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Margarita Gómez y Mateo Matamala: una historia de amor segada

Su asesinato en Córdoba le recordó al país que hay zonas donde los violentos siguen mandando.

Este miércoles en la iglesia de Santa Clara de Asís, en Bogotá, frente al cofre café en el que reposaba el cuerpo de su hermano, María José Matamala no pudo dejar de recordar los dos azulejos que se posaron en su ventana pocas horas antes de que desde Córdoba les llegara la noticia de la tragedia: los estudiantes Mateo Matamala y Margarita Gómez habían sido asesinados en el lugar donde pasaban sus vacaciones.

A María José se le ocurrió que el par de azulejos eran una representación de su hermano y de Margarita, la mujer con la que él compartió felizmente sus últimos meses de vida, y también, los insospechados instantes de una muerte que se los llevó de un sólo zarpazo.

"Los azulejos eran una pareja muy bonita y me dije: cuando uno está completamente enamorado, todo es bonito" -afirma la joven con la voz quebrada-. Mate (así le decían a Mateo) estaba en su mejor momento: plenamente radiante. No le faltaba nada, tenía a su familia unida y a su gran amor".

Ella, apenas poco más joven que Mateo, dice que no guarda ningún rencor hacia los asesinos: las nuevas bandas criminales. El doble crimen cometido por los 'Urabeños' en San Bernardo del Viento le recordó al país que esos grupos, surgidos de los restos de los antiguos paramilitares, siguen mandando sobre vidas y haciendas en algunas zonas del país.

'Víctimas, no mártires'

A Mateo Matamala Neme, de 26 años, lo recordarán como un joven noble que soñaba con cambiar el mundo.

"Era imposible no amarlo". Así lo recuerda su tío Ricardo, al evocar una de las consignas favoritas de Mateo: "¿Para qué dar la mano si puedo dar un abrazo?". Días antes, Ricardo recibió un mensaje de texto en el que él le contaba que Los Colores del Mar, la playa donde estaban acampando en San Bernardo del Viento -cerca de donde fueron acribillados- le había parecido un lugar hermoso y apacible.

Desde su adolescencia, Mateo dejó claro que no quería ser ejecutivo de corbata. Su padre, José Carlos, rememora que siempre esquivó las comodidades. Se movía por la ciudad en bicicleta y prefería el bus al carro, para ahorrar dinero y para no contaminar.

"Amaba la naturaleza y a la gente", dice su padre. Por eso nadie se extrañó de que en la misa ofrecida el viernes por la Universidad de Los Andes, donde estudiaban los dos muchachos asesinados, una de las personas más tristes fuera 'La Guajira', una habitante de la calle que tiene 11 perros a la que Mateo le daba ropa y comida.

"Mi hijo nunca nos dejaba de sorprender con su generosidad. Eso hace mayor la injusticia cometida contra él y contra Margarita", enfatiza José Carlos Matamala con indignación. "No son mártires. Son víctimas de este país enfermo. Ojalá que su muerte sirva para que por fin acabe tanta violencia".

Mateo y Margarita, de 23 años, llevaban apenas seis meses de relación pero su amor parecía infinito. Mateo la conoció en la facultad de Biología de Los Andes, donde él ya había terminado Ingeniería Ambiental. Un crimen inexplicable truncó sus planes: crear, después de graduarse en junio próximo, una fundación para apoyar a niños campesinos.

Consuelo Gómez es la mamá de Margarita. Una mujer luchadora, madre soltera que a punta de préstamos y mucho sacrificio le pagaba la universidad a su única hija.

"Sólo nos teníamos la una a la otra", advierte Consuelo, abogada oriunda de Cucunubá (Cundinamarca). Allí empezó a florecer en Margarita el amor por la naturaleza.

"Mi hija no le tenía miedo a nada. Se trepaba en cualquier lugar, se metía al agua y sacaba los animales que se encontraba", dice la mujer, descargando sus palabras en un largo suspiro en el que pareciera que se le escapa la vida.

Consuelo se sorprendía porque a pesar del poco tiempo juntos, Margarita y Mateo tuvieran un amor intenso y tantos planes juntos. "Estaban felices", dice recordando los días cuando le contaron que iban a pasar unos días de vacaciones en Córdoba, donde Mateo había logrado cupo para hacer sus prácticas.

La última vez que hablaron fue el lunes al mediodía, unas horas antes de que los mataran. Los muchachos ya alistaban viaje para Lorica, donde al día siguiente Mateo empezaría sus prácticas en una reserva de manatíes, y después iban para Montería. Margarita volaba a Bogotá al otro día. "Me dijo: mamá, tienes que ir a recogerme al aeropuerto. Estoy muy triste por dejar solo a Mateo".

Pero estuvieron juntos hasta el último momento de sus vidas. El lunes en la tarde, la Policía recibió el aviso de dos cuerpos que aparecieron en la zona costera de San Bernardo del Viento. Eran los mismos muchachos a los que los pescadores ya se habían acostumbrado a ver por el pueblo y las afueras, tomando fotos y preguntando el nombre de cada cosa.

Los primos de Margarita crearon un grupo en Facebook para recordarla. En medio de tanto dolor, todos los mensajes coinciden: la violencia segó un gran amor.

Ruta prohibida en Córdoba

San Bernardo del Viento (Córdoba). Muy a pesar de la presencia de las autoridades, en Córdoba hay rutas prohibidas para los forasteros. Una de ellas fue la que tomaron Mateo Matamala y Margarita Gómez la tarde del pasado lunes. Sin saberlo, eligieron un camino de la muerte.

En la vereda Nuevo Oriente, caserío del municipio costanero de San Bernardo del Viento, donde ocurrió el doble crimen, caminar a ciertas horas del día o de la noche es un peligro si no se cuenta con el permiso de los hombres armados que patrullan la zona, cuidando su negocio de narcotráfico.

Los jóvenes arribaron atraídos por la diversidad de especies animales y vegetales que pululan en las más de 500 hectáreas de mangle. Llegaron a San Bernardo el pasado 4 de enero y se instalaron en un modesto balneario, 'Donde Toño', que presta el servicio de baño y comedor, pero donde hay que llevar carpa.

Ya los conocían en el pueblo y por eso las autoridades dudan de que los muchachos hayan sido confundidos por los matones de alias 'Gavilán', el jefe de 'los Urabeños' en la zona. "Los mataron porque seguramente vieron algo que no tenían que haber visto", dicen en voz baja los pescadores.

Los jefes de bandas en la zona

Roberto Vargas Gutíerrez, 'Gavilán'
Jefe de 'Los Urabeños' en Córdoba. Es ex 'para'.
Maneja rutas del narcotráfico junto a su hermano Eduard Luis Vargas, alias 'Pipón'.

Ángel de Jesús Pacheco Chancy, 'Sebastián'
Es el hombre de confianza de 'Los comba' en la región
Según la Policía, pasó de 'la Oficina de Envigado' a los 'Rastrojos'. Se movió de Antioquia a Córdoba.

Germán Bustos A. 'El puma'
Cabecilla de 'Los Paisas', de la oficina de Envigado
Junto a Rafael Álvarez, 'Chepe', es jefe de un centenar de delincuentes de 'Los Paisas'.

JOSÉ ALBERTO MOJICA PATIÑO
Redactor de EL TIEMPO

Publicación
eltiempo.com
Sección
Justicia
Fecha de publicación
16 de enero de 2011
Autor
JOSÉ ALBERTO MOJICA PATIÑO Redactor de EL TIEMPO

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