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La artista británica Hannah Collins realiza una exposición de sus fotografías en Bogotá
Dos exposiciones, una en la Casa de Moneda y otra en el Museo de Arte de la Universidad Nacional, buscan extender el recuerdo a través de sus propuestas.
¿Un video o una instalación pueden considerarse una forma de fotografía? Para María Wills, curadora de la muestra (Re) cámaras, espacios para una fotografía extendida -en la Casa de Moneda-, no parece ser una comparación descabellada. En efecto, es la base de lo que quiere demostrar: que los nuevos medios han logrado ampliar la noción de la fotografía dándole así un nuevo sentido de permanencia.
"La medida del tiempo es una de las reflexiones más relevantes que plantea el arte contemporáneo en torno de la fotografía. La inmediatez en la representación de la realidad, que fue uno de los logros centrales en el momento de su invención, pierde importancia", dice Wills. Así, el video de Nelson Vergara (Paisaje, 2008) registra una montaña -como una foto- pero vemos la niebla desplazarse lentamente frente a nosotros.
Es una clara ruptura del concepto mismo de la fotografía. El aparato fotográfico creado en 1839, tras experimentos de fijación de la imagen desde 1816, era el resultado lógico de la revolución industrial que encontró una técnica que capturara instantáneamente el momento.
Eso llevó a que artistas como Cartier-Bresson se convirtieran en íconos para captar "el instante decisivo". Otros, como Man Ray -de quien se inaugurará exposición el 14 de octubre-, le introdujeron el surrealismo y buscaron salirse de la representación exacta de la realidad, transformando el arte del siglo XX.
Ese es el sentido de esta curaduría. Porque ¿qué pasa cuando la intención del artista es justamente des-integrar la imagen? Las fotos de pies, manos y torso de un hombre aparecen fantasmalmente -pues flotan- dentro de tres cubos de agua. De repente, les empieza a caer una gota de agua encima. La imagen, que se sostenía tan frágilmente, empieza a destruirse. Son los Simulacros (1999) de Óscar Muñoz. La intención de inmortalidad, objetivo máximo de la fotografía, cambia.
Esta idea de movimiento y de prolongación se percibe también en los trabajos de Angélica Teuta, Víctor Robledo, Liliana Angulo y Gloria Posada, que con instalaciones que materializan el tiempo, se salen de la bidimensionalidad de la fotografía.
Ejemplo de ello es Un negro es un negro (1997-2002) de Angulo; un espacio con barras de metal oxidado que sugieren esclavización y se completa con las fotografías de pelucas inmensas, estereotipo del afroamerican look. A su lado, las obras de Juan Fernando Herrán, María Elvira Escallón, Rosario López y Miguel Ángel Rojas, entre otros, parecen salirse de su marco e invitar al espectador a entrar en su obra. Y pasa. "El observador se descubre en el acto de mirar", concluye Wills.
Tiempos paralelos
Revelación del tiempo, muestra de la artista británica Hannah Collins recién inaugurada en el Museo de Arte de la Universidad Nacional, también nos confronta con el problema del tiempo. Collins radiografía los espacios por los que pasa sin juzgarlos, haciéndonos sentir sus tensiones; señala la belleza no aparente y presenta la multiplicidad de tiempos que nos rodean: unos lentos o detenidos, otros inalcanzables.
A pesar de que su acercamiento a América Latina fue hace años, a través de la literatura del 'boom', su mirada no es romántica, aunque las imágenes que construye son de una enorme finura. Y allí da en el punto: para ella Colombia es lulo y campo, y sin embargo, sin tener una gota de miseria, sus fotos revelan incertidumbre. "Mientras en Rusia todo es brutal -el año pasado presentó una cinta de un pueblito ruso, donde la inacción era perturbadora-, la brutalidad en Colombia existe pero está escondida dentro del verde", explica.
Su obra combina fotografía y cine -una extensión natural- y en esta ocasión grafiti, con la colaboración del colombiano LESIVO. Le interesa mostrar lo que le produce el lugar que visita. Para Collins, Bogotá resulta un ejemplo de la ciudad en diferentes tiempos. "En conjunto es algo que ha crecido a su propio ritmo, no viene de un plan, como París. Sientes un tiempo y puedes verlo cuando miras el espacio", explica. Y como para ella los dibujos de las paredes están inscritos en la ciudad, los extrae e invita al museo para demostrarnos que casi flotan frente a los ojos.
Tiene la capacidad de hacernos ver lo que está allí pero no vemos. Para la curadora María Belén Sáez, "vuelve gigantes las cosas para que las podamos ver, tratando de mirar lo que no es decible, ni asible. Nos saca de nuestro propio vacío y nos hace preocuparnos, ocuparnos. Crea una relación. Ese retrato -existencial- es finalmente uno mismo".
Eso es lo que sucede cuando presenciamos Solitude and Company o La Mina, una secuencia de imágenes de 2001 de una comunidad de gitanos en Barcelona. La británica los muestra como parte de la ciudad, no como invitados, ni invasores. Ya se fundieron en ella, pero sin renunciar a su historia. La película es una fotografía de movimientos lentos con los que es imposible no entrar en comunión. Sin tener que darnos la mano para entender que debemos conmovernos ante una situación -algo que tantos artistas hacen explotando el dolor de los otros-, Hannah Collins nos deja libres para sentir. Y toca poéticamente el gran tema del arte actual: hacer o no hacer parte de la sociedad.
Globalización e intimidad son las características de la fotografía actual. Además de las exposiciones, de ello profundizará la historiadora de arte Estrella de Diego en la Cátedra Internacional de Arte (27 al 29 de septiembre). El espectador adquiere una nueva dimensión y el artista ya no puede limitarse a obturar desde la distancia. Ambos entran en escena y viven ese tiempo. Es la gran lucha contra el olvido.
DOMINIQUE RODRÍGUEZ D.
REDACTORA DE EL TIEMPO
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Cultura y entretenimiento
- Fecha de publicación
- 26 de septiembre de 2010
- Autor
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