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OSWALDO BRACHO LE SIGUE CANTANDO A LA VIDA

Hasta hace tres años, la vida de Oswaldo Bracho eran fiestas, jolgorio, parranda y diversión.

Un día se sintió enfermo y el médico le dijo que sufría de una colitis ulcerativa. Entonces vino una delicada operación en la cual le extrajeron el colon.

Su vida no fue la misma: comenzaron los cuidados, las dietas, pero en el fondo Oswaldo seguía siendo el mismo hombre feliz de siempre.

El de cotizas, pantalonetas y franelas en sus ratos de ocio. El que nunca olvida que pasó necesidades y que su vida la ha hecho a punta de esfuerzos como cuando sacó su primer trabajo, a la edad tardía de 26 años. El que recuerda que en su niñez no tuvo muchas cosas materiales pero sí el amor de sus padres.

Amor que se vio truncado por la separación de sus progenitores. Entonces tuvo que viajar con su madre y algunos de sus hermanos a Venezuela.

Allí se volvió venezolano, sacó cédula y prestó servicio militar. Después, se ganaba la vida como peluquero y cantaba y componía.

Desde pequeñito en Arauca, donde nací, siempre componía y cantaba. Cuando pasaba cualquier cosa en el pueblo le componía canciones. Y cuando había cualquier presentación en el colegio siempre salía a cantar , dice Oswaldo Bracho.

Se dedicaba a componer para que los demás cantaran hasta que un día alguien le pagó por cantar. Al poco tiempo grabó su primer trabajo, los periódicos lo reseñaban como la nueva figura de la canción venezolana.

Recuerda que cuando era Coromoto (su segundo nombre) se fue a presentar en Arauca y aunque era conocido por la música nadie había visto a Oswaldo Bracho.

Cuando niño todos me decían Coromoto. Entonces hasta que no salí al escenario mis amigos no supieron que era yo. Hubo mamona, música y parrando de tres días , relata Oswaldo.

El tiempo pasó y un día lo invitaron a venir a Bogotá. De allí pasó a Villavicencio. Una gira muy bonita terminada en tristeza: al llegar a Venezuela encontró que su madre había muerto.

Esto fue el entierro musical de Oswaldo Bracho. Su madre murió y no pudo verla por estar cantando. Entonces durante año y medio se negó a cantar y a componer. Se fue para un hato a trabajar en ganadería.

Lo invitaron a cantar y aceptó a regañadientes. Cuando terminó se sintió realizado. Creyó que ya había cumplido con su castigo y comenzó a sacar lo que había guardado durante más de 500 días.

Oswaldo se llenó de honores y fama. Llegaron las mujeres, cinco hijos con cinco distintas. Responsable, una mamá para cada hijo, dicen unos. Irresponsable, acota él, mi papá tuvo más de treinta hijos y yo no quería hacer lo mismo de él. Pero así es la vida .

Oswaldo volvió a Bogotá y al Llano. Ambas ciudades se convirtieron en su casa. Desde hace 18 años, por vida, por amigos y por ambiente ha vivido en Villavicencio. Por la parte profesional, en la capital del país.

Hace doce años consiguió a la mujer con la que decidió casarse y quien le ha dado sus últimos dos hijos (de los siete que tiene). Cambió su vida, más juicioso, más reposado pero siempre por delante su vida profesional.

Así hasta hace tres años. De los momentos críticos se aprende. empecé a saborear el cariño de mi familia. Disfrutar más a mis hijos, a mi esposa. Algo que no cambio ni por oro ni por plata .

En diciembre pasado, Oswaldo tuvo una recaída en su salud. Le detectaron una colangitis en el hígado. Existe la necesidad de un trasplante pero su tipo de sangre ha sido un gran inconveniente. Hubo una operación. Los médicos lo desahuciaron.

Y contrario a los dictámenes de los galenos, Oswaldo sacó fuerzas de donde no tenía y sigue componiendo y recibiendo el cariño de la gente y el de toda su familia, el que me mantiene vivo .

En los próximos días viajará a Cuba para probar otro tipo de medicinas y tratar de evitar un trasplante de hígado.

Sólo le pide a Dios (su más fiel acompañante) que le dé más vida para seguir compartiendo con su familia, cantarle a la mujer, al llano y defender el folclor hasta verlo donde se merece: que sea conocido en todo el país y en todo el mundo si se puede .

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
17 de marzo de 2000
Autor
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