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A las 4 a.m. se inicia la locura de la moda criolla en la capital

Clientela corre al centro comercial San Victorino, a comprar camisetas y yines 'levantacolas'.

Desde hace 10 años, Humberto Cuéllar viaja ocho horas de Pitalito (Huila) a Bogotá y llega, los miércoles, a las 4 de la mañana, al Centro Comercial Mayorista Gran San Victorino, en el corazón de la capital, a comprar la ropa que venderá, después, en su pueblo.

A esa hora de la madrugada, mientras el resto de Bogotá y el comercio duermen, el establecimiento, que ocupa 14 mil metros cuadrados, ya es un hervidero de compradores. Buscan las prendas de marca bogotana, que son de 'alta confección' y bajo precio y que, poco a poco, se han impuesto en el mercado popular.

Allí, la clientela hace largas filas y se apretuja para adquirir prendas deportivas y camisetas de las marcas criollas como Viotto, los yines levantacolas Crokante, los pantalones T y T, Luyen y Cannabis Yean o los sacos de tejidos Tejiestilo. Es el sitio donde no hay un traje de marca foránea y, eso, es precisamente lo que menos les interesa a los compradores.

La multitud de negociantes nacionales y de otros países como Perú, Ecuador y Bolivia que acuden al centro ha crecido al punto, que la vendedora Rosi Triana, de Tejiestilo, optó por repartir turnos de compra con fichas, para evitar las trifulcas entre las 600 personas que, en cada madrugón, se plantan frente a su vitrina.

"Este centro comercial -expresa el gerente, Jorge Alberto Villalobos- ya es muy conocido, porque aquí nació el madrugón, los miércoles -luego se extendió a los sábados-, con la venta de confecciones a bajos precios, de buena calidad y con garantía. En este lugar no se vende ninguna prenda china ni 'chiviada".

Un camisa, un pantalón o un vestido cuestan en ese centro máximo 30.000 pesos. Si se compran mayores cantidades valen unos pesos menos.

"Yeans al por mayor. Después de 6 unidades: $28.000", dice uno de los letreros de las promociones que abundan, sobre todo, en los puestos que se apiñan en los corredores de este centro comercial. Esos puntos de venta (parecidos al 'agáchese') desaparecen después de las 11 de la mañana, cuando las puertas siguen abiertas para la clientela que compra al detal.

SegúnVillalobos, los 700 locales que funcionan en el centro pueden comercializar la mercancía a bajo costo, porque "no manejan inventarios, no utilizan la tarjeta de crédito y los productos son fabricados por microempresas o empresas familiares bogotanas que tienen producción en cadena".

Con semejantes gangas, los clientes adquieren grandes cantidades de mercancía, que empacan en bultos de lona, cargan en los hombros y espaldas -igual hombres y mujeres- y salen a buscar un taxi, un bus o el carro particular para regresar al barrio bogotano o al pueblo. Viajan el mismo día que llegaron de madrugada a Bogotá, como Humberto Cuéllar.

Más de 70 millones de prendas fueron compradas el año pasado en ese centro comercial, por más de millón y medio de clientes que, de esa manera, pusieron las confecciones de marcas bogotanos de moda en el comercio nacional e internacional.

"Cada semana se lanza una colección y no se hacen muchas prendas de una misma referencia, para surtir a los compradores y evitar, también, que todo un pueblo o barrio queden uniformados", expresa Carlos Martínez, de Cannabis Jean.

Lucevín Gómez E.
Redactora de EL TIEMPO

Publicación
eltiempo.com
Sección
Bogotá
Fecha de publicación
3 de julio de 2011
Autor
LUCEVÍN GÓMEZ E.

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