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Inseguridad en las ciudades: ¿ficción o realidad?

Cara y sello de la violencia callejera y de la intranquilidad citadina.

Los indicadores de seguridad en las grandes ciudades contradicen lo que piensan y expresan la mayoría de sus habitantes.

"Tres hermanas de sangre: Ciudad Juárez (México), Caracas (Venezuela) y Medellín (Colombia) son las metrópolis latinoamericanas que más tristemente comparten el estigma de la violencia...". Con este encabezado el periodista Pablo Ordaz inició un informe especial en el periódico El País de España un domingo de octubre, en el que después de narrar historias escalofriantes de sangre ocurridas a diario en cada una de estas ciudades, terminó concluyendo que "hoy por hoy, Ciudad Juárez, Caracas y Medellín, siguen hermanadas por la violencia. Pero la ciudad colombiana lucha cada mañana por convertirse en hija única de la esperanza".

Esperanza que parece habitar los despachos de las distintas autoridades civiles y de policía regionales y nacionales, que con orgullo exhiben indicadores según los cuales la criminalidad ha disminuido visiblemente en la última década: "2010 se presenta como uno de los mejores años en la consolidación de la seguridad ciudadana al presentarse una reducción de homicidios del 4 por ciento en comparación con el año anterior. De igual manera otros delitos como la extorsión reflejan una merma del 11 por ciento con 128 casos menos... El secuestro dejó de ser la práctica de financiamiento de los grupos armados ilegales, pasando de 2.986 víctimas en el 2002 a 214 durante el 2009, la cifra más baja en los últimos 22 años", le informó a REVISTA CREDENCIAL el Brigadier General José Roberto León Riaño, director de Seguridad Ciudadana de la Policía Nacional.

Y otro dato que deja pasmado a quien lo oye es el de los homicidios, que en el 2002 fue de 28.534, y el año pasado bajó a 17.717. Sin embargo, todas estas cifras que se repiten en estudios e informes de las autoridades parecieran no ser conocidas por los habitantes de las grandes ciudades, pues al indagárseles sobre el tema de seguridad siempre se muestran pesimistas.

La Encuesta de Percepción y Victimización que hace poco divulgó la Cámara de Comercio de Bogotá, realizada entre más de ocho mil ciudadanos, mostró que con respecto al 2009 aumentó en 8 por ciento el número de personas que aseguraron haber sido víctimas directas, o alguno de sus familiares o relacionados, de delitos que van desde el raponazo del celular, el más frecuente, hasta el 'paseo millonario', el atraco con sofisticadas armas de fuego y el asesinato.

El porcentaje es bajo si se compara con las quejas continuas que se oyen en los micrófonos abiertos de las emisoras, en las cartas de los lectores a los periódicos, en reuniones sociales o en los sitios de trabajo. Informes anuales de la Fundación Cómo Vamos, que indagan a los habitantes de distintos estratos de las grandes ciudades de Colombia, reiteran la preocupación de la mayoría por la seguridad; pero en esta oportunidad, al mismo tiempo y de manera paradójica, reflejan optimismo en el futuro y relativa felicidad con el presente. Comportamiento que según algunos especialistas se explica porque los delitos en contra de la propiedad han disminuido. Un 86 por ciento de medellinenses, por ejemplo, se muestran optimistas y contentos así la guerra entre combos deje casi todos los días víctimas mortales y, el 76 por ciento de caleños hace lo propio, aunque no pase un día en que no aparezcan cadáveres dentro de camionetas o en barrancos, producto de asesinatos entre bandas de sicarios o de violencia entre pandillas.

De cualquier modo, ambas ciudades siguen catalogadas dentro de las más violentas del planeta, pero los expertos en seguridad ciudadana advierten que muchos de los vallecaucanos y paisas basan su percepción de seguridad personal en el hecho de que sus vidas se desarrollan en espacios distintos a los escenarios de violencia (barriadas marginales), y a que su actividad está muy alejada de los fenómenos delincuenciales locales reconocidos y enfrentados por las autoridades. 

Estudiosos del tema como Ariel Ávila Martínez señalan que los directos generadores del aumento delincuencial son las barras bravas de los equipos de fútbol y de las tribus urbanas, que comienzan a disputarse espacios territoriales utilizando no solo armas blancas sino de fuego; los ex integrantes de grupos paramilitares que se desmovilizaron pero no entregaron armas y cambiaron a sus patrones extraditados por unos jefes poco conocidos o recién llegados al negocio del narcotráfico, denominados 'neoparamilitares', que se mudaron del campo a las ciudades; bandas de sicarios que se reacomodan geográficamente, con nuevos jefes y otras "misiones delictivas"; y delincuencia común creciente, resultado de una justicia que no siempre impera y del bajo número de policías (En Ciudad Bolívar, por ejemplo, para cuidar 365 barrios se cuenta con igual número de policías).

Ávila, politólogo de la Universidad Nacional, con maestría en Sociología, y quien coordina el Observatorio del Conflicto Armado en la Corporación Nuevo Arco Iris, señala a estos nuevos delincuentes como los culpables de que los habitantes en las ciudades se sientan más amenazados, porque se topan con ellos o escuchan hablar de su existencia con mayor frecuencia.

En esta nueva cartografía de crímenes contra la vida, la integridad física y el patrimonio, Montería comienza a aparecer como una de las ciudades más inseguras y, en el extremo opuesto, Tunja como la más segura y tranquila. En la capital cordobesa, de acuerdo con Ariel Ávila, confluyen varios factores: se ha convertido en solicitada ruta del narcotráfico; muchos desmovilizados acuden a la extorsión como forma de vida en sus calles; han surgido nuevas bandas delincuenciales provenientes de los poderosos paramilitares que, extraditados o huyendo, fragmentaron el modelo de control territorial que impusieron con ayuda de muchos de ellos.
Toda esta delincuencia es enfrentada por autoridades que representan una institucionalidad corrupta o muy débil, como aparece registrado en investigaciones académicas y en los medios de comunicación regionales y nacionales. El año pasado se presentaron en la capital cordobesa 569 asesinatos selectivos, siendo las principales víctimas las autoridades locales, líderes comunitarios, funcionarios de la rama judicial, desplazados, indígenas, ex militares y ex paramilitares. Por otro lado, en un estudio sobre quince ciudades colombianas en las que se medían distintos índices como salud, educación, costo de vida y seguridad, Montería ocupo el último lugar, según un informe presentado por la revista Dinero.

La tranquilidad de la capital boyacense, a pesar de tener uno de los mayores consumos de alcohol y narcóticos, se explica porque sigue siendo un pueblo en donde todos se conocen, donde el frío obliga a los parranderos a terminar con la juerga antes de la una de la madrugada, y a que no existe un gran poder adquisitivo, porque la gente tiene empleo pero gana poco y el dinero circula de manera muy moderada. Agrega Ávila que Tunja posee una de las poblaciones estudiantiles flotantes más altas del país, pues las nueve universidades que funcionan allí no interrumpen la calma ciudadana. Tunja es, de acuerdo con el general León Riaño, la ciudad del país con la tasa de criminalidad más baja: 8 asesinatos por cada 100 mil habitantes.

El pasado miércoles 6 de octubre el diario El Tiempo, en un editorial titulado La nueva pata de la seguridad, afirmó que el Presidente Santos, al presentar un paquete de proyectos de ley que conforman su estrategia de seguridad ciudadana, estaba respondiendo al "incremento de la percepción de la inseguridad en algunas de las grandes capitales del país".

Dicho proyecto no solo contempla aumento de pie de fuerza de la Policía en las ciudades grandes sino también reformas al código de menores y aumento de penas, entre otras iniciativas, tendientes a tranquilizar a la ciudadanía.

En 2010 el Consejo para la Seguridad Pública y la Justicia y el Movimiento Blanco de México, revelaron un estudio con las ciudades más inseguras del mundo, encabezado por Ciudad Juárez, con 191 asesinatos por cada 100 mil habitantes, y en el que aparecen Cali con 86 homicidios y Medellín con 62. Para Naciones Unidas, un país seguro debe tener máximo cinco homicidios por 100 mil habitantes. En ese listado están Estados Unidos con 6 homicidios, a pesar de que Nueva Orleans tiene 69 homicidios por 100 mil habitantes; Europa, con 7; Chile con 5; Canadá con 2 y Japón con ningún registro. La tasa colombiana es de 39 homicidios por 100 mil, cifra que las autoridades confían disminuirá al terminar esta primera década del siglo XXI.

Reducción que se espera vaya acompañada con la disminución en otras modalidades criminales, para que realmente se pueda afirmar que se vive en paz y armonía en este pedazo del mundo.

Por Myriam Bautista.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
4 de enero de 2011
Autor

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