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A DESEMPOLVAR LA MONARETA

Respirar hoy en Bogotá, dice el alcalde Peñalosa, por causa de la contaminación equivale a fumarse 40 cigarrillos diarios, con el agravante de que por estar dos mil seiscientos metros más cerca de las estrellas, nos encontramos dos mil seiscientos metros más lejos del oxígeno.

Según sus cifras, en un año recesivo entran a la ciudad cerca de 25 mil vehículos nuevos y dependiendo del desempeño de la economía, el número puede subir hasta 70 mil. Esto equivale a una fila ininterrumpida, carro tras carro, entre Bogotá y Cúcuta.

En contraste con la ciclovía, que se ha convertido según lo muestran las estadísticas policiales, en el lugar más seguro de la ciudad, cada domingo salen a pedalear, a caminar, a patinar, a trotar pacíficamente cerca de un millón y medio de bogotanos de todas las edades y procedencias.

Con lo anterior en mente y más allá de metros y transmilenios, si no encontramos un modelo alternativo de desarrollo para el transporte bogotano, un día no muy remoto, entre semana, estaremos condenados a vivir una pesadilla kafkiana atrapados en un trancón eterno.

* * * Los datos son contundentes: mientras cerca del 85 por ciento de los bogotanos se movilizan a diario en vehículos de servicio público, incluidos buses, busetas, colectivos y taxis, solo un 12 o 14 por ciento lo hace en vehículos particulares. El resto, entre uno y tres por ciento, usa la bicicleta.

La propuesta de la Alcaldía, en sus propios términos, consiste en invitar a ese 12 por ciento a que, por un día, se transporte como el 88 por ciento restante.

En ese marco, el día sin carro particular tiene la vocación de convertirse en una jornada fructífera de reflexión para la ciudad, es decir en una oportunidad para pensar en la Bogotá que queremos construir para el futuro y en la calidad de vida que anhelamos tener.

En efecto, los modelos importados de desarrollo han generado en Bogotá catástrofes urbanas de proporciones inmisericordes. He ahí, precisamente, el reto colectivo: recuperar la reflexión sobre las políticas públicas fundamentales para la vida en la capital.

* * * Con miras al día sin carro, sin fanatismos la Alcaldía puede preparar a la ciudad para una deliberación de 12 horas, a la luz del sol, que con la ayuda de San Pedro podría desembocar en una ejemplar jornada cívica.

Para lograrlo, sin embargo, se requiere una meticulosa organización que prevenga un caos colosal y que evite daños y perjuicios sobre la vida, honra y bienes de los bogotanos.

La Alcaldía debe obrar sin pausa, pero sin prisa. Si para el 24 de febrero no están garantizados plenamente los factores de éxito de la jornada, tanto por parte de la propia Administración Distrital, como por parte del sector privado, la industria, el comercio y la Academia, se podría, por el bien del proyecto, aplazar la fecha.

Y en este período de preparación y ambientación se deben absolver las inquietudes de los bogotanos, principalmente en materias laborales y empresariales, y en asuntos de servicios de salud, educación, seguridad, parqueo y señalización.

*** Por mi parte, y dado que no tengo la posibilidad de movilizarme a caballo como lo hará, según lo ha dicho, el Ministro de Transporte, me propongo desempolvar mi vieja y aparatosa monareta, sobreviviente abnegada de porrazos múltiples, por causa de los cuales, rodando por los suelos, entendí desde muy joven que no era yo, precisamente, el llamado a suceder al gran Cochise .

Advierto, eso sí, que la horrible silla de parches y retazos de cordobán es una pifiada original del fabricante, y que el manubrio que algún día semejó la imponente cornamenta de algún bravo de la lidia, debe estar hoy reducido a una desfalleciente varilla que obligará a este servidor de ustedes a pedalear encorvado, casi acurrucado.

No importa. Lo haré con dignidad. Ese será mi granito de arena para el éxito de la jornada.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
31 de enero de 2000
Autor
Por JUAN LOZANO

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