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PAÍS DE AGUA TIBIA

Para un observador de la cultura colombiana o de, digamos, de su universo cultural, la violencia resulta ser uno de los pocos rasgos extremos de nuestra cultura, pues, por lo demás y esta es nuestra percepción el carácter más persistente de nuestro devenir gravita en las tibias aguas del término medio. Colombia es, en el fondo, un país de medianías. Tal vez, aventuramos, esta medianía característica de su inconsciente histórico es responsable de que aún en el turbión de esta violencia ubicua y pertinaz nada se resuelva, nada explote, nada pase en definitiva. La medianía de nuestra identidad toda identidad es intrínsecamente histórica y por tanto modificable se refleja en una constelación de hechos históricos que es digna de consideración y da pie a juicios como el que aquí ensayamos.

1. La familia indígena más importante que habitaba el territorio colombiano al arribo de los europeos fue la de los muiscas, agricultores sedentarios, excelentes orfebres, delicados artesanos de la cerámica y la lana, poseedores de un sentido artístico perceptible en la producción del oro, la cerámica y el estampado y confección de sus telas y mantas, dotados de un estado y una normatividad social relativamente bien establecidos. Los muiscas se hallaban en un estadio intermedio de desarrollo respecto de otros pueblos nómadas, caníbales, puramente recolectores, belicosos e incapaces de asimilar la cultura europea, lo que significó la rápida extinción de estos, en claro contraste con los primeros, los muiscas. Pero equidistaban también, en el otro polo, de incas, mayas y aztecas, cuyo estadio de desarrollo era a todas luces más avanzado.

2. Colombia es el país de América Latina con una tasa de mestizaje más alta. A diferencia de Perú, México, Guatemala y Ecuador, la población de pura estirpe indígena o lo más próximo a esto es en Colombia bastante reducida. A diferencia de los países-isla del Caribe y de Venezuela, por otra parte, la mezcla con el elemento negro, aunque en el caso de Colombia en su región Caribe, puede ser similar, este tipo humano pierde fuerza cuando para Colombia entran en juego por necesidad los rasgos demográficos del resto de su territorio. Así que en últimas Colombia promedia efectivamente los componentes raciales que en los otros países de la región se mantienen con más pureza.

3. El príncipe de los conquistadores llegados al territorio que hoy es Colombia y que puede considerarse propio de este territorio porque Pizarro y Belalcázar pertenecen más al Perú fue Jiménez de Quesada, un hombre comparativamente culto, licenciado en leyes, propuesto por los críticos como posible modelo de El Quijote, nombrado por la Corona para una magistratura en la recién fundada Santa Marta. Jiménez exploraría el Magdalena y fue por derecho propio el conquistador de los muiscas. Aunque su calidad humana lo distingue de las mesnadas de soldados rasos y analfabetos, ex presidiarios y lumpescos enganchados en la conquista, algunos de los cuales fueron bendecidos por la fortuna como Pizarro mismo, la hazaña conquistadora de Quesada no alcanza, sin embargo, para alzarlo al nivel de los capitanes de Perú o México: Pizarro o Cortés. Don Gonzalo apenas habita las medianías en el escalafón de la hazaña.

Vacilación administrativa.

4. La mayor parte del oro de España, oro que, o bien le robaron los piratas o se fue al mar en el naufragio de sus barcos o simplemente fue a parar a las manos de los mercaderes holandeses, ese oro procedía en buena parte, como se dijo, de las tierras de la etnia muisca o de la familia linguística chibcha. Siendo tal el caso, sin embargo, el significado económico de ese oro, su valor era escaso, estrictamente poco importante en comparación con la plata producida por Potosí o por México, mucho más significativos en tal sentido lo que la administración de la metrópoli tuvo siempre claro para el imperio español.

5. México y Perú, en efecto, recibieron desde el comienzo de la conquista la distinción de virreinatos. No ocurrió así con la Nueva Granada, nombre colonial de Colombia, que la Corona estableció simplemente como Capitanía General y a la que concedió el virreinato solo en 1717 para cancelarlo seis años más tarde y reimplantarlo a los 16, en una vacilación administrativa sospechosa, por decir lo menos.

6. Durante el período colonial, la Nueva Granada tuvo un desempeño discreto en lo económico y en lo cultural. La fortificación de Cartagena es una de las pocas obras destacadas, pero esa arquitectura masiva de intención militar tuvo réplicas, aunque menores, en las islas del Caribe. En términos de arte arquitectónico, pictórico, religioso, de la madera, brillaron más México y Perú e incluso territorios secundarios respecto de la Nueva Granada como Quito. Parecida valoración puede hacerse en lo literario. Durante la segunda mitad del siglo XVIII, la Nueva Granada es escenario de una expedición científica, la de Mutis, pero la Corona borbónica inició varias otras expediciones de este tipo, de las cuales es famosa la de Malaspina en México a principios de los 90. Es también escenario la Nueva Granada de la Revolución de los Comuneros, vendida en buena parte por sus líderes y menos sonada que la de Túpac Amaru en el Perú por la misma época. La Nueva Granada, además, no puede quizá considerarse como un territorio pobre, o mejor diríamos, con problemas graves de escasez, pues su agricultura lo hace autosuficiente, pero carece del dinamismo del virreinato del Río de la Plata en el siglo XVIII, estimulado por el filibusterismo inglés y no exhibe tampoco el dinamismo de Venezuela, más conectada con España y habitada por gentes más inquietas que las neogranadinas. Introversión y medianía siguen siendo la pauta dominante entre estos últimos.

7. Ni la inquisición, ni la explotación de la mano de obra indígena, ni los conflictos sociales tuvieron expresiones extremas o siquiera fuertes en la Nueva Granada colonial comparada con México o Perú. La inquisición de Cartagena quemó a seis personas, la de Perú o México a más de 100. El trabajo forzado en las minas de plata de Perú o México registró niveles de maltrato sin contraprestación en la Nueva Granada. Hasta la guerra de independencia parece haber sido más deshumanizada en Venezuela y más económicamente costosa en México que en Colombia.

8. Durante el siglo XIX Colombia lo ha señalado Malcolm Deas fue un país de pobreza franciscana. Fue en esa época uno de los Estados con más pobres ingresos fiscales y con un comportamiento muy precario en términos de comercio exterior. Mientras en 1835 según datos recogidos por D. Bushnell Colombia exportaba dos dólares per capita, Venezuela exportaba 2.5, Perú 3 y Cuba 19. En 1880 la relación era: Colombia 4.7, Venezuela 6.4, Brasil 8.5, Argentina 31.7 y Cuba un espectacular registro de 46. En desarrollo vial, Colombia concluye el siglo con 500 kilómetros de ferrocarril, Argentina con 17.000 y México con 14.000. El primer hombre realmente rico de Colombia fue Pablo Escobar, es decir un colombiano de hoy, conocido de autos. Los capitales de los millonarios colombianos en los siglos XIX y XX eran modestas fortunas al lado de la de los venezolanos, los argentinos, los mexicanos o los brasileños.

9. La vida política colombiana después de la independencia no ha estado desprovista de conflictos sociales y numerosas guerras civiles, algunas de las cuales en el siglo pasado difícilmente calificarían de tales, siendo más probablemente colecciones de escaramuzas y pequeños ataques entre bandas rivales mal armadas. La guerra de los Mil Días es tal vez la más trágica, siendo su Batalla de Palonegro la más cruenta, con 4.000 muertos y muchos heridos y mutilados. Pero si hacemos caso omiso del capítulo de la violencia en el siglo XX, Colombia no ha experimentado, para bien, salvajes y prolongadas dictaduras como la de Rosas en Argentina (1829-1852), la del Doctor Francia (1820-1840) o Alfredo Str(1954-1989) en Paraguay, la de Estrada Cabrera en Guatemala (1898-1920), la de Juan Vicente Gómez en Venezuela (1908-1935), la de Mariano Melgarejo en Bolivia (1864-1871), la de Getulio Vargas en Brasil (1930-1945), la de Papá Doc Duvalier e hijo en Haití (1957-1986).

Senda oscura Colombia presume de ser la democracia más persistente de Latinoamérica, lo cual es claramente una ficción debida a esa definición puramente estadística de democracia hecha por los norteamericanos que reducen la democracia a presidentes elegidos en elecciones aparentemente populares. Pero, más allá de esa fachada, es cierto también que el dominio del pueblo por las elites ha sabido mantener apariencias y formalismos. Esta controvertible habilidad para guardar las apariencias en la medianía, en la tibieza, es parte del juego siniestro responsable de que la violencia de la segunda mitad de siglo XX no conduzca a nada ni se resuelva en nada. También es cierto, a la vez, que Colombia no ha experimentado revoluciones populares exitosas en su vida independiente que hayan culminado con la toma del poder, salvo tal vez un episodio menor en 1859-1861 que llevó a Mosquera, ambiguamente convertido en liberal radical, al poder. Mientras que, en evidente contraste, México libró su gran revolución de principios de siglo (1913-1934), Bolivia experimentó un cambio revolucionario en los 50, Guatemala por esas calendas tuvo a Juan José Arévalo y Jacobo Arbenz (1944-1954), Cuba se consolidó desde 1959 como el primer país socialista de América y Nicaragua entronizó un gobierno revolucionario en 1979.

Independientemente todo de la valoración que cada cual otorgue a estos episodios revolucionarios. Cuarenta años de guerrilla comunista en Colombia, con capacidad militar creciente cada día, y centenares de miles de muertos se varan aquí como un río caudaloso al que la sedimentación de su cauce hiciera salir de él y se expandiera en vastas extensiones pantanosas que pierden fondo y nivel y fuerza de arrastre. Sin dictaduras ni revoluciones, la democracia colombiana no puede rebasar el cerrojo de las comillas y es una mediatinta que no acaba de satisfacer a las mayorías.

10. También es el punto medio el lugar de Colombia en la dialéctica entre el nacionalismo y el colonialismo, aunque esto último requiera alguna explicación. Durante su vida independiente, Colombia ha sufrido tan pronto la alienación de una posición nacionalista frente a la metrópoli norteamericana, tal como ocurrió en los primeros 25 años de este siglo tras el robo de Panamá como, por otra parte, la frustración de no ser suficientemente colonial o querida de la metrópoli, o de las metrópolis, como algunos de sus dirigentes hubieran deseado. En 1928, en medio de la conspiración antibolivarista, algunos amigos de Bolívar gestionaron ante Inglaterra para que enviara un delegado que restableciera la monarquía cuando Bolívar se retirara o muriera. Inglaterra se declaró not interested . En la guerra civil de 1859, el presidente Mariano Ospina Rodríguez tramitó en Washington la anexión de Colombia por Estados Unidos, que de nuevo se declaró not interested . En el siglo XX, como lo ha mostrado Bushnell, la obsecuencia o diplomacia de Olaya Herrera era tanta que no solo consultaba a la United Fruit los candidatos de sus ministerios sino que durante la depresión continuó pagando a costa de sacrificios ingentes la deuda externa del país con EU. cuando el resto de Latinoamérica había cesado sus pagos, hasta que F.D. Roosevelt le pidió que dejara de hacerlo. Como quien dice, y por tercera vez: not interested .

Uribe es profesor de sociología en la Universidad Nacional.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
6 de febrero de 2000
Autor
CARLOS URIBE CELIS

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