LA BANDERA PANAMEÑA DE JURADÓ

LA BANDERA PANAMEÑA DE JURADÓ

El asunto parece haberse quedado entre el patrioterismo y la rareza. Pero es algo más. Fue el gesto desesperado e irreflexivo de una perdida población del Pacífico colombiano para advertir que el abandono en que se encuentra desde siempre puede producir fácilmente reacciones de esta naturaleza. O, en el peor de los casos, impulsar olas migratorias hacia la frontera norte, donde los chocoanos de costa han tenido un objetivo próximo para su aventura de supervivencia.

17 de febrero de 2000, 05:00 am

Desde que tengo memoria, los costeños del Pacífico chocoano fijamos la mirada y las esperanzas en dos polos: hacia el sur, Buenaventura, el puerto promisorio; hacia el norte, Panamá, el canal donde se veía el futuro con el símbolo norteamericano del dólar. Durante mi infancia en Bahía Solano, no había chocoano que no cifrara su futuro en un viaje a Panamá.

Mirar hacia el oriente, donde quedaban las remotas Quibdó, Istmina o Condoto, equivalía a mirar hacia la casi impenetrable selva del Darién. O hacia un pasado cercano de saqueo económico, pues el Estado colombiano había permitido la explotación del oro y el platino a capitales extranjeros y nada quedaba ya de aquel fabuloso tesoro, sólo orillas miserables y enfermas, desnutridas y desamparadas, clamando a los gobiernos de turno lo que estos nunca quisieron darle: la dignidad de pertenecer al territorio colombiano.

Querer ser panameño en una región donde ser colombiano es apenas una fatalidad o un formalismo sin recompensa justa, estuvo siempre en los deseos de numerosos chocoanos. Tal vez allá fuera mayor la atención que podría prestarles a quienes llegaban en busca de trabajo o de esa pequeña prosperidad negada una y otra vez a lo que parecía seguir siendo un territorio de misiones. Paciente y pacífica desde siempre, porque sólo ahora la guerra miserable ha llegado a sus orillas. Paras y guerrillos se disputan hoy un territorio que ha de tener seguramente un envidiable corredor de narcococinas metidas en la selva, un espacio estratégico en las comunicaciones hacia el Caribe y Centroamérica.

La izada de la bandera panameña en la población de Juradó, acosada por la subversión y tal vez en algún momento por las autodefensas, es algo más que un gesto simbólico. Es una advertencia que tiene raíces históricas en el hondo sentimiento de desprotección de los habitantes de esas costas. Los hombres no viven, comen, se visten o logran salud, educación y vivienda siendo cerreramente leales a una idea de patria.

Buscan lo que les niegan donde sea. Patriotas y antiseparatistas en la guerra que desembocó en la pérdida de Panamá, los chocoanos de costa llevan casi un siglo viviendo el sentimiento de separación que les impone el Estado colombiano.

No va a suceder lo que muchos temen, es decir, que los habitantes de esa franja costera nieguen la patria que los abandona. Lo que sí puede suceder es que las migraciones se incrementen, que esas aldeas se queden sin habitantes o que, buscando un refugio más seguro y menos indigno, se replieguen hacia las capitales del centro para engrosar esos ejércitos de desplazados que ahora han acabado por romper aún más la poca identidad nacional que nos queda.

En el Chocó se ha estado dando una identidad regional profunda , asumida con orgullo, pero, al mismo tiempo, se ha cultivado la certidumbre de pertenecer cada vez menos a un tejido nacional roto, en el que la región se parece al retazo que se pega a las malas a una colcha.