EL ALCALDE DE QUE ENFRENTÓ LA MAFIA ITALIANA

EL ALCALDE DE QUE ENFRENTÓ LA MAFIA ITALIANA

Luchar contra la mafia: Y saber que no es invencible Nacido en el seno de una aristocrática familia de Sicilia, que parece entresacada de las páginas de El gatopardo de Lampedussa, Leoluca Orlando estudió leyes y entró en la política a finales de los setenta en el grupo de jóvenes idealistas que se atrevían a desafiar el control por la mafia de la vida siciliana, al mismo tiempo una secta particularmente mafiosa, centrada en el pequeño pueblo de Corleone, hacía su aparición, impulsada por el tráfico internacional de heroína, que la embarcó durante un reinado de terror que volvió a Sicilia el Líbano de Italia y expuso ante la prensa internacional y ante las pantallas de cine las imágenes de cuerpos ensangrentados, de rivales de los Corleone, sí, pero de jueces, de policías y de responsables de combatirlas.

12 de octubre de 2003, 05:00 am

Eran años duros en los que la mafia infiltró los más altos niveles de la política, el clero, la empresa privada y, en medio de esa sociedad enrarecida por el terror, Orlando sobrevivió a diez intentos de asesinato, tantos como sufrieron los jueces Falcone y Borselino, finalmente abatidos por carrobomba en Palermo, en donde es ahora director del Instituto del Renacimiento Siciliano. Fue alcalde dos veces y hoy como un cruzado va por el mundo inspirando una cultura de la legalidad.

El autor estuvo, grabadora en mano, durante dos horas en uno de los reservados de la cálida Casa Medina de Bogotá, una mañana de noviembre de 2002 indagando a Leoluca. El día anterior, Orlando se sumaba al alcalde Mokus en una jornada de trabajo dirigida a analizar los porqués del ensanchamiento del crimen organizado y su supuesta invencibilidad. Como si se hubiera dado cuerda él mismo, el ex alcalde de la que fuera la capital del crimen organizado recuenta: Hace 20 años se creía que la mafia era solamente de Sicilia. Hoy en día sabemos que es mundial: es rusa, china, japonesa, norteamericana, colombiana, afgana. No es un género, es una especie. Defino a la mafia en la categoría de ilegalidad identificatoria. Cada violación suya se mueve en referentes de la cultura, la religión, la idiosincrasia. Por eso se parece tanto al fundamentalismo islámico, vasco, católico. De ahí que me atenga a los Versos satánicos, el libro de Salman Rushdie, que recuerda a los fundamentalistas islámicos que la fe ciega no sirve y que al así presentarla usan el Corán contra lo que dice. Pero todas las culturas están expuestas a ese riesgo. Retrocedo en el tiempo y traigo a cuento la Sicilia de Salvatore Giuliano, que ya es un ícono mediático, como el Che. Y dejo que Orlando retome el hilo conductor: En Sicilia, la mafia ha usado el honor, la familia y la amistad en forma de verso satánico y ha matado como los pilotos suicidas de Bin Laden que con el Corán en la mano han estrellado los aviones sobre las torres gemelas. Católicos y protestantes en Irlanda del Norte cometen menores tropelías, pero también con el evangelio en la mano.

En ese momento de la charla, Leoluca Orlando plantea la manera de corregir este desperfecto cultural de permitir que lo antisocial arrase con la adhesión a unos valores de respeto a la ley, que vienen por costumbre o están escritos. Orlando pone el ejemplo de la carreta siciliana, que tiene dos ruedas, muchas imágenes, un gran colorido, algo muy típico: Las dos ruedas tienen que ir a la misma velocidad, si no el carro, en lugar de ir hacia adelante, da vueltas sobre sí mismo. Una es la rueda de la identidad, la otra de la legalidad. Si alguna de las dos va más adelante, el carro se vuelca. Si se legisla sin mirar la identidad popular, la sabiduría dirá: Se estaba mejor cuando se estaba peor . Si va más rápido la rueda de la identidad respecto a la de la legalidad, entonces hay cultura, pero hay otro riesgo, organizar en Palermo, a nombre de lo culto, un concierto en honor de un boss mafioso, que muchas veces pasó.

Le pregunto a Leoluca Orlando por qué abandonó la política interna italiana, cuando podría llegar a ser el primer presidente del Consejo Italiano verdaderamente antimafia.

- Paso solamente 3 o 4 días del mes en mi país, y el resto del tiempo vendo al mundo el lema del carro siciliano. Durante muchos años hemos sido portadores de esta clase de vih, que es la mafia, pero ahora exportamos la terapia, que data del principio de los noventa. Cuando fui elegido alcalde de Palermo, la mafia mataba solamente en mi ciudad 250 personas. En el 2001, solamente hubo ocho homicidios, ninguno de ellos relacionado con la mafia, en una ciudad de un millón de habitantes. Además, el mercado estaba todo en manos de la mafia, que determinaba qué productos se vendían, una vez se cobraban el peaje. No había ni balances, ni inventarios en la hacienda municipal. Era el caos de gobernabilidad. Al retirarme, después de un segundo mandato, Palermo tenía el índice de reconocimiento aa3 de las agencias financieras internacionales, el mismo de Estocolmo, Boston y San Francisco, dos más que Chicago y tres más que Nueva York, lo que implica que se puede tener relaciones firmes, donde antes reinaba la ley del silencio y del revólver.

Cómo se explica este milagro? Es que la rueda de la legalidad ha caminado acompasada con la de la identidad, la de la escuela, la de la iglesia, la de la sociedad civil, la de la información. Tenemos que agradecer a los policías y magistrados inmolados por la mafia siciliana, que actuaba como una ilegalidad identificatoria. Para combatir a la mafia fue más importante un sacerdote que un policía, lo que en el Islam sería mejor un buen mensaje del imán que un ejército.

Se queda usted muy poco tiempo en Colombia y aquí la mafia nos puede Volveré pronto para presentar mi libro en español, publicación útil porque cuento historias, hoy ya nadie cuenta historias, solamente comunicamos con las palabras que son iguales, perfectas, pero muertas. Amor y odio, suena más musical la última, pero pruebe a contar una historia de odio y verá la diferencia. También registro con agrado que el renacimiento de Palermo es tomado por la onu como paradigma de prevención del crimen organizado. La mafia en Sicilia ya no usa su instancia de honor y de familia como pretexto para delinquir, pero subsiste el riesgo de que con la moneda única, el euro, el dinero sucio de Sicilia pueda comprar en Berlín sin problemas y establecer así la más grande lavandería de dinero. Por eso, para combatir la mafia, hace 20 años como ahora, se necesita de la acción conjunta de las mujeres y los bancos, las primeras para que entiendan que no se puede convivir con la mafia y los bancos para que comprendan que comercialmente, si es pequeño, el dinero no tiene olor, pero si es grande, si no se vigilan las consignaciones millonarias, el cliente se vuelve dueño del banco.

Cuáles son los valores culturales colombianos que puedan estar en riesgo de volverse versos satánicos? Cuando viajo por el mundo, lo primero que hago es indagar a la gente sobre sus valores culturales. En México, por ejemplo, es tener éxito, que es un avance, pero si se mimetiza con robar, obviamente es un verso satánico. Aquí en Colombia hay dos de bulto, la familia, en cuyo nombre se mata, en cuyo nombre se desprecia al vecino y la anomia colectiva, un desentendimiento absoluto sobre la realidad nacional y ese fatídico de que el fin justifica los medios. Entonces, hay que obrar, y ya, en una operación cultural con la rueda de la identidad. Por qué no salen, como en la Palermo de mi época, 100.000 mujeres que digan no al contubernio guerrillero-narcotraficante?, por qué en la misa los sacerdotes no dicen basta ya a la violencia criminal?, por qué los periodistas se limitan a informar solamente sobre la depredación criminal sin tacharla? Hasta que la rueda de la identidad cultural no camine sola, seguirán teniendo la razón de la fuerza los criminales narcotraficantes y sus fines serán otro verso satánico.

De dónde sale su leyenda? Recuerdo que cuando usted lanzó su libro Palermo en la televisión española, su seguridad cuando llegó al estudio parecía como la de un jefe de Estado.

Ninguna leyenda. En mi libro Yo tenía que ser el próximo, muchas veces yo debía ser el siguiente. Me salvé a la primera amenaza, porque escapé con mi familia al Cáucaso y permanecí oculto con mi esposa y nuestras dos hijas. Otra vez yo no fui el siguiente, porque viví durante muchos meses en una caserna militar. En 1992, después del asesinato del juez Falcone, su esposa Francesca y tres policías y del de Paolo Borselino con cinco escoltas, después de estas dos matanzas, un periódico tituló: Leoluca será el siguiente?i Cuando las mujeres de Palermo leyeron este artículo entregaron a la policía un listado con los nombres y direcciones de sus hijos y le dijeron al jefe: Queremos que nuestros hijos vayan por turnos en el carro de Leoluca y que si él es asesinado, que nuestros hijos mueran con él . Por supuesto yo no dejé que ningún niño fuera en mi carro, pero ellas enviaron un mensaje, dijeron que yo no estaba solo, que mi vida era tan importante como la de sus hijos, entendieron que la mafia podía matar a 300 personas, pero no a 100.000. Unos días después, Totó Rinna, capo di tutti capi reunió a la Comisión Central y les dijo: Tenemos que matar a Leoluca . La mayoría votó no. La mafia tuvo más miedo de las mujeres y de los niños de Palermo que de las armas de los policías. Por eso escribí este libro, para agradecerles y señalar cuán importante es luchar contra la mafia al lado de la sociedad civil.

Leoluca, aquí existe un jefe paramilitar de nombre Carlos Castaño, que me recuerda al bandido Salvatore Giuliano, de los años cincuenta, del libro de Mario Puzzo, de la película de cómo los terrateniente de Sicilia lo cobijaron en sus fechorías para que protegiera sus intereses. Parecido a lo de Colombia Giuliano era un criminal nato. Alguna vez fue reclutado después de hacerse responsable de un crimen por un llamado Ejército de Independencia de Sicilia, que temía mucho de los comunistas, pero en una evolución temprana de la rueda siciliana, y en otros versos satánicos creía que el orgullo regional y el patriotismo lo habilitaban para matar y violar los derechos de la gente. Aunque la responsabilidad es individual, yo como católico resiento que algunos cardenales y obispos estaban relacionados con la mafia. Los que apoyaron a Giuliano vieron cómo él se volvió en su contra y formó su propia banda de forajidos. Vuelvo y le digo: lo que pasó en Sicilia puede pasar en cualquier parte del mundo, pero mi experiencia me dice que la mafia no es invencible.

Al cambio de año al 2003, Orlando, con una viñeta de un típico palacete siciliano, la Villa Virginia, me envió una postal desde Palermo y se llamó a sí mismo del autor, cordialísimo amigo . Lo acepto a nombre de la carreta siciliana que algún día deberá rodar en Colombia para extirpar la mafia. Sin más carreta de la nuestra.