CULTIVOS ANTIRRADIACIÓN

CULTIVOS ANTIRRADIACIÓN

Todos los días en Estados Unidos, más de cien millones de personas se sientan, como mínimo durante seis horas, frente a la pantalla de un computador y por lo menos el doble frente a un televisor. En Colombia, no se conoce con precisión cuál puede ser la proporción. Sin embargo, en ambos países, como en el resto del mundo, todo aquel que esté expuesto a uno de estos aparatos, lo está también a una de las formas de contaminación más peligrosa de esta época: el electromagnetismo.

21 de junio de 1992, 04:00 am

Sin obtener muchas ni satisfactorias explicaciones, los usuarios han aceptado que padecen los males propios de la modernidad: frecuentes dolores de cabeza, cansancio, mal dormir, irascibilidad, pérdida de defensas...

Y todos son achacados exclusiva y únicamente al estrés. Error. Buena parte de la culpa la tiene este tipo de radiación.

La Asociación Europea para el Uso Racional de las Ondas Radioeléctricas (Aurobe), señala entre los peligros que pueden derivarse, de una regular o permanente exposición, la disminución de la actividad sexual; las alteraciones cardiovasculares; la opacidad del cristalino; las lesiones de retina, epitelio y córnea; la alteración de la espermatogénesis formación de los espermatozoides y las aberraciones cromosomáticas.

Son igualmente peligrosas las de baja como las de alta frecuencia; las de gran como las de pequeña intensidad; las microondas como las hiperfrecuencias. Y están en la vida cotidiana de toda persona. Provienen en su mayoría del televisor, los computadores, los hornos microondas, los aparatos de radiología, los equipos de sonido...

Y al igual que la radioactividad, se trata de una forma de radiación imposible de ser percibida por los sentidos. Ni siquiera en los casos de elevadas emisiones, pues no tiene olor, color, sabor ni emiten ningún sonido.

Pero mientras los científicos se esfuerzan por controlar estas emisiones, obteniendo regulares resultados, la naturaleza continúa generando la solución: el cactus Cereus peruvianus, conocido vulgarmente como cactus candelabro, propio de América Central y del Sur.

En los desiertos mexicanos, es donde ha puesto a prueba su condición. Los grandes ejemplares de esta familia apartan de sí, hasta en 15 metros, las llamadas redes de Hartman, que son las paredes de radiación que surgen de la tierra.

Pero, y en las oficinas o en la casa? Investigadores del Instituto de Geobiología de Chardonne (Suiza), experimentaron en la Bolsa de Valores de Nueva York con un grupo de empleados que trabajaban en un ambiente de pantallas de computador y que padecían constantes dolores de cabeza y cansancio.

Próximo a cada pantalla colocaron un cactus candelabro de seis caras no tiene que ser una gran planta, puede ser de cuarenta centímetros. En menos de una semana, todos recobraron su equilibrio físico.

Otro estudio realizado en el Instituto Universitario de Biberach (en la ex República Federal Alemana) mostró cómo la energía generada por el cuerpo es absorbida en buena parte por la radiación electromagnética de un computador o un televisor.

Mientras en un ambiente tranquilo sin ninguno de estos aparatos el cuerpo generaba una energía equivalente a cuarenta kiloohmnios; en un cuarto, con televisor o pantalla de computador apagados, lo hacía hasta en ochenta kiloohmnios; y en uno en condiciones de ambiente agitado y aparatos conectados hasta 130 kiloohmnios. Es decir, se descargaba eléctricamente mucho más rápido.

Con un cactus candelabro cerca, la generación de energía volvía a su punto normal.

A cambio de este beneficio, el cactus reclama solo unos pocos cuidados, que son más en beneficio de su rendimiento. Por ejemplo, la planta debe tener estrictamente seis canales y cada tres o cuatro semanas se debe sacar al aire libre y rociar para que se descargue y haga su reserva de agua.