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TABIO Y TENJO, A UN PASO DE LA CAPITAL

El taita Carlos pronuncia palabras en chibcha. Sobre unas piedras grabadas por los indígenas y tras ascender por una cuesta capaz de quitar el aliento, en Tenjo, a pocos kilómetros de Bogotá, el anciano sagaz de piernas fuertes respira el aire que llega de la sabana y eleva una plegaria sagrada.

Le pide al grupo de aventureros que se concentre en el paisaje, aquel rapto de verde que tiene al frente, e invoque la magia de la naturaleza. El viento arrecia, como haciéndole caso. Tiene casi 70 años, pero los músculos los tiene acostumbrados a la dureza de los caminos de herradura. Se ha criado a espaldas de la capital y lleva a los viajeros a descubrir los senderos olvidados de Tenjo.

Pero eso lo hace después de la plegaria, que es su agradecimiento. Nos conduce por trochas hasta una cueva insólita y profunda que se atraviesa en media hora de oscuridad; vadeamos riachuelos, escalamos piedras, pasamos de refilón por el borde de la montaña y al final, llegamos al pueblo.

En un momento, bajo un bosque de pinos, el taita pide silencio y pronuncia una nueva plegaria a la naturaleza en chibcha para invocar a los espíritus sagrados. Dice que el chibcha fue la lengua de los primeros en colonizar la región de Tenjo y Tabio, y que los indígenas, para protegerse de los colonizadores, se refugiaron en esas cuestas que ahora recorremos y en donde se afirma que hay apariciones de ovnis.

Unos kilómetros a la izquierda está Tabio; otros, a la derecha de las montañas que vigilan esta población de Cundinamarca, está Subachoque, y varios kilómetros a lo lejos se encuentra Bogotá. Pero sobre la cima, solo cuenta el viento que quema.

En verdad, esa es la idea del viaje por Tenjo y Tabio, dos de las poblaciones de más fácil acceso y más cercanas a Bogotá: quemarse la vista con el paisaje y olvidarse de que el resto existe.

Porque en Tenjo apenas comienza la diversión. Tabio está a diez minutos en auto. Bello desde la entrada, tiene casas que parecen ancladas en el tiempo y pintadas por un artista del trópico. Los postres rebosan en las puertas abiertas de los locales dulceros. La plaza se abarrota de flores y hay un ambiente de calma a pesar del flujo de los turistas.

Del pueblo se puede llegar caminando a las aguas termales, el paraíso para quienes aman sentirse como papa en agua hirviendo. Sin bromas, sus aguas son famosas pues les atribuyen propiedades sanadoras. De allí se puede hacer una cabalgata, visitar la coqueta capilla Santa Bárbara, comer en la Plaza Central o comprar artesanías y detalles curiosos como muñecos en papel maché.

Si el plan es seguir caminando, hay planes para ascender a la Peña de Juaica, un peñón inmenso que domina el pueblo. Para un día en familia, está la granja ecoturística La María, una especie de miniparque Panaca, con la posibilidad de conocer la forma en que se cultivan desde lombrices hasta lechugas, con una buena cantidad de animales y caminatas por hacer.

El mejor remate del día está en el parque Carmen de los Juncales. Es de no perdérselo. No solo porque se puede beber agua pura de la fuente, caminar por una escalera tronco (un árbol caído tallado como una escalera para sortear el ascenso de una montaña), conocer especies del altiplano, ver un paisaje impresionante y recorrer por el bosque, sino porque tienen columpios de vuelo.

Si no lo ha hecho y tiene coraje, vale la pena. El despegue no es tan dramático como el aterrizaje, pero en eso está la gracia. Consiste de una cuerda larga que se descuelga por el borde de una montaña casi hacia el vacío. Para sentir la sensación de un columpio hay que tomar buen impulso y calcular bien el aterrizaje. El bautizo para los principiantes es una caída en plancha.

Pero ahí está la gracia. En salir de casa a una escasa hora de Bogotá para experimentar la naturaleza sin necesidad de dormir fuera y volver lleno de verde a nuestras viviendas de concreto.

Datos de interés Tabio y Tenjo quedan a 30 kilómetros de la capital. Para llegar a cualquiera de estas poblaciones hay dos rutas sencillas: la autopista Norte, en la que se toma la desviación en La Caro hacia Chía, y se desvía luego por Cajicá hasta Tabio. O por la autopista a Medellín, en la desviación de Siberia.

Por su carácter de pueblos, se pueden recorrer a pie y la gente está dispuesta a guiar. Hay droguerías, Internet y múltiples sitios turísticos. Entre ellos, los termales El Zipa (8648749); la finca La Tomineja (8647189); las cabalgatas en el Rancho Texas (8647431), el parque Carmen de los Juncales (315-3534474); y la granja La María (615923).

Entre los restaurantes recomendados está El Laurelito, al lado de la Alcaldía (8647115), El paso Hats (3103018314); Juaica (8647384), el Hospedaje La Casona (8647138) e infinidad de lugares de venta de postres y artesanías como la Asociación de Artesanos de Tabio, entre otros.

Para viajes organizados, la empresa Ecodestinos hace salidas por Tenjo y Tabio que incluyen transporte, almuerzo, espeleología, refrigerio, caminata y visita al parque Carmen de los Juncales. Desde 50 mil pesos. Tel. 5233618 y 5207902.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Fecha de publicación
27 de noviembre de 2003
Autor
Enrique Patiño Redactor de EL TIEMPO

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