Los tres son ladrones de cerebros / Ciencia

Los tres son ladrones de cerebros / Ciencia

Tres libros de temas de la ciencia hacen su explosión casi al mismo tiempo.

3 de junio de 2011, 08:53 pm

  "Una vida sin ciencia es como una vida sin música... y disfrutarla sólo precisa un cerebro receptivo". Esto dice el bioquímico español convertido en escritor, Pere Estupinyá, en El Ladrón de Cerebros (Debate/Random House Mondadori)
Conocí a Pere hace años, cuando me llamó para decirme que había seguido mis pasos para llegar a las becas del prestigioso programa Knight en Periodismo Científico, en el Instituto Tecnológico de Massachusetts y la Universidad de Harvard. Desde entonces, escribe, "me convertí en "un ladrón de cerebros promiscuo y desvergonzado que usurpaba los conocimientos que mentes privilegiadas habían tardado años en acumular. Cuando entrevistaba a algún científico siempre le exigía: No me cuentes lo que ya puedo encontrar en internet. Dime en qué estás trabajando ahora mismo aunque no esté publicado todavía. Confiésame lo que más te intriga en tu campo, qué será noticia dentro de uno, cinco o diez años".

En estilo de ameno ensayo, Pere se las arregla para meternos de lleno dentro de la vanguardia de todas las disciplinas científicas, dejándonos con hambre de más. Sus cerebros robados van desde el genetista Craig Venter, que abrió la caja sellada de nuestro ADN, hasta el ingeniero químico Robert Langer, que se perfila como una de las mayores influencias en nuestras vidas, y nuestro propio Rodolfo Llinás, el mago y señor de las neuronas.

El segundo ladrón es original. Ha decidido robarse su propio cerebro. El cosmólogo colombiano residente en Washington Dr. Sergio Torres Arzayús volcó todo lo que sabe en materia del origen del universo en El Big Bang: aproximación al universo y a la sociedad (Siglo del Hombre Editores).

Sergio hace un erudito trabajo de comunicación de la astrofísica, que resulta apasionante especialmente para el estudiante y el lector interesado en el tema. Después de todo, el autor fue parte del equipo de la NASA que trabajó en el satélite COBE, que hace 20 años revolucionó nuestro entendimiento del universo temprano.

Los primeros capítulos se adentran en los modelos cósmicos de varias culturas, la inflación del universo, y el big bang con todos sus hierros. Están llenos de analogías, reflexiones, datos interesantes, la telenovela entre científicos que se disputaron un hallazgo histórico, y reencarnaciones de encuentros imaginados con Arquímedes y Galileo y Hubble. Más adelante, Sergio se embarca en una serie de diálogos entre "Simplicio, un panadero curioso, algo leído y bastante confundido; Sagredo, un sociólogo amigable pero con tendencias panfletarias, y Salviati, un astrofísico untado de tiza, despeinado y veces arrogante". Los personajes se reúnen en el Café Literatura, donde surgen cuestiones que van desde la ética y las nebulosas planetarias, hasta ciencia y sociedad, dinosaurios, meteoritos y materia oscura.

Por su parte, la respetada periodista científica colombiana Lisbeth Fog hurga entre las neuronas de los físicos que tienen polo a esta Tierra. En Libertad para pensar y actuar, publicado en conmemoración de los 25 años de existencia del Centro Internacional de Física, CIF, Lisbeth se metió en la mente de casi cien personajes de la vida científica del país y fuera de él. Con profundidad sobrecogedora cuenta la historia del CIF, (un instituto que ha demostrado que es posible hacer ciencia de vanguardia en el país), explicando el detrás de cámaras del desarrollo de la física en Colombia.

Basada en las reflexiones de varios de sus entrevistados, la autora plantea también posibles escenarios de diferentes asuntos álgidos en el campo de la política científica del país, "tales como la subsistencia de centros de investigación independientes de las universidades, o la formación del recurso humano y otros temas que desvelan a quienes tienen en sus manos los destinos para el desarrollo en Colombia", comenta en un correo electrónico.

Por Ángela Posada-Swafford
Miami