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CLAVE 1912 MUERE RAFAEL POMBO

Este primer domingo de mayo de 1912, el sol amaneció de luto. Compartieron su tristeza, la Pobre Viejecita y el Gato Bandido y Rin Rin Renacuajo y Simón el Bobito. Y con ellos, miles de niños y de adultos con alma de niño que despidieron ese día a quien ha sido considerado como el poeta mayor de la patria . Rafael Pombo no murió, pues su vigencia se siente. Sus versos quedaron grabados en el alma de su América, y no sólo los inolvidables del género infantil, sino su inmensa producción más de 500 poemas urdidos ellos con los finos hilos del romanticismo, del lirismo y de la melancolía.

Cómo era Pombo? El martes siguiente a su muerte, EL TIEMPO publicó una semblanza del poeta: Pombo era feo, atrozmente feo. Una cabecita pequeña, boca gruesa, bigote y perilla rubios, ojos saltones y miopes, tras unas enormes gafas. Feo, muy feo. El lo sabe y le importa un pito. Pero brilla en su cerebro la eterna, la incomparable belleza intelectual. Pombo es bello por dentro, por la elevación suprema de su espíritu y la dulzura de su carácter... . En cuanto al rigor de su trabajo, Rafael Pombo lucía más crítico que sus críticos. ...a pesar de las reiteradas instancias de sus amigos y de ventajosas propuestas de editores, nunca ha querido presentar sus versos coleccionados. Tiene horror por la masa y cree que son pocos los poetas que resisten a un análisis del conjunto de sus obras .

El 11 de noviembre de 1855, época de su residencia en Nueva York, apuntó en su diario: He reunido y ordenado mis versos para seguirlos copiando. Tengo 130 composiciones escogidas, fuera del doble que quemaré. Sin embargo, ninguna me satisface. Yo tengo la conciencia de que puedo hacer algo, y con todo, nada he hecho... . No se sabe quién era más inquieto e inestable: si él, o su musa. O quizás por igual.

Sus primeros estudios los adelantó bajo la férula clerical en el Seminario Conciliar de Bogota, y de allí, mediante inusual pirueta, fue a parar bajo la férula castrense, en el Colegio Militar. Pero no se detuvo ahí. Resultó finalmente enamorado, con pasión de poeta, de algo tan prosaico y frío como las matemáticas.

A los 18 años, el Colegio del Rosario le otorgó con honores el diploma de Ingeniero Civil. De niño precoz cometió poesía y a los 13 años se echó los largos con su soneto Ayacucho, de aplaudida factura. Exigente consigo mismo, escribió en su diario, a los 22 años: ...Cuatro años perdí estudiando matemáticas; además mi padre me ha insinuado una vergenza indeleble de que sepan que pico de poeta... .

Pero no fue sólo el amor, la ternura y la pasión, fuentes donde bebió su inspiración. También lo fueron la política, la guerra y la sociedad. Cuando el golpe de Melo contra el presidente Obando, en abril de 1855, Pombo estuvo entre los primeros que se alistaron en las filas del ejército constitucional, en calidad de ingeniero militar .

De la guerra, dio tamaño volantín a la diplomacia, y durante 12 años alternaron en los Estados Unidos y Costa Rica su vena poética y el servicio exterior.

Perdida su chanfa a raíz de otra de las guerras civiles, permaneció en los Estados Unidos dedicado, durante los siguientes cinco años, a la nada fácil tarea de vivir de la pluma. De ese exilio creativo surgieron entre mil maravillas conocidos poemas y fábulas infantiles, editados por D. Appleton, para sus publicaciones Cuentos Morales y Cuentos Pintados.

Puso fin en noviembre de 1872 a 17 años de ausencia de la patria, para embarcarse de nuevo en Bogotá, con energía primaveral, en otra aventura del espíritu: el periodismo. Entonces, su creatividad se volcó en la orientación de la opinión pública. Fundó La Siesta y El Cartucho, este último periódico, entre lírico y satírico.

El momento culminante de su vida aparece como una brillante llamarada en el ocaso. Siete años antes de morir, cuando la vejez empieza a ser su compañera constante, Rafael Pombo recibe el más grande homenaje que poeta alguno haya sido objeto hasta entonces: es coronado como poeta de la patria.

A las dos de la tarde de ese domingo 20 de agosto de 1905 el coche decorado con motivos alegóricos, que conducía al poeta de 72 años, se detuvo frente al Teatro Colón. Ahí finalizó el apoteósico desfile en medio de los vítores de la inmensa multitud de sus conciudadanos, que se volcaron sobre las calles bogotanas para aclamarlo.

Detrás de su enjuta figura desfilaron en sus magníficos carruajes, el presidente Rafael Reyes, sus ministros y el cuerpo diplomático.

Al entrar el viejo poeta al recinto del Colón, donde la poesía vivía el éxtasis del entusiasmo, las orquestas confundieron sus notas con la sinfonía de aplausos. Esa tarde hubo derroche de palmas, furtivos suspiros, rimas vibrantes, versos que corrían impetuosos, discursos floridos, y recitación de poemas por los vates vencedores de un concurso lírico.

Al final, sobre las despobladas sienes del poeta, la hija del Presidente colocó la corona de oro. Era domingo de gloria... Siete años más tarde otro domingo el viejo solterón subió a los cielos, acompañado del infinito coro de niños a quienes enseñó a soñar.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
12 de mayo de 1992
Autor
Armando Caicedo Garzón

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