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LAS NEGRAS QUE TEJEN EL ARCO IRIS JUNTO AL MAR

La Negra Tere se levanta temprano, toma su bolso gris donde lleva las chaquiras de los mil colores del arco iris, y se va para las playas de Bocagrande.

Lleva 18 años en ese son. Poco ve a sus hijos en la mañana. Son cuatro. No alcanza a hacerles el desayuno. La encargada es la hija mayor, una morena de 15 años que, una vez sale su madre, queda convertida en la jefa del hogar. No le abran a nadie, ni siquiera si dice que viene a nombre mío , recomienda todos los días la madre a sus críos.

Viven en el barrio Santa María. El sector tiene mala fama. Pero no todos son gente de pésima calaña, como muchos creen. Hay, sí, muchas necesidades, pobreza. Pero, también abunda la gente trabajadora y buena, como la Negra Tere.

En Santa María, los sábados y domingos salen los escaparates de sonido y la música champeta zumba y reina por siempre hasta las primeras horas del lunes, cuando el alma empieza a reposar de la estridencia, del ron de caña y de uno que otro cacho de marihuana o basuco.

La Negra Tere es Teresa Correa Liñón. Es viuda, pero tiene marido. Apenas llegó hasta tercero elemental en la escuela. Esta negra de grandes muslos y senos babilónicos es una de las más veteranas peinadoras de las playas de Bocagrande. Lleva un turbante en la cabeza y usa pantalones cortos.

Pertenece a Aspe, que es la Asociación de Peinadoras de Cartagena. La vida se la gana recorriendo el balneario de punta a punta en busca de clientes para hacerles las trenzas en el cabello, que van rematadas con las chaquiras de colores subidos.

Un peinado con trenzas para una cabeza de mujer cuesta 20.000 pesos. Si no hay abundancia de cabello, el precio baja a 10.000 pesos.

Por la primera trenza que hizo laNegrai Tere en su vida cobró 4.000 pesos. Antes, ella vendía cervezas a los turistas sedientos en la playa. Pero se le metió el que las trenzas eran mejor negocio. Ensayó con su hija y hoy es una experta.

No sólo aprendió a hacer trenzas, sino a tratar el turista, según explica.

Las 110 peinadoras que integramos la Asociación nos reunimos mensualmente en la playa y analizamos nuestra situación , dice. La presidenta, Janet Llerena López, nos recomienda que no debemos acosar al turista, que tenemos que presentarnos bien limpias y que debemos ser cariñosas .

Sin embargo, las negras hacedoras de trenzas en Bocagrande tienen, por culpa de unas pocas, reputación de problemáticas y acosadoras de los bañistas.

Una vez un turista me ofreció varios tiros, y tuve que echarle la Policía , recuerda Geraldine de Avila, de 36 años, una peinadora que lleva 13 años en el oficio. El tipo no me entendió el cobro, y cuando le dije que eran 10.000 pesos se enfureció, dijo que era caro y que sólo me daría 5.000 pesos; la cosa después se arregló .

El mismo secretario de Gobierno del Distrito, Dumek Turbay, reconoce que las negras peinadoras y la vendedoras de frutas son cosa seria . A mi despacho llegan muchas denuncias de abusos de precios , contó.

La -Negra- Tere dice que lo que pasa es que el turista a veces no entiende el costo de cada trenza, y cuando llega la hora del cobro, muchos -se estrellan- .

Tanto Geraldine como Tere sienten que hacen lo día cuando tienen entre sus bolsillos entre 30.000 y 50.000 pesos.

Hay días buenos, y a las 6 de la tarde estoy de regreso a la casa, con la plata del diario, para la comida de mis hijos , cuenta Tere. Pero dice que no todos los días son de Santa Lucía .

Hay veces que tras un día largo de sol y de várices resentidas por las caminatas no logra reunir para completar el diario.

Llegan las 8 de la noche y todavía estamos aquí, buscando a los turistas , dice Geraldine.

Las hacedoras de trenzas están zonificadas. Cada una tiene su sector, aunque no es de riguroso cumplimiento. Se les identifica por la ubicación de los hoteles. Las que están asociadas tratan de llevar su carne y la camisa marcada del gremio.

No crea, el sol mata, la gente piensa que uno está rico, trabajando frente al mar, pero no, el sol friega bastante: por eso, a mi hija no la meto en esto , cuenta Geraldine.

Sin embargo, no todas piensan como Geraldine. Ella y Tere empiezan a sentir la avalancha de una nueva generación de peinadoras que les quitan la oportunidad de ganar unos pesos de más.

Han aparecido muchas niñas, jovencitas, que los turistas prefieren porque una niña despierta más interés, o porque la gente dice: vamos a hacernos las trenzas para ayudar a estas niñitas , sostiene Geraldine, madre de 6 hijos.

Con una temporada, como esta de 2.000, que no pinta bien, las negras se preocupan. Sin embargo, tienen esperanza infinita y confían en que en unos días lleguen los veraneantes del interior del país a invadir las playas con los ahorros del todo el aío en sus billeteras.

A las que más les gusta hacerse las trenzas son las paisas y las de Cali. A los bogotanos muy pocos. íAh!, a los extranjeros también les encanta , agrega la Negra Tere.

Cuando estas mujeres regresan a sus casas, ya tienen la comida lista. Sus hijas mayores le sirven. Tere tiene televisor. Se acuesta, ve un poquito de la telenovela y queda profunda, hasta el día siguiente, cuando comienza una nueva historia de su vida, junto al mar, bajo el sol, haciendo trenzas, tejiendo esperanzas con los mil colores del arco iris.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
17 de diciembre de 2000
Autor
VICENTE ARCIERI G.

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