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LA MUERTE DE ZWEIG

En julio de 1941, me escribía Zweig: Estamos haciendo los mayores esfuerzos ante el gobierno de Colombia para la intervención, a través del ministro de Bélgica en Bogotá, para que se le conceda una visa a Frans Masereel, el gran pintor y grabador que le ha dado gloria a su país y que está en este momento en una terrible dificultad en el sur de Francia, no pudiendo ni volver a su país, ni trabajar, dentro de las circunstancias actuales. Si fuera posible ir a Colombia sería una gran cosa y usted podría ayudarnos, yo le quedaría vivamente reconocido. Frans Masereel y su mujer Paola, son católicos, y su deseo de trasladarse a América no tiene otra razón que la imposibilidad moral creada por la situación europea. Tiene un deseo ardiente de crear y enseñar. Lo conozco desde hace 20 años, habiendo encontrado siempre que es un hombre, el más recto y noble y el más afectuoso . Era esta la clase de servicios que Zweig me había dicho que yo le podía aportar. Por cable le pedí al presidente Ed

Volviendo a lo de la traducción en Nueva York, casi deja sus propios intereses por manejar los míos. El lector de Bicking Press acabó rindiendo el informe. Elogiaba el libro pero lo consideraba ofensivo para Colombia. Zweig por su cuenta, exigió del editor pasar el libro a un lector más comprensivo. Ese que ha hecho la lectura no sabe lo que está diciendo. El señor Arciniegas está en el servicio diplomático en la embajada de Buenos Aires...

En realidad, el primer lector estaba en la luna, en la luna brava; el informe siguiente fue muy satisfactorio y la traducción la hizo Mildred Adams, la introductora de García Lorca a las prensas americanas. Una versión estupenda... Le contaba yo todo esto al agente de Zweig en Buenos Aires. Y me decía: Zweig es una persona que puede estar trabajando la obra que más le interesa. Pero si se le atraviesa la posibilidad de hacer lo que hizo con usted, lo deja todo y se entrega a servirle al amigo.

Salido el libro en inglés me invitaron a Nueva York y hablando con Hubsch que me presentaba siempre como el amigo de Zweig, me dijo confidencialmente: Estoy muy preocupado porque contrariando sus costumbres Zweig está escribiendo tres libros a un mismo tiempo. Esto no es normal y me da la impresión de que lo hace para no pensar en algo muy serio que puede llevarlo a una decisión fatal. Los libros que tenía entre manos eran El mundo de ayer, Amerigo Vespucci y algún otro que no recuerdo.

Hubsch era hombre muy objetivo y su amistad con Zweig, la más íntima y cordial. De regreso de Nueva York me detuve en Bogota, y el presidente Santos me dijo el mismo día de mi llegada: Mi querido Germán: usted no va a poder seguir para Buenos Aires porque se me ha presentado una crisis ministerial y yo lo tengo a usted para ministro de Educación. Hablé con el Presidente en la mañana, y a las 12 del día le estaba haciendo una carta a Zweig en que lo invitaba para venir a Colombia. La respuesta de Zweig, agradeciendo la invitación y declinándola me llegó unos ocho días después de su muerte. Se había suicidado junto con su mujer, abriendo el gas del dormitorio y envenenándose.

Algún tiempo después en Books Abroad, salió un artículo del profesor con quien cenó Zweig la última noche de su vida. Le había dado en préstamo a Zweig, un libro sobre Napoleón y al terminar la comida le dijo Zweig: Le tengo el libro sobre Napoleón que ya leí y voy a bajárselo.

La respuesta del profesor: Por ningún motivo, quédese con él el tiempo que necesite. Usted no ha podido leerlo y yo no tengo urgencia de que me lo devuelva.

Y Zweig: Voy a devolvérselo porque lo necesitaba para tomar un solo dato. Ya no lo necesito para nada. Y no me gusta quedarme con los libros ajenos. Se levantó de la mesa Zweig, subió a su estudio, y me dijo su mujer: Esto está muy grave. Yo no le veo remedio. Solo hay una esperanza: El tiene un amigo en Colombia a quien acaban de nombrar ministro de Educación y ha invitado a Stefan para que vaya a Bogotá. Sería la única posibilidad de interesarlo en algo y por lo menos aplazar lo que veo fatal.

Bajó Zweig. Y el profesor: Me acaba de decir su mujer que tiene una invitación de Bogotá para ir a Colombia. Usted no tiene ni idea de lo que es la otra parte de América. Estos lados del Nuevo Mundo, Rio de Janeiro, Buenos Aires, son copias de la vida europea. El Nuevo Mundo está del lado del Pacífico. Usted va a ver algo distinto que le va a crear otra visión de América.

Zweig le dijo: He declinado la invitación que me hizo Arciniegas, que es mi amigo, porque ya no estoy para conocer más cosas. La invitación está abierta... ya lo pensaré... Al día siguiente el profesor tomó para el desayuno el periódico y leyó a ocho columnas en la primera página: Stefan Zweig y su mujer muertos de gas .

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
17 de junio de 1993
Autor
GERMAN ARCINIEGAS

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