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LOS PERROS CAÍDOS EN COMBATE

El grupo de contraguerrilla del soldado Jaimes patrullaba por la zona rural de Suratá (Santander). Desde la noche anterior sabían de la presencia de las Farc, porque un pelotón empezó el ascenso al alto de Cáchira. Lo que no tenían tan claro era que por allí los esperaba la muerte.

El grupo de contraguerrilla del soldado Jaimes patrullaba por la zona rural de Suratá (Santander). Desde la noche anterior sabían de la presencia de las Farc, porque un pelotón empezó el ascenso al alto de Cáchira. Lo que no tenían tan claro era que por allí los esperaba la muerte.

Una mina estaba plantada en medio del camino y Sasha, la perra antiexplosivos que iba a la cabeza del grupo, instantáneamente voló en pedazos. De ella solo se pudo recuperar parte del collar, mientras que los 18 soldados que marchaban detrás se salvaron de correr la trágica suerte de la labrador dorada.

Esta historia se ha repetido muchas veces en los últimos meses en las zonas de combate, donde los perros se han convertido en verdaderos héroes de guerra, al detectar explosivos y en muchos casos evitar heridas o la muerte de sus instructores y de las patrullas militares.

En lo que va corrido de este año, diez canes han perdido la vida en medio de misiones de contraguerrilla. Su presencia cada día parece ser más útil teniendo en cuenta que las Farc han convertido a las minas antipersonales en una de sus armas privilegiadas de guerra.

De hecho, según cálculos hechos en los primeros meses de este año, cerca del 40 por ciento de los militares que quedan fuera de combate (por heridas o muerte) es por la acción de este tipo de artefactos.

Algunos de los perros son gozques (callejeros) que los militares encuentran en medio de sus travesías. Los profesionales , son los pastores alemanes y labradores que reclutan en las escuelas de instrucción de las diferentes brigadas del país.

Perros profesionales.

A diferencia de los gozques , los perros antiexplosivos que pasan por la Escuela de Caninos, tienen un régimen especial de comida (solo comen concentrado), un entrenamiento especializado y un adoctrinamiento único con su guía.

En este aspecto es líder en el país el Centro de Adiestramiento Canino de Bucaramanga, de la II División del Ejército, que se ha encargado de preparar a los perros y luego enviarlos a las zonas de combate.

Con el lema "done un perro, salve una vida", los oficiales de la unidad militar iniciaron un proceso de reclutamiento para enviar perros a la guerra en el 2002.

"La necesidad surgió de ver la cantidad de heridos que nos dejaban los campos minados, sobre todo en el sur de Bolívar, la provincia de Soto y el Catatumbo.", recuerda uno de los oficiales que estuvo a cargo del programa.

En la actualidad la escuela tiene 57 caniles en instrucción. Las otras escuelas se encuentran en Faca, la Policía Militar en Bogotá, Chiquinquirá, Cali y Bucaramanga.

Hay más de 200 perros en instrucción en este momento. "Los preparamos para la guerra y por eso solo pueden dormir, recibir agua y comida y órdenes de su guía, que por lo general es un soldado que se encarga del perro, desde el primer día de reclutamiento", agrega el oficial.

El entrenamiento de los animales dura cuatro meses. En este tiempo aprenden a detectar minas, adaptarse a la vida de la selva y a salvar la vida de los soldados, impidiendo que ellos pisen los explosivos, cuando la sorpresa les ha ganado a los que detectan las minas.

Así fue como Negro salvó la vida del soldado José Restrepo, el 9 de noviembre del 2002, en San Carlos (Antioquia). Cuando el perro labrador se percató de que su compañero se había parado en la mina, se lanzó encima de ella.

Le salvó la vida a Restrepo, pero él quedó ciego y sordo del lado izquierdo. Su recompensa, además de la vida de siete soldados, fue recibir la primera medalla para caninos en orden público, en la base de Tolemaida. Ahora está en uso de buen retiro en una de las escuelas de caniles.

Pero no todos corren la misma suerte de Negro . Otros, como la perra Sasha, terminan desintegrados. Para ellos, la II División creó el Cementerio de Perros Combatientes. Una estatua de un canil y placas conmemorativas a los amigos que salvaron la vida, reposan en la unidad militar de Bucaramanga.

"Gracias por permitirme seguir combatiendo. Alto Cáchira, Surata, octubre 13 del 2002. Soldado Jaimes Contreras Nelson". Así dice la placa de la tumba de Sasha.

Qué dicen los protectores?.

Este año, según el reporte del Ejército, diez perros han muerto al detectar campos minados. Uno de ellos murió al lado del soldado Alexander Sotelo, el pasado 24 de febrero en Ipiales (Nariño), al activar una mina. Sin embargo, lograron salvarse 17 soldados que caminaban detrás de Sotelo y su perro.

"Perder al perro, es perder la salvación. También a un confidente", dice el soldado Carlos Arturo Velandia Suescún, quien decidió adoptar a una perrita ordinaria. La encontró abandonada en una calle de La Unión Peneya (Caquetá), el pasado mes de enero en la Operación Año Nuevo .

"Cuando las Farc desocuparon el pueblo, muchos habitantes dejaron a los perros. Esta estaba chiquita, muerta de hambre, tenía un nunche, principios de chanda y cundida de garrapatas. Los dos nos encariñamos y cuando nos evacuaron, me la llevé", dice Velandia.

El soldado la adoptó, se encargó de su recuperación en la base de Larandia y ahora patrulla a su lado. "Ya le estoy enseñando a que encuentre minas".

Algunas asociaciones protectoras de animales, como Adelma (que funciona como una especie de Ong), señalan que lo que se hace con los perros es una carnicería. "Los que están preparados para la guerra son los soldados y ellos saben desde el principio que pueden morir, pero los perros son llevados a mansalva", señala Rodrigo Silva, uno de los jóvenes que promueve la asociación.

Pese a esto, según el Ejército, los perros que han muerto en el campo de batalla, han salvado la vida de cientos de militares.

"Suena duro decirlo, pero la vida de un perro la recuperamos en, máximo, cinco meses. La de un soldado no tiene reemplazo", concluye el oficial.

MENOS MILITARES VICTIMAS DE MINAS.

Colombia es el cuarto país del mundo con mayor número de personas muertas o heridas por las minas antipersonales -según el Observatorio de Minas de la Vicepresidencia de la República-, después de Chechenia, Afganistán y Camboya.

Desde 1990 se han presentado 4.822 casos en el territorio nacional, con igual número de víctimas. La Red de Solidaridad asegura que este año, mientras las masacres y las tomas disminuyeron, aumentó el uso de minas como arma de guerra.

La OEA y el Observatorio coinciden en que en lo corrido del 2004 son más las víctimas civiles que las de la Fuerza Pública. En los primeros seis meses del año murieron 57 hombres del Ejército por acción de estos artefactos -33 por ciento menos que los 83 del mismo período del 2003- y 131 resultaron heridos -40 por ciento menos frente a los 206 del año pasado-.

Este año se han activado 638 minas en el país, que han dejado 188 víctimas civiles.

Así mismo, el Ejército ha logrado destruir más de 900 campos minados y otros explosivos con la ayuda de los perros y los detectores.

FOTO/Edgar Vargas.

- La II Divición del Ejército fundó el cementerio para perros caídos en combate, en Bucaramanga. Allí ahi una estatua para recordar a los canes que han salvado la vida de militares.

- Cerca de 200 perros reciben instrucción en cuatro escuelas de formación canil, en el país.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
1 de agosto de 2004
Autor
JINETH BEDOYA LIMA Redactora de EL TIEMPO

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