EL SECRETO DE LAS MURALLAS

EL SECRETO DE LAS MURALLAS

Cuando se contemplan las murallas y los monumentos militares de la Colonia en Cartagena, surge siempre este interrogante: Cómo fue posible tamaña empresa? Y de inmediato, la consabida respuesta: debido a su situación geográfica, la ciudad era estratégica como puente de comunicación entre Las Indias con el Viejo Mundo. Por ella llegaba todo lo que entraba a las tierras descubiertas y salían las riquezas que cobraba la Corona. De modo que, para defenderla, no hubo otra alternativa que colocarle murallas, castillos, fuertes, garitas y cañones.

14 de junio de 1992, 04:00 am

La explicación, sin embargo, no responde a muchas otras cuestiones: De dónde salieron las piedras? Cómo las transportaron hasta el sitio que ocupan? Con qué las pegaron? Quiénes hicieron los ladrillos y las tejas de las casonas cartageneras? Simple, también: la ciudad estaba rodeada de canteras de donde se extraían las piedras que eran pulidas por maestros y transportadas a rastras por esclavos negros traídos de Africa y se pegaban con cal viva, que se obtenía por cocción en hornos enormes que estaban... En dónde? Aquí comenzaba lo duro para estas deducciones, pues cualquier cosa que se dijera sonaba a especulación. Así ocurrió hasta hace poco, cuando los estudiantes Rosa Martínez, Rosemary Martelo y Alfonso Cabrera de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, seccional del Caribe, con la asesoría del arquitecto y restaurador Augusto Martínez Martínez, ubicaron estos hornos, que permanecen cubiertos por la maleza, semidestruidos y olvidados por siglos. Aparecieron de repente, uno tras otro, en las islas de Tierrabomba y Barú, al sur de Cartagena.

El hallazgo es notable. Según Martínez, discípulo del restaurador e historiador español, Juan Manuel Zapatero, fueron tan importantes que sin ellos habría sido imposible construir las murallas y demás fortificaciones locales.

Los hornos, sin embargo, eran solo parte de una gran infraestructura destinada a apoyar la construcción del más grande complejo militar de las Américas y que tuvo su mayor esplendor a finales del siglo XVI y principios del XVII.

En prósperas haciendas estaban las canteras, hornos, conjuntos habitacionales y aljibes grandes lagunas para abastecimiento de agua para cría de ganado y cultivo de alimentos.

La cantera era un sitio de trabajo rudo, atendido por capataces y operada por esclavos, de donde se sacaba la piedra que alimentaba los hornos. De estos últimos salía la cal viva que revuelta con arena y otros elementos servía para las construcciones. Era el cemento de la época. De acuerdo con los estudiantes investigadores, en Tierrabomba y Barú también se producía ladrillo, teja y cerámica. Hasta el momento se han encontrado 37 hornos, algunos en buen estado de conservación y otros muy deteriorados por el paso del tiempo y el nulo mantenimiento.

En las dos islas, los españoles construyeron por lo menos 18 fortificaciones militares, entre ellas el castillo de San Luis arrasado por el almirante Vernon, la batería del Angel San Rafael y sus túneles; las baterías de Santa Bárbara, Santiago, San Felipe y Chamba; el castillo de San Fernando y el fuerte de San José.

El más grande los tejares hallado está localizado en la isla de Tierrabomba y se denomina San Bernabé.

Tenía tres grandes canteras, seis hornos de cal, un conjunto habitacional, dos hornos para tejas y ladrillos y un gigantesco aljibe.

Las investigaciones señalan que allí se fabricó la primera cerámica de Cartagena, además de vasijas, botijas, mantas, pináculos, cerámica de arabescos y baldosines que se conservan en algunas casas del sector amurallado de la ciudad.

En un lugar cercano, conocido en la Colonia como Guayacán, que sirvió de estancia a los jesuitas, se encontró también cerámica precolombina; y en Pueblo Nuevo fueron descubiertos tres hornos, casa de hacienda y un gran aljibe de agua dulce, a solo 10 metros del mar. También se han hallado hornos en Punta Arena, Bahía Periquito y Caño de Loro.

Las canteras y los hornos se construyeron siempre muy cerca del mar, con el fin de facilitar el transporte de materiales hacia los lugares en donde se levantarían fortificaciones o casas.

La carga era de dos tipos: piedra burda y sencilla para construcción y talla, y cal en barriles. Se cree que cada horno tenía capacidad para producir unos cien barriles por hornada (jornada) y el proceso no se detenía nunca.

En Barú, por lo demás, los investigadores constataron que había sembrados de algodón, así como frutales diversos: níspero y coco, principalmente, pero también hortalizas, verduras y ganados. Eran haciendas autosuficientes en producción de alimentos y abastecían también a Tierrabomba y parte de Cartagena. El complejo de esta isla es tan importante como el de Tierrabomba.

Aún falta mucho por investigar, pero lo importante ahora, según ellos, es que el Gobierno o las fundaciones se interesen por los hallazgos, con el fin de rescatarlos y no permitir que desaparezca otro gran testigo de la grandeza colonial de Cartagena de Indias.