LA MUJER: CLAVE EN LA APERTURA
Si Colombia quiere acelerar su proceso de desarrollo para ser competitiva en el campo internacional, tiene que aumentar la participación de la mujer en la fuerza laboral, según el profesor e investigador de la Universidad de Harvard, James Austin. A su juicio, la formulación de una política sobre la participación femenina es fundamental para el éxito de los programas gubernamentales de apertura de la economía y modernización de las instituciones. Solo en esa medida se conseguirá una economía más global, más eficiente y más equitativa. Además, no integrar a la mujer es desaprovechar un recurso valioso y ponerse en desventaja frente a los demás países que también están abriéndose.
En su opinión, para incorporar la fuerza laboral femenina hay que romper barreras culturales, administrativas, legales y políticas. Hay que permitirle ocupar cualquier posición, aumentando su acceso a los recursos productivos, la tecnología, la educación, el capital y el empleo.
Pero, también, es necesario diseñar programas que partan del conocimiento de las características específicas de los géneros (qué puede hacer la mujer y qué el hombre, de qué tiempo disponen etc.) y no solo de la población objeto del proyecto. Su experiencia le permite afirmar que hay planes muy bien intencionados pero sin éxito porque, por ejemplo, no se tuvo en cuenta que las mujeres no podían asistir a un curso de capacitación y este era el eje del mismo. Es decir, hay que tener bases de datos categorizados por géneros.
Austin es doctor en administración de empresas, especialista en agroindustria y desarrollo económico de Harvard, universidad en la que enseña e investiga acerca de gerencia y análisis del entorno social en países en desarrollo.
Desde el domingo está en Colombia, donde participará como conferencista en el seminario Análisis de género: dimensiones económicas y sociales en los proyectos de desarrollo que se inicia hoy en Paipa con asistencia de varias entidades gubernamentales. Esta reunión es parte del proceso de preparación del documento sobre política de la mujer que están elaborando el Consejo Nacional de Política Económica y Social (Conpes) y Planeación Nacional. Por la mañana, tiene previsto un desayuno con los ministros del Despacho.
En su opinión, la mujer es un buen recurso, pero no se han utilizado todo su potencial y productividad. Es así como, en los países que tienen un crecimiento económico avanzado, la participación femenina es mucho mayor que en los otros. Según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en Corea, la mujer es el 40 por ciento de la fuerza laboral; en Latinoamérica, el 27 por ciento y en Colombia, el 22 por ciento.
Austin, sin embargo, aclara que en la realidad estos porcentajes por lo general son mayores, pues cuando se hacen las mediciones se subestima la participación femenina.
Según él, en América Latina y en Colombia, las mujeres se encuentran principalmente en el sector servicio y en menor grado en la manufactura y la agricultura en comparación con el hombre. Pero esto no quiere decir que sea la fórmula óptima y no se considera la persona indicada para recomendar cuál es el área más en Colombia para integrar a la mujer.
Dice que para eliminar estas barreras hay que aprovechar las ventajas de la educación. No duda de que ya se está logrando igual acceso a las aulas para ambos sexos, pero piensa que una vez allí se puede hacer difusión sobre carreras no tradicionales que también pueden seleccionar las jóvenes. Además, puede ayudar a vencer los estereotipos.
Según él, las mujeres se inclinan en gran porcentaje por la salud, la educación y lo social, en las cuales siguen reflejando el trabajo que realizan en sus hogares. En su concepto, negarles la posibilidad de ser ingenieras, igual que impedir que un hombre entre a enfermería, es una pérdida del potencial en la asignación de recursos óptimos del país.
El profesor estadounidense sabe que aunque las leyes hablen de un pago igual para el hombre y la mujer, las estadísticas muestran que ellas reciben entre 30 y 40 por ciento menos, inclusive cuando tienen igual nivel de preparación. Tampoco desconoce que hay países donde para que a la mujer le den un crédito, necesita autorización firmada por su esposo o compañero, o donde le está negado ser propietaria de la tierra.
Sin embargo, es un convencido de que estas situaciones pueden cambiar con liderazgo en niveles altos. Esto no implica que, necesariamente, tenga que producirse el mismo cambio de mentalidad entre toda la población. Así, por ejemplo, una entidad crediticia puede dar el préstamo omitiendo estos requisitos, aunque mucha gente siga pensando que la mujer no debe manejarlo. También se le puede dar tierra en la reforma agraria, pese a haya quienes crean que ella no es buena para la agricultura.
Por otra parte, para incorporar a la mujer al proceso de desarrollo, Austin recomienda que se reconozca que su doble tarea, en la casa y en el trabajo, tienen el mismo valor y que las ocupaciones domésticas absorben mucho tiempo. Por eso, piensa que cualquier actividad que desarrolle un gobierno con el fin de permitir ahorro de tiempo en el hogar, será una inversión productiva, porque esas horas estarán disponibles para la fuerza laboral.
También opina que aun si no cambia el patrón de compartir tareas entre los dos sexos, hay que crear respaldos a la mujer como los hogares infantiles, campo en el que, a su juicio, Colombia ha hecho un buen trabajo.
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Otros
- Fecha de publicación
- 11 de junio de 1991
- Autor
- NULLVALUE
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