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TAMBIÉN HAY BACTERIAS BUENAS

No todas las bacterias son malas.

No todas las bacterias son malas.

Muchas de ellas ocasionan la fermentación o la putrefacción de la materia o son causantes de enfermedades, mientras que otras han sido benéficas para el hombre y los cultivos.

A los humanos les sientan bien las llamadas acidolácticas (ingredientes de algunas bebidas lácteas) que producen ácido láctico, componente que ataca las bacterias malas y se comportan como promotoras del crecimiento y ayudan a una mejor asimilación de los nutrientes.

En la agricultura, algunas plantas (como las leguminosas) han establecido relaciones de amistad con unas 500 especies de bacterias que les ayudan a las hojas a tomar el nitrógeno del aire, llevarlo por sus tallos hacia las raíces y fijarlo en el suelo.

Todo lo anterior es gratis. Sí, la misma naturaleza se ha encargado así de facilitar el abonamiento de los suelos, cuando se siembran plantas leguminosas como la soya, la arveja, el frijol, la alfalfa, el trébol, el kudzú y el maní forrajero.

En caso contrario, de no sembrar leguminosas y el nuevo cultivo requiera de nitrógeno, se hace necesario ir al almacén de insumos y comprar fertilizantes, que regularmente vienen en las formulaciones NPK (nitrógeno, fósforo y potasio).

Insumo para fijar nitrógeno.

Precisamente, las bacterias buenas han sido un tema de interés para los investigadores de la Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria (Corpoica) que seleccionaron la mejor entre las mejores, las llamadas bacterias Rhizobium bradyrhizobium.

Pese a lo complicado de su nombre, esta bacteria hace una labor efectiva y apreciada en la producción agrícola: ayuda a las leguminosas para que fijen una mayor cantidad de nitrógeno en los suelos.

La bacteria se produce comercialmente y la tecnología está disponible para los agricultores del país.

El Rhizobium es fácil de utilizar. Como es sólido, debe disolverse en agua con azúcar para que pegue la semilla, justo antes de la siembra; sólo se necesitan entre 5 y 50 gramos del insumo por kilo de semilla.

"Su uso agrícola se justifica cuando la aplicación indiscriminada de plaguicidas y abonos químicos o el mal manejo de la tierra han mermado la cantidad de bacterias benéficas presentes en los suelos", dijo Gloria Amparo Corredor, investigadora de Corpoica.

Algunos resultados.

En los cultivos de soya, Corpoica estableció que el uso del Rhizobium permitió a los cultivadores sustituir de 300 a 400 kilos de urea (es la que contiene nitrógeno) y, de paso, incrementó la cosecha entre 500 y 1.000 kilos por hectárea.

En arveja se pueden reemplazar 75 kilos de nitrógeno por hectárea y se obtienen entre 300 y 500 kilos más en la recolección del grano.

"Si se quiere una mayor acción sobre la fertilización de la tierra, tan pronto se cosechen los cultivos leguminosos, debe cortarse o desbrozarse el material vegetal sobrante y dejarlo sobre el suelo como cobertura", recomendó la investigadora.

Adicionalmente, las leguminosas pueden utilizarse para mejorar la calidad de las pasturas, por ejemplo, mezclando leguminosas como trébol y kudzú con otros pastos; así, los animales que pastorean consumen una mejor y mayor cantidad de nutrientes.

También sirven para aportar nitrógeno a los suelos en los cultivos permanentes, sembrando semillas de Arachis y Kudzú impregnadas con Rhizobium, en las calles de palma africana de aceite, frutales o especies forestales.

FOTO/Juan Carlos Domínguez.

Una vez cosechada la arveja, el material vegetal sobrante debe cortarse y dejarse sobre el suelo como cobertura.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
28 de junio de 2003
Autor
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