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LA MALOCA DE ARARACUARA

Una edificación alargada, techo rojizo y paredes blancas, sobresale entre el paisaje verde y las pocas viviendas construidas junto al aeropuerto de San José del Guaviare. La construcción, rodeada por seis árboles de tambor y jardines de crotos, veraneras y pasto arachis, es el resultado de un estudio financiado por la Corporación Araracuara (Coa). Se hizo pensando en aplicar a viviendas tropicales modernas los diseños de las malocas indígenas levantadas en la selva y a orillas de los caños del Guaviare.

Allí funcionan las instalaciones de la Corporación Araracuara. La parte administrativa de esa entidad está ubicada en una construcción lineal, de dos pisos, con dos salones, un pasillo central y oficinas laterales.

En el primer nivel está la zona de ruido . En los extremos de la construcción hay un salón de conferencias y otro para comunicaciones. A lado y lado del corredor están las nueve oficinas de los técnicos y profesionales que trabajan directamente con la comunidad.

En la parte superior permanecen los investigadores y el centro de documentación de la Coa.

En un costado de la edificación, junto a un patio de cemento y piedrecillas, fueron construidos dos laboratorios, talleres, bodegas y una pequeña cafetería. En total, el conjunto ocupa 1.702 metros cuadrados. Las edificaciones fueron construidas con bloques prefabricados manualmente con cemento y arena de río. Este método es común en el Guaviare debido a que el ladrillo toca transportarlo desde Bogotá. También se utilizaron algunas paredes falsas hechas con una mezcla de tierra y cemento, aplicada sobre un armazón de madera revestido de malla.

Antes de ser pintadas, las paredes fueron recubiertas con látex para tapar los poros. El clima húmedo de la región no permite utilizar estuco por que se levanta .

El principal aporte de los métodos que utilizan los indígenas para construir sus malocas es el sistema de aireado. Los indígenas dejan unos pequeños espacios triangulares, en los extremos de la construcción, que permiten la salida del aire caliente. Esa misma técnica fue aplicada en la sede de la Coa mediante la adaptación del techo. Con especies nativas Las ventanas son de dos tipos en cada oficina: vidrio fijo frente al lugar donde está colocado el escritorio y de madera, estilo persiana, en la otra parte del salón. Las paredes interiores, a los lados del corredor, fueron remplazadas por ventanas abatibles, en madera. De esa forma el aire, que llega desde la planicie que ocupa el aeropuerto, atraviesa toda la edificación.

Para elaborar el diseño también se tuvo en cuenta que este pudiera ser construido casi en su totalidad con elementos propios de la región. Algunas partes interiores y un buen porcentaje de la estructura del edificio fueron hechas en madera de parature. En los ventanales se utilizó cedro macho.

Una de las pocas cosas que llevaron de Bogotá fue la cubierta de aluminio del techo. Esta fue mandada a fabricar especialmente en ese material debido a que absorbe muy poco la radiación solar.

Y para darle un aspecto más amable al lugar, el grupo de edificaciones fue rodeado por una franja de jardines de diez metros de ancho. Allí, un grupo de técnicos de la Coa sembró seis árboles de tambor. Estos alcanzan hasta 18 metros de altura y tienen ramas muy frondosas, que proporcionan sombra a la edificación principal. El resto del jardín, al pie de los crotos y veraneras, está alfombrado en pasto arachis, una especie que permanece siempre florida y no se deja tragar por la maleza.

Todo esto fue construido en 11 meses y le costó a la Coa unos 60 millones de pesos hace dos años. Así tomó forma, a cinco cuadras del centro de la capital del Guaviare, esta moderna maloca, donde los investigadores de la Coa realizan estudios sobre suelos, cultivos, ganadería y otros proyectos que permitan desarrollar la región. Enseñanza indigena Miguel Roberto Villafradez, arquitecto bogotano, diseñó el edificio que ocupa la Corporación Araracuara en San José del Guaviare: Debido a la temperatura, unos 25 grados, se pensó en un modelo que, en un noventa por ciento, estuviera basado en el manejo de vientos y temperaturas sin elementos artificiales.

Para eso desarrolló un diseño con base en una investigación del arquitecto Santiago Moreno sobre malocas indígenas. Este diseño fue complementado luego por Gladys Paredes. Más tarde comenzamos a aplicarlo a las viviendas de los funcionarios de la Coa, aquí en San José y, finalmente, al edificio de la entidad.

Para desarrollar el proyecto se trató de reunir también otras experiencias en torno a construcciones tropicales. La Coa integró, con sus funcionarios, un equipo interdisciplinario que brindó asesoría durante la construcción del edificio.

Un grupo de ingenieros seleccionó los árboles de parature y cedro macho que utilizaron para los ventanales y la estructura interior. Otros profesionales colaboraron para adaptar cada espacio al tipo de trabajo que realiza la corporación.

El manejo de los vientos se logró, especialmente, con tres elementos: ventanas abatibles que permiten el paso del aire. Así se aprovecha la brisa que llega desde la planicie donde está ubicado el aeropuerto.

En el frente de la edificación, que tiene 42 metros, se construyeron unas aletas cada cinco metros para recoger los vientos y llevarlos al interior de la construcción. También se dejó un orificio triangular en la parte superior para la salida del aire caliente, igual que en las malocas. A los indígenas se les copió, además, la inclinación del techo (más de 36 grados) para facilitar la salidad de ese aire.

Lo que se hizo fue retomar y mejorar las enseñanzas de lo que los indígenas han aprendido de la naturaleza .

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
4 de agosto de 1991
Autor
JOSE R. NAVIA

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