obtuvieron el permiso, levantaron una casa precaria y se dedicaron al cultivo de maíz y a la cría de unos pocos animales para la subsistencia. "Pocos meses después la Policía llegó hasta el lugar para advertirles que se fueran y así no tener problemas con los dueños", recuerda Gustavo Macayo, el abogado de los aborígenes.

La familia acudió a la justicia pero el 2 de octubre del 2003, un dispositivo policial llegó, derribó la casa y destruyó sus cultivos, mientras el juicio contra la Compañía de Tierras del Su Argentino (el nombre con el cual los Benetton adquirieron las tierras) siguió hasta el pasado martes, primero de junio cuando la Justicia, al igual que hace más de un siglo con los capitalistas ingleses que se asentaron allí, le dio por perdido el pleito a los Mapuches.

"Son 300 hectáreas nada más (lo que por las características de la Patagonia es como tener 5 hectáreas en Zipacón) pero esta rodeado de por lo menos 25 proyectos mineros, de los cuales hay varios que pertenecen a la Compañía", denunció Sebastián Hacher, quien trabaja en un observatorio de las actividades del grupo en Argentina a la revista mensual Lezama.

Para Macayo, esas tierras "tienen un origen malévolo", reconoce que los Mapuches carecen de títulos de propiedad, pero acusa a las autoridades y a la justicia de seguir permitiendo "este tipo de situaciones" donde no se contempla ni la relación de los indígenas con la tierra ni sus derechos ancestrales. Así es, como en la región más austral de la Tierra, o en "el fin del mundo", como les gusta decir a los patagónicos, las exitosas y correctamente políticas campañas publicitarias de "United Colors of Benetton" no tienen su correlato en los hechos. Al menos para sus autores para quienes allí sólo priman los negocios.

Una historia repetida.

Se necesitarían varios libros para contar la historia de marginación y expropiaciones forzosas a la que fueron sometidos los Mapuches desde la denominada "Conquista del Desierto", en 1876. Roca, a la postre presidente en dos oportunidades (1880-1886 y 1998-1904) fue el primer genocida de la historia argentina. Las diezmadas etnias mapuches y tehuelches que poblaban la Patagonia fueron expulsadas a medida los capitales ingleses iban concentrando las tierras cedidas por el Gobierno nacional.

En ese proceso, ya desde 1889, cuando la Argentine Southern Land Company (Compañía de Tierras del Sur Argentino, la que ahora es propiedad de Benetton), se quedó con las primeras 80 mil del 1,5 millón de hectáreas que llegó a ostentar.

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