Cerrar

Publicidad

Últimas Noticias de Colombia y el Mundo - ELTIEMPO.COM

Últimas Noticias

Ver más últimas noticias

Patrocinado por:

Antonio Rosas, el agricultor que armó un caballo gigante con lechugas

Su creación ha dejado boquiabiertos a los primeros visitantes de Agro-expo 2011.

En uno de sus viajes a Estados Unidos, Antonio Rosas Roa se enteró del caso de un muchacho que consumía grandes cantidades de marihuana y su papá no sabía cómo lo hacía, pues no le daba dinero, ni muchas libertades para evitar, precisamente, ese tipo de riesgos.

Tiempo después, se descubrió que el joven tenía su propio cultivo de marihuana al interior de su oscuro y árido armario, todo gracias a la tecnología aeropónica.

 

“Fue entonces cuando pensé que si esta tecnología servía para algo malo, también podría utilizarse para algo bueno. Así se pasó de la marihuana a la lechuga”, comenta entre risas Rosas, el agricultor responsable del topiario, un caballo gigante hecho con lechugas que ha dejado boquiabiertos a los primeros visitantes de Agro-expo 2011.

Rosas y su esposa, Herminia, fueron contratados por los organizadores de la feria agrícola más grande del país para que cubrieran con lechugas el esqueleto de cuatro metros de alto por casi siete de largo que realizó el artista plástico y cantante Leonardo Arguello. Pero ese no era el verdadero reto…

“Lo difícil de esta tarea era mantener las lechugas con vida a la intemperie, al menos por los primeros días de la feria. Lo cual logré gracias a mis conocimientos en cultivos hidropónicos y aeropónicos”, explica Rosas.

Este megacaballo se mantiene con ‘vida’ gracias a un sistema de mangueras que vendrían siendo como sus venas, por las que circulan cada 15 minutos, durante 20 segundos, nebulizaciones de nutrientes mayores y menores, los cuales hacen que las lechugas se mantengan vivas.

Rosas, un boyacense de 82 años, se inició en esta ciencia a finales de los 80, durante el gobierno de Virgilio Barco, cuando una misión de Naciones Unidas vino a Colombia en busca del barrio más pobre de Bogotá, que para esa época era Jerusalén, y les enseñaron a sus habitantes técnicas de agricultura urbana, a través de cultivos hidropónicos (producción de hortalizas y cultivos, sin tierra y solo a través de agua con nutrientes).

Mucho tiempo después, como hacia el 2002, Rosas se ganó una especie de beca para ir a Tel Aviv (Israel) y allí aprendió y perfeccionó sus conocimientos. “Es increíble ver cómo hacen en pleno desierto para producir hortalizas tan grandes, sanas y bellas gracias a la hidroponía”, comenta.

Pero fue hace seis años, aproximadamente, cuando viajo a Estados Unidos y visitó dos veces la agencia espacial NASA para aprender a producir hortalizas y vegetales en ambientes tan hostiles como el espacio. Allí perfeccionó sus conocimientos sobre aeroponía (producción de cultivos a través de vapor con nutrientes) y el aprovechamiento de la luz led, para la agricultura.

Rosas ha escrito siete libros sobre técnicas del agro, tiene su propia empresa de cultivos hidro y aeropónicos e imparte clases en más de seis universidades. Actualmente, está junto con su esposa en Agro-expo, cuidando de la ‘piel’ de su gigantesco caballo.

PABLO E. TRIANA BALLESTEROS
Redactor de EL TIEMPO

Publicación
eltiempo.com
Sección
Bogotá
Fecha de publicación
15 de julio de 2011
Autor
PABLO E. TRIANA BALLESTEROS

Publicidad

Paute aqu�