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AMO A MI MANTA, MI MANTA ME MIMA

Quién no recuerda a un niño arrastrando por toda la casa una cobija que parece más bien un trapo? O mejor aún, se acuerda de ese desteñido oso de peluche que ya no tenía ojos pero que lo acompañó gran parte de su infancia?

Más de una manta, muchas almohadas e infinidad de juguetes de peluche, y hasta camisas viejas de mamás han sustituido en algún momento a los padres de muchos niños.

Dentro del desarrollo psicológico, a esos elementos se les conoce como objetos transitorios. Tienen un papel importante en el desarrollo de los menores. Les dan autonomía cuando ellos comienzan a ser independientes y a la vez les dan lo que esperan de la mamá , explica la psicóloga infantil María Elena López.

Esto es muy normal y no hay por qué alarmarse. Es una etapa que puede durar uno o dos años y que se les va yendo poco a poco. Los niños van dejando ese objeto tranquilamente sin que los adultos intervengan , dice López.

Sin embargo, unos niños viven más intensamente esa etapa que otros. Como Linus, el personaje de la historieta cómica Carlitos, que nunca abandona su manta de bebé.

A unos les dura más, tal vez cuando se sienten inseguros por algún motivo, porque es una manera de llamar la atención, o porque hay un conflicto que no han resuelto, como por ejemplo la separación de sus padres. Y se tornan en elementos críticos cuando los niños no quieren compartir con otros de su edad y prefieren quedarse con su muñeco o su cobija, o cuando llevan cuatro o cinco años en las mismas , asegura la psicóloga.

Los papás también ayudan a que la relación cobija hijo sea estrecha. Ellos cuidan el juguete preferido por sus hijos, lo empacan cuando van de viaje y viven pendientes de que su hijo siempre lo tenga a mano. Inclusive, cuando los niños entran al jardín, les permiten llevar algo de su casa para el colegio, para que se sientan seguros, pues la casa provee tanta tranquilidad que la idea es llevar algo de ella al colegio.

Todas esas ideas son buenas, siempre y cuando no reemplacen totalmente a la madre. La relación del niño con su juguete debe ser temporal , agrega López.

Las mantas también pueden ayudar a los niños a lidiar con la ausencia de la madre. Gabriel J. Ybarra, profesora de la Universidad de California, señala que los niños ven a su madre o a quien los cuida como una fuente de seguridad y apoyo, y por lo tanto, el niño puede transferir estos sentimientos hacia la cobija cuando no se halla en compañía de sus padres o seres allegados.

Esto es algo positivo, ya que la manta actúa como sustituta de la madre en su ausencia. Sin embargo, cuando se les permite escoger, es la madre a quien escogen por lo general, especialmente en situaciones de mucho estrés , dice Ybarra.

Un estudio reciente, presentado por la Asociación de Psicólogos de Estados Unidos, revela que mientras más cercano se sienta un niño a sus padres a la hora de dormir, menor será el apego a mantas y a otros objetos inanimados.

Investigaciones anteriores sugerían que el origen étnico guardaba relación con el apego a las mantas, pero el nuevo estudio destaca que la actitud de los padres y las condiciones circundantes en el momento de irse a la cama pueden ser más determinantes en el comportamiento infantil.

El estudio informa que los padres anglosajones de raza blanca y los latinos tienen mayor tendencia a considerar el apego a las mantas como algo negativo que los padres asiáticos o de raza negra.

Según Ybarra, este descubrimiento indica que el origen étnico juega su papel en las creencias paternas, pero hay otras variables, como la cercanía entre hijos y padres a la hora de dormir, que condicionan el apego de los niños a algunos objetos.

Por otra parte, no hay evidencia de que el apego a las mantas sea poco saludable o esté asociado con síntomas de ansiedad y neurosis. De hecho, muchos niños apegados a objetos inanimados suelen ser más amables y menos impositivos durante la adolescencia , destaca Ybarra.

Puede ser un síntoma neurótico, pero mucho más adelante, en la edad adulta. Es sería un caso extremo en los niños , afirma por su parte María Elena López.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
4 de septiembre de 2000
Autor
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