UN MANUAL PARA EL CONFLICTO

UN MANUAL PARA EL CONFLICTO

Una de las ideas centrales en la elaboración del Manual de EL TIEMPO para el cubrimiento del conflicto armado y el terrorismo, lanzado el pasado 6 de noviembre y que ayer publicamos resumido, es la de que los riesgos y las trampas que enfrenta el periodismo nacional que cubre su propia guerra son tremendamente complejos. En términos de seguridad para los reporteros. Y también en la delicada área de la información, donde la toma de partido es una tentación y una presión constante y los criterios de la profesión se ven sometidos a una verdadera prueba ácida, que los medios no siempre hemos pasado con éxito.

19 de noviembre de 2003, 05:00 am

Las presiones de distinta índole para sesgar la información o silenciarla son permanentes y conspiran contra la completa independencia que demanda el oficio. Por otra parte, un conflicto que ha durado tantos años, con niveles de violencia tan elevados, genera hastío en el público y rutinas entre los periodistas, factores que no favorecen una información de calidad.

Así lo comprobó el estudio, publicado junto con el Manual, sobre cómo EL TIEMPO ha cubierto el conflicto. Predominio de informaciones oficiales y de una sola fuente; más registro de hechos que explicación del contexto y los procesos; muchas noticias escuetas y pocos análisis, reportajes y entrevistas; más protagonismo a los victimarios que a las víctimas, son algunas de las fallas de las que adolece la información. Hay logros, también, como la creación de la Unidad de Paz, dedicada a los temas de la guerra y la negociación, o el generoso espacio dedicado a ellos.

El Manual intenta remediar esas fallas y sentar unas reglas de juego precisas sobre cómo se debe cubrir el conflicto armado que rijan la labor de periodistas, editores y directivos. Criterio central: el delicado balance entre neutralidad e independencia.

En un conflicto como el colombiano, que cada día tiene más el carácter de guerra de unos grupos armados contra la sociedad, no se puede ser neutral. No se puede poner un signo igual entre estos grupos, de izquierda y derecha, que encarnan proyectos dictatoriales de sociedad, y el Estado de Derecho, en el que, pese a todo, funcionan la democracia y la libertad de prensa. Frente a la creciente degradación del conflicto y el drama de la población civil, tampoco se puede ser indiferente.

Otra consideración es la necesidad de cubrir el conflicto con la más completa independencia e imparcialidad. Frente a los grupos irregulares, por supuesto. Pero también frente al Estado y sus fuerzas de seguridad, los que, justamente por su mayor nivel de legitimidad, deben ser objeto de una activa vigilancia y de estrictas exigencias en materia de derechos humanos, transparencia y rendición de cuentas. En guerra, aún más que en paz, el rol del periodismo debe ser crítico y vigilante. Asimismo, el conflicto no puede reducirse a una confrontación bélico-criminal, y sus causas, antecedentes y procesos de fondo deben ser sistemáticamente expuestos.

Sana desconfianza frente a las fuentes y los partes de guerra; plena conciencia de que la primera víctima de las hostilidades es la verdad, y de la información se convierte en botín; presencia directa en los hechos, verificación juiciosa de los mismos, consulta de diversos puntos de vista; periodistas experimentados, con amplio conocimiento de los temas; evitar elsíndrome de lachivai ; relaciones claras con las fuentes y evaluación regular de su confiabilidad... Estos son algunos principios básicos.

El Manual aspira a ser un aporte más en el debate sobre medios de comunicación y conflicto armado, y su aplicación rigurosa debe proteger a los mismos periodistas, pues sólidos criterios profesionales son la primera regla de seguridad. Y debe contribuir a producir una información de calidad y a que la sociedad gane comprensión en cuanto a las causas de fondo y las salidas a este largo drama. En paz o en guerra, esa es la misión esencial del periodismo: informar con seriedad, con independencia, con sensibilidad. Es el mejor aporte que los medios de comunicación podemos hacer en medio de este atroz conflicto armado que desgarra a Colombia