Cerrar

Publicidad

Últimas Noticias de Colombia y el Mundo - ELTIEMPO.COM

Últimas Noticias

Ver más últimas noticias

Patrocinado por:

UN MANJAR CASERO EN E.U.

Emprendedores e Ingeniosos De primíparo universitario, en los años 60, Fernando José Escobar se ufanaba delante de sus condiscípulos de ese suave y enviciador manjar que él llevaba en pequeñas porciones para deleitarse al finalizar las clases de la mañana. Era el más exquisito arequipe que podía probarse.

Emprendedores e Ingeniosos.

De primíparo universitario, en los años 60, Fernando José Escobar se ufanaba delante de sus condiscípulos de ese suave y enviciador manjar que él llevaba en pequeñas porciones para deleitarse al finalizar las clases de la mañana. Era el más exquisito arequipe que podía probarse.

Lo hacía su abuela batiendo una enorme olla, en su casa de siempre, cerca del Cementerio Central de Bogotá. Era difícil encontrar un bocado semejante en las cigarrerías de la ciudad. Los bogotanos traían el arequipe en totumas desde el Valle donde aún lo llaman manjarblanco o desde el Huila.

En 1972 a Fernando José se le ocurrió industrializarlo y se instaló en el barrio 7 de Agosto. Lo llevaba en vasitos desechables a los almacenes de cadena y los espaciosos supermercados, que apenas nacían en el país.

Su ocurrencia prosperó. Bien pronto requirió más capital para ensancharse. Se asoció entonces con Enrique Santos Posada quien ya falleció, y en 1975 nació la marca Dulces La Candelaria. Lejos estaban de imaginarse que tendrían que lidiar con los poderosos competidores actuales: Alpina, Parmalat, Colanta o Antaño.

Pero esta tarea le tocaría a Raúl Villamizar, quien entró en 1984 y hoy sigue al frente del negocio, porque Fernando José se dedicó a gerenciar el autódromo. Al poco tiempo, a Raúl se le ocurrió la combinación comercial de arequipe con brevas.

Esta nueva presentación resultó ser el producto estrella, que hoy comercializa Keeper International en Miami (Florida) y en Houston (Texas), a donde se envía el 10 por ciento de la producción, y donde se llama figs with milky taffy.

Para ese mercado estadounidense, La Candelaria también desarrolló un arequipe tipo salsa, que se esparce, como si fuera miel de sirope, sobre el helado o una tajada de queso (ice cream topping).

En Colombia, sin embargo, apenas se está difundiendo esta nueva presentación, más higiénica, dice Raúl. En cambio, se comercializan muy bien los ojitos: unos párpados de guayaba, con el globo del ojo de arequipe y un coqueto iris de breva, eye shape milke taffy, en Estados Unidos.

Poco tiempo después de comenzar las exportaciones a ese país sobrevino la crisis de la economía colombiana, en 1998-1999, y solo hacia finales del año 2000 se reemprendieron. Pero la retirada del mercado externo los hizo reflexionar y reacomodaron el negocio en Colombia. Así nació la comercializadora Dispyme, una sociedad de tres pequeños industriales: La Candelaria, Alimentos y Bebidas de Los Andes y Alimentos Especializados. Con Dispyme dejaron de duplicar esfuerzos, se acabaron los viejos celos y rencillas y los tres se hicieron más eficientes. Hoy, no solamente distribuyen sus propios productos sino los de otras pequeñas empresas.

También, fueron sometidos a un proceso de mejoramiento los empaques, la textura del arequipe y la selección de las brevas. La presentación de las cajas se volvió más llamativa y de fácil transporte, el arequipe se produjo en los tipos tradicional, salsa y de repostería, y las brevas se clasificaron en grandes, normales y pequeñas.

Y a raíz de este cambio en el calibre de las frutas, se generó, a su vez, una transformación de la región de Chita, en el nororiente de Boyacá al otro lado del río Chicamocha, donde se pasó de un área reducida de viejos arbustos a grandes extensiones, que la hacen la mayor productora de brevas del país.

Aunque hoy se comercializan las brevas pequeñas y medianas, Raúl está pensando en que las gigantes son una buena alternativa para los tiempos actuales de críticos presupuestos familiares. Porque una sola breva, pero grande, rellena de arequipe, puede venderse en celofán individual en las miles de tiendas de los barrios.

Para Raúl, este proceso no será tan dispendioso como el de los supermercados. Porque en las góndolas de estos hay cada vez menos espacio para cada vez más productos. Y para estar en las góndolas de exhibición se tiene que pagar. Antes, solo dejábamos una `pruebita , y si a la gente le gustaba el supermercado nos pedía más, dice Raúl.

No nos digamos mentiras añade: en Estados Unidos es igual que aquí.

Uno paga para tener su producto en exhibición, y después tiene que estar pendiente de que no lo exhiban en un lugar inadecuado, o de que no lo dejen por semanas en las bodegas sin exhibirlo.

Y en cuanto a precios, la mayor tajada la cogen allá. Si un ojito vale 400 pesos, en Estados Unidos tranquilamente lo venden en un dólar (2.500 pesos) o 1,50 dólares (3.750 pesos). Ciertamente, todos ganan, pero no todos lo mismo.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
2 de agosto de 2002
Autor
NULLVALUE

Publicidad

Paute aqu�

Publicidad