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UN DÍA EN LA VIDA DEL PRESIDENTE

6: el Presidente se levanta. 6-7:30: como cualquier colombiano desayuna, lee periódicos sobre todo los editoriales y las opiniones y oye noticias. qué busca y cómo evalúa las noticias? Más tarde (pues el día con él empezó a las 7:40) se le preguntó. Ponerlo a pelear con los medios es difícil. Porque asegura que no se enfada con las críticas. Eso estimula (a hacerlas). En la más radical e injusta de las aseveraciones siempre hay algo para recoger . Esta semana (la pasada) el Presidente está solo. Su esposa anda en Siria, Simón en Estados Unidos (en una academia de tenis) y su Maripaz en Cartagena. Estar sin familia no le agrada. 7:30: de costumbre, a esta hora baja a su despacho. Su secretaria Inés, quien llega a las 7, ya copió la agenda que hace el Presidente no delega esa funciónen la suya. Ahí aparece anotado, como primer hecho público del día, una entrevista con Protagonistas .

Hoy el Presidente se instala, por sugerencia de Mauricio Vargas, su consejero en Comunicaciones, quien está presente, en la biblioteca de la residencia privada. Desde hace diez minutos, bajo el ojo vigilante de un miembro de su seguridad en Palacio, el equipo de Protagonistas llena este cuarto de muebles de cuero, libros y precolombinos suspendidos en bibliotecas de madera empotradas, de luces, cables, trípodes y cámaras. 7:40: las luces se encienden. Aparece el Presidente. Luce un vestido azul-gris, camisa blanca, corbata roja, un poco suelta (así le gusta) y zapatos negros de amarrar. Se viste de una manera más clásica que cuando era Ministro de Gobierno. Su cordialidad pone en entredicho aquello de que es un hombre frío y calculador. A menos que a la prensa (se ha rodeado de periodistas) la trate de manera diferente. 7:45: se inicia la entrevista con el equipo de televisión. Es más una charla informal (es la tercera vez que está con este equipo pues ya lo han filmado buceando y en la casa de huéspedes en Cartagena), lo cual le permite abordarla con una tranquilidad sonriente. Sus respuestas fluyen. Gaviria es consciente, eso dice, de que el país quiere saber cosas sobre su Presidente.

Por ello no veta ninguna pregunta. Habla de su infancia, de su esposa y sus hijos, de la vida gitana que ha tenido que llevar por culpa de la política, de la música que oye, de su obsesión por el tiempo...

Lo indispone tanto el incumplimiento que eso preocupa a los servicios de seguridad. A veces le ofrecen un tinto o tratan de entretenerlo con cualquier cosa para retrasarlo unos instantes. Nunca se sabe.

La Presidencia no lo ha cambiado en apariencia. Tiene la misma espontaneidad, y sus respuestas, tratándose de preguntas personales, las sigue adornando con alguna coletilla o chiste que le granjea una sonrisa. La función se le nota en el cuerpo. Sus gestos son menos libres. Se autocontrola más. Es como si el espacio a su alrededor se le hubiera reducido. 8:00: primera charla con EL TIEMPO. Mauricio Vargas se sienta en el sillón de al lado. Rafael, uno de los dos ujieres de la Casa Privada, un hombre discreto, delgado y derecho como una i, sirve tinto. Para el Presidente debe ser el tercero o cuarto y así proseguirá todo el día. Su consumo es directamente proporcional al número de actos públicos que tenga. Bebe varias decenas de tazas al día sin que ello, al parecer, lo afecte. 8:13: como el día será largo y habrá oportunidades de charlar, el Presidente decide bajar a su despacho. En su agenda ha previsto jugar tenis a la 1 y almorzar a la 1:45 con el enviado de EL TIEMPO en tete-a-tete. Ahora, como cada semana desde hace unas semanas, tiene una reunión sobre Justicia. 8:15: el Presidente atraviesa los diez metros que lo separan de la sala 204 (la 206 que queda al lado está reservada para la primera dama) donde lo esperan Fabio Villegas, secretario general de la Presidencia, los generales Miguel Maza Márquez y Miguel Antonio Gómez Padilla, Gabriel Silva, asesor internacional, Fernando Brito, secretario jurídico de la Presidencia, y Rafael Pardo, consejero para la Seguridad Nacional. Antes de entrar previene: miran, hacen fotos y nos dejan.

Se entiende que es un asunto de Estado: se discute cómo llevar a buen término el juicio de los Ochoa, Pablo Escobar y los otros narcotraficantes que se han sometido a la justicia colombiana. 8:17: se cierra la puerta. Esa reunión debe durar hasta las 9:30.

Lo mejor es visitar su despacho con la complicidad de Inés. Es un cuarto de unos siete metros de larga por seis metros de ancha y tres metros y medio de alta. Su escritorio está en el fondo al lado de un cuarto diminuto donde él acumula sus archivos y otra puerta que le permite, sin pasar por los corredores, acceder, pasando frente a la bandera nacional, al Salón Protocolario, al Gobelinos, al del Consejo de Ministros...

Tanto clasicismo sorprende. De no ser por un juego de muebles en cuero, instalado en forma de salita enfrente a su escritorio, un equipo de sonido con discos láser de Beethoven (en la oficina sólo oye música clásica), una lámpara estilo italiano sobre su escritorio y un televisor, cualquiera se creería extraviado en el siglo pasado. Es una opción. Otros presidentes, como es el caso de Francois Mitterrand, prefieren hacerse decorar su oficina por diseñadores contemporáneos. De paso, les hacen publicidad.

No se puede decir que la oficina presidencial sea bella. No seduce. Es de una sobriedad un tanto triste. La luz es justa a pesar de que el Presidente, sentado en su escritorio, la recibe por la derecha de dos inmensos ventanales. El busto de Luis Carlos Galán reposa a su izquierda sobre un armario de un 1.40 metros por 1.60 metros donde cohabitan enciclopedias y libros de arte en Colombia.

Al lado y lado del salón hay dos mesitas redondas con las fotografías de su esposa con Maripaz y, en la otra, de Maripaz con él. En el extremo derecho un reloj inglés, que antes estaba en el salón del Consejo de Ministros, insiste en medir el tiempo.

Su escritorio empata mal con su mullido sillón, ese sí de ejecutivo. Dos teléfonos tiene a su izquierda. Uno blanco con un sistema llamado falcón que lo conecta directamente con sus ministros y principales directores de entidades del Estado. El otro está equipado con múltiples líneas.

El Presidente sigue reunido. Inés, que tiene fama de malgeniada en Palacio también son humanos, sigue recibiendo llamadas y organizando el paquete de decretos y cartas que el Presidente deberá firmar. De las casi tres mil cartas mensuales que recibe la Casa de Nariño cada mes, al despacho presidencial llegan unas treinta, en promedio, cada día. Ese trabajo de filtro le corresponde a los servicios que dependen de Miguel Silva, su secretario privado. El flujo es de tal magnitud que hay un libro con modelos de respuesta que se cambia cada dos meses para evitar la repetición.

Lo que el Presidente firma le llega ya preparado. Procesado dice Miguel Silva. Son respuestas concisas que, en muchos casos, él lee antes de firmar. Con decretos, nombramientos y otros documentos, se puede decir que el Presidente firma, en promedio, unas 120 veces por día. Pero en Palacio responden todas las cartas.

Inés le hace la relación de llamadas que él responde directamente o devuelve: unas cuarenta diarias. Es ella quien decide a qué hora (cuando tiene un minuto y está solo) le hace traer un plato de fruta (papaya, mandarina, higos, manzana, fresas...) o servir agua (muchos litros por día).

Ella también le pasa el monitoreo de informaciones que le hace la oficina de prensa de Palacio de manera indistinta (siguiendo los acontecimientos), entretiene a los visitantes que hacen antesala al Presidente, le pasa los regalos (recibe muchos libros) y le informa de actos a los que ha sido invitado. Difícil creer que Inés sea de malgenio. 9:30: la puerta de la 204, vigilada por la seguridad a pesar de los soldados de la guardia presidencial que, como estatuas, permanecen en cada extremo de los corredores, sigue cerrada. El edecán, mayor William Pérez, y sus otros colaboradores suponen que el Presidente debe estar mirando su reloj. La agenda oficial empieza a retrasarse.

Miguel Silva lo corrobora. Respetar la agenda es vital para el funcionamiento de la Presidencia. Tanto que esta es producto de una ardua negociación antes de ser sometida al jefe del Estado. Es él quien, en última instancia, decide. El reparto de su tiempo es concebido, a veces, con semanas de antelación. Y cada día, a las 5 de la tarde, hay una reunión en la que, finalmente, se decide la agenda definitiva. Son muy pocas las personas que lo saben: El Presidente, Miguel Silva, el jefe de seguridad... Y cada copia tiene algo que la individualiza de manera que se pueda saber, en caso de ser duplicada, de qué original provino. 9:55: el Presidente sale de la reunión. Ahora debe bajar a la Plaza de Armas donde lo esperan las cámaras de Protagonistas . Lo filman saliendo de Palacio y le preguntan si ha sentido la soledad del poder. Que no, responde. Que se ha sentido muy rodeado. El periodista no insiste y habría que hacerlo para que Gaviria se vuelva filósofo de su propia acción. 10.05: sube a su despacho y el equipo de televisión lo sigue para terminar el documento. No hay preguntas cerradas ni con cascarita (Daniel Coronell fue asesor suyo...). El Presidente cuenta por qué se ha rodeado de jóvenes, la mayoría periodistas, se muestra satisfecho por este año pero enumera lo que tiene por delante él y el nuevo Congreso y, tocando su silla, admite que le quedó gustando desde que fue Ministro Delegatorio. Y como lo fue varias veces, hay que admitir que se engolosinó con ella. Al cabo de siete minutos, Gaviria anota que hay muchos patos en su despacho. Todo el mundo se siente aludido pero él está mirando hacia la puerta donde se encuentra Fabio Villegas en mangas de camisa. Sonríen. Villegas es su amigo de siempre. 10:14: el Presidente sale y se encierra en la oficina de Villegas que se encuentra a dos pasos de la suya. 10.17: Vuelve a su despacho. 10.19: llega el ex constituyente Iván Marulanda con quien tenía cita a las 10. Inés le hace creer que ya perdió el turno por llegar retrasado. Este se lo achaca a los servicios de seguridad que lo tuvieron abajo como un cuarto de hora. La verdad es que al Presidente le sigue faltando media hora sobre la agenda. 10:20: Marulanda entra al despacho. Gaviria se sienta dándole la espalda a la ventana. Otro tinto para él y agua aromática para su paisano de Pereira.

Es momento de una escapada: están volviendo los cuadros a Palacio. Los derechos de Nariño de Grau y La Monja de Botero, que ha hecho las delicias de Osuna, están en este piso acompañando un mural sobre la campaña libertadora de Andrés de Santamaría y nueve de Antonio Barrera que se encuentran en el gran comedor.

Botero y Grau son, por ahora, lo único contemporáneo que hemos visto al lado de los computadores Macintosh que han inundado las oficinas por cuenta de los jóvenes que rodean a Gaviria. De Miguel Silva, en particular. 10:30: llega el embajador de Estados Unidos, Thomas McNamara, y se sienta en la oficina donde el edecán anota cuidadosamente quién entra y quién sale y a qué horas del despacho presidencial. Es un control riguroso e interno que se hace todos los días. José Miguel Gómez, el fotógrafo de EL TIEMPO, le hace una fotografía y McNamara se inquieta. Miguel Silva le explica que es one day in the live of Cesar Gaviria . Se ríe y sigue revisando sus documentos. 10:37: termina el Presidente la audiencia con Marulanda. 10:40: sale de su despacho en busca del embajador. Hicimos esperar al embajador , le dice mientras este empaca los documentos que estaba revisando. Lo antecede. Se cierra la puerta. 10:41: el Presidente vuelve a la oficina de Villegas y dos minutos después regresa a la suya. Queda tiempo para ir a mirar el Salón Protocolario donde posesionará a Alejandro Jorge García Hurtado quien vigilará el destino de los recursos provenientes del Tesoro Públicos. Es un cargo provisorio creado por la Nueva Constitución. Allí ya está casi todo listo: el nombramiento sobre la mesa, el estilógrafo para firmarlo, el texto del juramento, las luces, las cámaras de Tv. de Palacio (esos actos son filmados y fotografiados)... Al fondo hay una crucifixión de Gregorio Vásquez hecho en 1697 y que fue llevado a París en 1925. Regresó durante el gobierno de Belisario Betancur y hace poco fue desempolvado. Bolívar y Santander hacen parte de este escenario que ya ha sido ocupado por la familia de García Hurtado. 11:15: el embajador de Estados Unidos abandona el despacho. Conversación confidencial. 11:20: el Presidente pasa a la oficina de Villegas donde se encuentra Miguel Silva. A Inés le anuncian que acaba de llegar el ministro de Gobierno, Humberto de la Calle Lombana. 11:25: el Presidente retorna a su oficina y se encierra con el Ministro de Gobierno. 11:37: una posesión es tan corta como larga debe ser la espera. En un minuto se pasa de no ser a ser con, además, tinto de felicitación. El Presidente anuncia que ya no habrá almuerzo, ni tenis, pues tiene problemas que discutir con sus asesores y el Ministro de Gobierno. Una pequeña crisis . Cuál? Sonrisa. El almuerzo lo cambia por la comida. 11:44: vuelve con el Ministro de Gobierno a su despacho. En el Salón Protocolario se instala ahora la familia de José Félix Lafaurie quien, en diez minutos, será viceministro de Agricultura. La ministra de Agricultura, María del Rosario Sintes, está por llegar. 11:55: misma puerta, mismo Presidente, mismo juramento, misma firma, mismas cámaras, mismos fotógrafos, otro tinto. Esta vez el interlocutor principal del Presidente es Enrique Gómez Hurtado quien hace parte de los invitados del viceministro: unas 25 personas. Hablan de las campañas que acaban de empezar. Gaviria estrecha manos y sonríe. 12:05: el Presidente vuelve a su despacho y le anuncian que ya están presentes, en el Salón de Gobelinos, los ministros, el contralor Manuel Francisco Becerra Barney, el procurador Carlos Gustavo Arrieta, el general Maza y directores de algunas entidades. El atril lo espera y, en el fondo, ya están instaladas en su tarima las cámaras de Tv. Prensa casi no hay: el show hoy se lo roba la presentación de la licitación de Tv. 12:10: Carlos Zambrano, locutor de Radio Nacional enviado a Palacio para presentar todos los actos, abre este primer balance de la misión de moralización y eficiencia en la administración pública . El Presidente lee un discurso de seis páginas, lanzando pocas miradas al auditorio. Una guerra acaba de ser declarada: contra la corrupción. El la vuelve prioridad de su Gobierno y anuncia que la confianza del público se logrará con hechos. Es evidente.

Esa va a ser su revolución pacífica. Veremos. Becerra le sigue. Muestra su plan de reestructuración de la Contraloría y anuncia, en resumen, que eso se va a poner bueno para el país. Veremos. El Procurador va en el mismo sentido. El Presidente los observa con un interés mesurado. No da muestras ni de aprobar ni de disentir. Oye. Y mientras lo hace bebe mucha agua (siete vasos) y no sabe muy bien qué hacer con sus manos y sus piernas. Las cruza, las estira, las plega... 1:15: Zambrano agradece la asistencia. Gaviria se entretiene, en el corredor, con Andrés Restrepo Londoño, presidente de Ecopetrol, durante cinco minutos y vuelve a su despacho. 1:30: Gaviria se dirige a su residencia privada. En su biblioteca se reúne con el Ministro de Gobierno, Fabio Villegas, Rafael Pardo, Miguel Silva, Mauricio Vargas y Gabriel Silva. Un aperitivo es servido y, por ello, no se deja tomar ninguna fotografía. La reunión es privada, y el Presidente nos despide hasta las 3 de la tarde. 2:40: se va el Ministro de Gobierno y los asesores vuelven a sus oficinas. 3:15: el Presidente llega a la oficina de Villegas. Ahí trabajan sobre los últimos detalles para la reunión del Consejo Nacional de Política Económica y Social (Conpes). Mauricio Vargas va y vuelve en mangas de camisa preguntando si alcanzó el tiempo para hacer siesta. Parece que hay que hacer una antes de entrar a un Conpes. Son reuniones largas (hasta de tres y cuatro horas) donde se leen documentos, se discuten y se deciden los programas de inversión pública. 3:30: Miguel Silva, con acuerdo del Presidente, ordena instalar dos sillas (Henry Orrego del Servicio de Prensa nos ha acompaña) detrás de la de Villegas, que se sienta frente al Presidente. Es excepcional que periodistas asistan a un Conpes. Y eso se nota en la manera como miraron ministros y otros funcionarios. De esas miradas que ponen al otro fuera de base. La más intrigada fue la Ministra de Agricultura, quien trató de resolver el enigma preguntándole a Rudolf Hommes, ministro de Hacienda. 3:35: el Presidente posa durante dos minutos para EL TIEMPO frente a una ventana del Salón Protocolario. En el Salón del Consejo de Ministros ya está todo el mundo instalado. Es una sala de unos veinte metros de larga por ocho de ancha. Un cóndor de Obregón se yergue en el muro del fondo acompañado de seis cuadros de próceres ilustres. Puede esos óleos tengan un valor histórico pero no son una fiesta estética. Será por eso que el Estado anda lejos de la cultura viva? Proyecto para el desarrollo de Amazonia y Orinoquía: es el tema que se discutirá en esta mesa de pino, color caoba de unos 12 metros (se puede alargar), con 23 sillas de cuero, un proyector y un equipo se amplificación que tiene un terminal con micrófono para cada uno de los participantes.

También están los ministros de Trabajo, Francisco Posada de la Peña, y de Defensa, Oscar Botero Restrepo, el canciller Luis Fernando Jaramillo (llegó tarde), el gerente del Inderena, Manuel Rodríguez Becerra,... 3:40: el Presidente se sienta. Gran dilema: se lee el documento (cincuenta páginas) o no? Si es así, Mauricio Vargas tenía razón. Era mejor haber hecho siesta. El Presidente, que ya ve a varios de los veinte funcionarios bostezando (él lo hará más tarde), decide que no: No se podría programar sino eso . Se lee el bloque de conclusiones. Es largo y sirven tintos (después dieron jugos). Lo que dijeron ( cuántos planes aprobados por el Conpes duermen el sueño de los justos?) pondrá verdes de la dicha a los ecologistas: se piensa montar un ministerio del medio ambiente, un consejo nacional del ambiente, unidades ambientales, una dirección nacional de parques, un plan nacional educación ambiental, una procuraduría general del ambiente, un plan de turismo ecológico...

Hay que frotarse los ojos por lo que se oye: Será verdad tanta belleza?. Y hay que pellizcarse por el sopor del ambiente. Hommes lucha, y pierde a menudo, contra el sueño. El general Botero es el más aplicado. Sigue la lectura, raya y toma notas al margen del texto. El Presidente también lee de una manera curiosa: se recuesta, levanta el texto con la mano derecha y con la izquierda se agarra, pasándola por encima del hombro, al espaldar de su silla. Villegas sale y entra. 4:10: fin del primer documento. Hay dos. El Presidente afirma que le gustó y da por empezado el debate. Debate interno que no hay que revelar. Activo de nuevo el Ministro de Defensa, el Canciller, el Director del Inderena y el de Planeación Nacional, Armando Montenegro Trujillo. Al ministro Hommes lo llaman mucho en los Conpes...

Al Presidente, el ministerio no le parece, pues parte de su plan es desmontar entidades, no crear nuevas. Hay propuestas en sentido contrario que se anuncian así: De acuerdo con usted, Presidente, pero... . Lo que queda en el ambiente es que es mejor estar representados en Brasil el año entrante por un ministro. Y que el paquete del medio ambiente a nivel internacional es mejor que sea presentado por un ministro. No hay decisión en ese sentido. 4:35: se pasa al segundo documento y su lectura se prolonga hasta las 5:12. La legislación, necesaria por la colonización incontrolada e incontrolable, es el tema. El Presidente es partidario de una legislación especial para el Amazonas. El Chocó debería gozar del mismo estatuto, dice el Director del Inderena. Gaviria asiente. Al Canciller no le parece que haya que congelar esas zonas. Gaviria oye otros análisis y zanja: hay que afinar el documento señalando en qué zonas se legislaría con mayor severidad. Un hecho: el piedemonte se va a desarrollar de todas maneras. Queda excluido. Como no se decidió, Planeación Nacional propone recoger los documentos que han sido leídos. Y lo hicieron. 5:50: el Presidente se dirige a su oficina a firmar decretos y a revisar el discurso que leerá a las 6 de la tarde en el Salón Bolívar durante el acto de entrega del Premio Nacional de la Calidad. Hasta último momento le hace modificaciones. Inés corre a hacer pasar esas correcciones en el Macintosh. Una copia llegará dentro de poco a todos los grandes medios de comunicación y a Colprensa. Entre tanto hay tertulia en la oficina de Villegas. Ernesto Samper, ministro de Desarrollo Económico, acaba de llegar y pregunta por su Rudy . Ven Rudy le grita que no te voy a hacer nada . Todo el mundo sonríe. El humor también da dividendos. 6:14: Zambrano, con una voz grave, presenta de nuevo la ceremonia. Ciento veinte personas fueron registradas por los servicios de seguridad de Palacio. El ambiente es de fiesta y eso se entiende: ahí están los empresarios premiados con sus amigos y allegados. 6:20: se anuncia un video de 12 minutos que recoge la actividad de los galardonados. Y qué video! durante un minuto funcionó totalmente desincronizado, y su calidad es tan mala que no pasaría un examen en ninguna escuela de video. Se salva IBM. 6:33: los premiados pasan uno por uno a recibir el galardón: Escobar y Martínez, Colgate Palmolive, Cementos Boyacá, IBM de Colombia y Reconstructora Comercial. 6:37: un representante de los industriales interviene. No es un discurso inflamado pero no hay ninguna crítica contra el Gobierno. Si la tienen es mejor, por educación, dejar eso para después. Están con él, le dicen en sustancia, con la apertura, con su política de modernizar al país. Gaviria les responde. Su lema es la calidad total, la competitividad que el ata, por supuesto, a los cambios institucionales. El Estado va a facilitar la acción del sector privado. Desde hoy, cuenta Gaviria, hemos incorporado a ese sector en el Consejo Nacional de Normas y Calidades. A Colombia la tenemos que modernizar los colombianos. 6:53: paso a los aplausos y a una copa de vino. Gaviria termina contra una pared (algunos de sus guardaespaldas están alertas a un metro de él). Muchos invitados quieren darle la mano, estar cerca de él, pedirle una firma o sacarse una foto con él (es un tema del cual se hablará más tarde). Tiene cinco minutos antes de salir para la Sociedad Económica de Amigos del País donde asistirá al descubrimiento de un óleo de Alberto Lleras Camargo.

Abajo, en los parqueaderos, su jefe de seguridad ya mandó disponer los tres carros presidenciales que son idénticos. Son pocas cuadras pero el dispositivo de seguridad es el mismo. 7:05: cuando el Presidente llega, ya el acto se inició. La sala principal está llena a reventar. Toda La Bogotá política está ahí. Ex presidentes, el alcalde mayor, ministros y ex ministros, economistas... candidatos. Fin. Fotos, cámaras, flash y un calor que los anfitriones tratan de sofocar a punta de whisky. El Presidente es llevado (el número de guardespaldas ha crecido) a un salón adonde es imposible entrar. 7:55: William Pérez, el edecán del Presidente, comunica que él quiere que volvamos con él, en su carro. El recorrido es tan corto que no permite articular ningún debate. El Presidente admite que es un día promedio normal. 8:00: Rafael, el mismo ujier de por la mañana, sirve un vino blanco. Simón llama de Estados Unidos y le comunica que no pudo ver el lanzamiento del Satélite de Seguimiento y Retransmisión de Información (SSRI) a bordo del Atlantis. Lo retrasaron. De pronto podrá verlo mañana. De todas maneras el sábado viaja para Miami. El Presidente, de 44 años, se vuelve, por tres minutos, el papá de un niño de 9 años. El tono cambia. Se inicia una larga charla que continúa hasta las 11 de la noche (ver Gaviria visto por él mismo pág 2). La comida, en su comedor privado, fue servida a las 10 p.m. 11:05: buenas noches Presidente.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
7 de agosto de 1991
Autor
JOSE HERNANDEZ

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