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Editorial: En defensa de un premio

La paz de los fusiles no es la única que existe.

    Para responder a los tentáculos de un conflicto interno tan complejo como el colombiano, las experiencias de paz en el país son muy diversas. La promoción de la convivencia y la solidaridad se expresa en los más variados escenarios, desde el trabajo pastoral de la Diócesis de Quibdó, pasando por organismos ancestrales como la Guardia Indígena del Cauca, hasta la fortaleza templada en el secuestro que exhibió el cabo William Pérez.

    ¿Qué tienen en común todas esas manifestaciones colectivas e individuales? Haber sido merecedoras del Premio Nacional de Paz en alguna de sus doce convocatorias, hechas con el apoyo de Fescol, Naciones Unidas y varios medios de comunicación, incluida esta Casa Editorial.

    La turbiedad, propia del carácter de los violentos, es un subproducto de la guerra. Bajo su cobarde sombrilla se señalan personas, organizaciones y regiones enteras con la intención de estigmatizar procesos y condenar a la hoguera a inocentes sin mayores pruebas. Uno de los principales logros del premio ha sido precisamente iluminar esas zonas de conflicto para encontrar experiencias de convivencia pacífica dignas de elogiar y reproducir.

    El gran mérito de los 18 ganadores y de las 1.460 propuestas presentadas desde 1999 ha sido demostrar que es posible construir espacios para la paz en medio de la guerra. Que habitar en una región azotada por la guerrilla, los narcotraficantes o los paramilitares no implica participar en sus actividades delictivas. Y que la autonomía frente al Estado que muchas comunidades buscan no las convierte automáticamente en enemigas de este.

    Tal es el caso de la Asociación Campesina del Valle del Río Cimitarra, ACVC, ganadora de la más reciente convocatoria del premio. Las débiles acusaciones que en días pasados han sido esgrimidas contra sus 25.000 miembros, por supuestos vínculos con las Farc, confirman la estrechez de criterio de algunos comentaristas cuando de comprender el aporte de estas iniciativas comunitarias se trata.

    La paz de los fusiles no es la única que existe. De hecho, mientras la concordia llega, hay caminos, nacidos del trabajo colectivo y del tejido social, que también siembran esperanza. Al participar en el Premio Nacional de Paz, este diario ayuda a que los embates de la violencia no los erosionen.

editorial@eltiempo.com.co

Publicación
eltiempo.com
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
3 de febrero de 2011
Autor

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