EL ABORTO: UNA REALIDAD SOCIAL

EL ABORTO: UNA REALIDAD SOCIAL

Uno quisiera nunca tener que hablar de aborto. Irreconciliables posiciones hacen de éste, uno de los temas más álgidos y complicados en el concepto de la vida misma y la esencia humana.

16 de agosto de 2000, 05:00 am

Sin embargo, más allá de las convicciones éticas y morales, se debe aceptar aún con mucho pesar- de que el aborto no solo es una realidad, sino una realidad cotidiana, que se incrementa día tras día, y ante el cual sólo ha habido permisividad.

Los especialistas hablan hoy de una cifra que gira alrededor de los 300.000 abortos anuales. Aunque no existen estadísticas, creen ellos que, en su inmensa mayoría estos son abortos provocados. Sin embargo, vale la pena revisar cifras: ya desde hace varios años, cuando terminaba la década de los 80, se hablaba también de una cifra semejante a la dada hoy.

Los médicos aceptan que 300.000 puede ser apenas un estimativo pobre de lo que sucede en el país y que bien podrían ser muchos más los abortos provocados. Los antros , sitios clandestinos, falsas clínicas y consultorios dedicados al negocio de la muerte son incontables. Pero la legislación, a la hora de analizarla, acaba protegiéndolos, a despensas de la mujer, siempre e irremediablemente culpable.

Precisamente el tema del aborto regresó a la luz pública a raíz de una mujer que decidió denunciar y que, por ello, se vio en la cárcel. En esta oportunidad, el tema es planteado por médicos que piden que se le despoje de conceptos morales y éticos para verlo como ellos consideran que es: un verdadero y muy grave problema de salud pública.

Uno de los puntos más cruciales de las cifras que se divulgan tiene que ver con la población adolescente. Observaciones hechas tanto por el Ministerio de Salud como por la Sociedad Colombiana de Ginecología y Obstetricia muestran como, durante los cinco últimos años del siglo XX, de los índices de natalidad tuvieron un notable incremento. Entre las mujeres adultas, este índice se elevó en un 2.5 por ciento. Pero, entre las jóvenes menores de 18 años, el incremento fue del 30 por ciento.

Un detalle adicional ayuda a exponer la complicada situación de los adolescentes colombianos: antes de llegar a la mayoría de edad (entre los 15 y 19 años), el 17 por ciento de las mujeres ya son madres.

El estudio, que divulgan los doctores Camilo Mojica y Herman Redondo Gómez, muestra con gran preocupación que, en el país, cada año se registra un promedio de 1i 300.000 embarazos. De éstos, el 26 por ciento ocurre por accidente, descuido o ignorancia, y se clasifican como embarazos no deseados. Un 24 por ciento del total de embarazos termina en aborto. No se sabe cuántos son espontáneos y cuántos buscados, pero suponemos que la inmensa mayoría pertenecen al segundo grupo , dicen los especialistas.

La falta de estadísticas más confiables se debe, básicamente, al hecho de que el aborto es una práctica clandestina en Colombia. Y, de hecho, las cifras de mujeres que buscan la interrupción de su embarazo corresponde apenas a las que se registran en los hospitales. Pero, cuántas más acuden a centros ilegales, a consultorios en donde, aún hoy, se utilizan ganchos para colgar ropa y esqueletos de paraguas para sacar el feto? El doctor Redondo Gómez, presidente de Asmedas Cundinamarca, y el doctor Mojica, ginecobstetra ponen el dedo en la llaga. Por una parte, reiteran la necesidad de educar a las adolescentes y de difundir los métodos de anticoncepción o, como acostumbran llamarlos, de planificación. Por otra parte, solicitan que se revise la legislación y se establezcan castigos severos a quienes practican los abortos. Muchos más que a quienes se someten a un aborto.

Hubiéramos sido...

Si en Colombia no se hubieran establecido acciones de educación y métodos para frenar las tasas de fertilidad, la población ascendería hoy a 58 millones de personas.

En efecto, mientras en la década de los 50 una mujer en edad fértil podía tener en promedio ocho hijos, al finalizar el siglo, las tasas habían descendido a 2,3 nacidos vivos por cada colombiana.

Sin embargo, como lo expresan las cifras, a partir del año 1995 se registró un repunte en los índices de natalidad. En sí, lo que preocupa no es que nazcan más niños sino que provengan de jóvenes adolescentes y de embarazos que, en un porcentaje demasiado elevando (26 por ciento) no fue buscado y, por lo tanto, es mal recibido.

A esta cifra se suma otra igualmente preocupante: la tasa de mortalidad materna. Mientras en otros países se ubica alrededor de 10 el número de madres que mueren en el curso del embarazo o como consecuencia de complicaciones durante el mismo, en Colombia todavía se encuentra en 78 muertes por cada 100.000 nacidos vivos. Una cifra, como se ve, demasiado alta.

La primera causa de la mortalidad (36 por ciento) es la toxemia, enfermedad que relacionada con la elevación de la tensión arterial durante el embarazo, que no se puede prever y que difícilmente se puede superar.

Pero la segunda y quizá más dramática causa es el aborto (16 por ciento). Un detalle llama la atención: estos abortos no son siempre solicitados por adolescentes sino también, por mujeres adultas. Esto ocurre por múltiples razones: ya tienen hijos y no pueden asumir otro más, falta de planificación, relaciones extramaritales.

Planificar? Lo que los médicos francamente condenan es la práctica del aborto en manos de personas que buscan lucrarse con ello. Que, además, nunca o excepcionalmente- son castigadas y que, como si fuera poco, cometen en las mujeres verdaderos crímenes.

La mayoría de los abortos practicados en condiciones clandestinas dejan en las mujeres secuelas tan graves como una infección generalizada, esterilidad, hemorragias y muerte. De por sí, un aborto trae consecuencias emocionales, sentimentales y sociales demasiado graves. Se relacionan, por ejemplo, el abandono de la mujer por parte del compañero, la ruptura de la relación de pareja, las secuelas de orden sicológico y la depresión, el rechazo social.

Otro aspecto inquietante tiene que ver con el hecho de que una mujer que se ha sometido a un aborto y que ha tenido la suerte de no tener que enfrentar complicaciones físicas, se convierte en una promotora del aborto frente a otras mujeres. Y, además, es ella misma candidata a un segundo aborto.

Antes esta realidad, la Sociedad Colombiana de Ginecología y Obstetricia, presidida por la doctora María Cecilia Arturo, habla de la necesidad de establecer en los hospitales una atención postaborto (APA). Cuando llegan a los hospitales mujeres con un aborto ya hemos fallado una vez. Por qué fallar una segunda vez? La APA requiere trabajar para lograr una atención humana, cálida y de buena calidad del aborto incompleto que llega a nuestras instituciones. Si fue consecuencia de una gestación no deseada, podemos hacer prevención secundaria de un nuevo aborto dando información, educación y consejería .

Precisamente es sobre el aspecto de la educación que el doctor Camilo Mojica insiste. El primer paso hacia el aborto es precisamente un embarazo no deseado. La solución real está en la planificación y, para ello, se requiere educación . El punto central es que los jóvenes hoy comienzan la práctica de la sexualidad a edades mucho más tempranas. Se ven muchachas de 12 y 14 años que ya han tenido varios compañeros sexuales y que practican sus relaciones sin ninguna información previa.

Con educación, se le da cabida a la elección informada. Todo médico le debe informar a su paciente las alternativas de las que puede disponer, y el paciente es quien debe elegir la opción que más le conviene . Además de ser una relación mucho más respetuosa y honesta entre el médico y el paciente, se logra que éste adhiere más y mejor a cualquier tratamiento.

Herman Redondo amplía su concepto: el aborto, dice, debe ser visto más allá de los límites de la ética y la moral. Es un problema demasiado grave, cuya solución ha ido postergándose año tras año y que se ha convertido y debe ser visto como tal- en un problema de salud pública.

El segundo punto que defiende el doctor Redondo tiene que ver con la legislación. La propuesta es impedir la impunidad que hoy se presenta porque el Código Penal (Art. 343) condena por igual a la mujer que cause su aborto como a quien lo practique. Esto, en la práctica, impide que la mujer denuncie al abortista por temor a la prisión que va de uno a tres años .

La ley, dice el especialista, debe ser más flexible con las mujeres. En su angustia, ellas acuden a quienes se lucran de este negocio . En cambio, debería ser mucho más severa con los abortistas. El hecho de denunciar debería ser una condición atenuante para minimizar la pena de la mujer que en este proceso es más víctima que cualquier otra cosa. Se podría por ejemplo, conmutar su pena por arresto domiciliario .

Educar no es...

No. Educar a los adolescentes no es una manera de invitarlos a practicar el sexo sino, por el contrario, a evitarlo.

Cuando la educación se fundamenta en los principios del respeto y la moral, cuando se habla sin engañar, el adolescente queda dotado de las herramientas necesarias para tomar una decisión madura.

Los más grandes errores, que acaban de manera trágica en muerte, esterilidad o traumas sicológicos y afectivos para la vida, suelen ser el resultado de la ignorancia y el engaño.