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Alcaldía de Medellín rindió homenaje a EL TIEMPO por sus 100 años
Con motivo del homenaje, Juan Luis Mejía, rector de la Universidad Eafit, rememoró la historia de su fundación, sus personajes ilustres y los periodistas que forjaron el diario.
Hace cien años, antes de viajar a la capital para asumir la Presidencia de la República, el electo Carlos Eugenio Restrepo vendió sus acciones en el próspero negocio de la Librería Restrepo para que los negocios particulares no distrajeran sus deberes como mandatario de los colombianos.
Esta anécdota revela la pulcritud ante lo público y la búsqueda de un buen gobierno que inspiraba al llamado "canapé republicano". A pesar de ser mirada con desconfianza por los sectores radicales de los dos partidos tradicionales, la Unión Republicana , encarnada en Restrepo, se propuso gobernar con independencia y ofreciendo garantías para todos los partidos, con el fin de superar la hostilidad y la violencia que caracterizaban el ejercicio de la política en Colombia.
Para defender las ideas del republicanismo y la obra de Carlos E. Restrepo en la presidencia, el manizaleño Alfonso Villegas Restrepo fundó el periódico EL TIEMPO, el 30 de enero de 1911. El primer editorial marcaba la línea que seguiría el periódico: "Venciendo resistencias de poderosa entidad, precisamente los intereses creados por la interminable y aguda contienda de dos bandos políticos empeñados en odiarse y negarse fuego y agua, ha surgido por crisis necesaria el Partido Republicano, cuyas ideas sostendrá este diario".
El fundador tenía 27 años y las fotos lo muestran como un verdadero dandi, según la taxonomía de Carrasquilla: pelo engominado partido a la mitad, corbata de moda, ojos claros protegidos por largas pestañas. Defendía las ideas con la pluma apasionada con la cual escribía los editoriales, y el honor con un treinta y ocho largo con el que se batió frente al parlamentario Alberto Vélez Calvo en la cancha de golf del Country Club, en el último duelo de honor que se recuerda en Bogotá.
Buen periodista y regular administrador, Villegas Restrepo vendió el periódico a su amigo y colaborador Eduardo Santos y, en 1913, se marchó a Nueva York en busca de nuevas oportunidades. Regresó en 1919 con nuevos bríos para defender el moribundo espíritu político y fundó un nuevo periódico al que llamó, obviamente, La República.
En el primer número apareció la caricatura de un joven pintor de Rionegro, miembro del grupo de los 13 panidas. Se llamaba Ricardo Rendón. La caricatura muestra a los ideólogos del partido liberal que en una parihuela llevan a Alfonso Villegas que se encarama en una rama y se escapa de su propio entierro. Surgía el más importante caricaturista colombiano y republicanismo exhalaba sus últimos estertores.
La partida de defunción la expidió Eduardo Santos, en el editorial del 22 de febrero de 1921: "Diez años hemos luchado sin descanso por el Partido Republicano, colocados a todas horas bajo su bandera, con ardor y firmeza... Hoy, al proclamar nuestra creencia de que es preciso trabajar por la Unión Liberal, no abandonamos aquel partido, no desertamos de él: nos inclinamos apenas ante el hecho para nosotros innegable y patente de su desaparición".
Eduardo Santos era muy distinto de su amigo y cuñado. Hernando Téllez decía que era un espíritu europeo al que le correspondió actuar en el trópico. Disciplinado, buen administrador, austero, supo rodearse de un grupo de administradores y periodistas que convirtieron a EL TIEMPO en una gran empresa y en un foco intelectual y político de primer orden. Don Fabio Restrepo, desde la administración, y Enrique Santos Montejo, el inolvidable Calibán, completaron la nómina de un equipo que marcaría la historia del periodismo colombiano.
En los años veinte del pasado siglo, El Espectador y EL TIEMPO se convirtieron en los defensores de las ideas liberales que se oponían a la ya desgastada hegemonía conservadora. A Canos y Santos no solo los unía la afinidad política. También había sangre paisa que los acercaba. Doña Lorencita Villegas, esposa de Eduardo Santos, era pariente cercana de la señora de don Fidel Cano, doña Elena Villegas, una entre los 22 hijos de don Luis Eduardo Villegas, el llamado patriarca de la Doctora.
Al finalizar la década de los veinte, Ricardo Rendón, se traslada de El Espectador para EL TIEMPO, periódico que le ofreció la descomunal suma de treinta pesos por caricatura, suma que con frecuencia su paisano Fabio Restrepo subía a cincuenta. El implacable humor puso en jaque al gobierno de Abadía Méndez. Al otro día de su muerte trágica, Jaime Barrera Parra, su amigo, lo despedía con estas palabras: "Rendón fue popular sin quererlo. Carente de toda patética, su arte se tiñó de sarcasmo. Donde el artista sonreía, las gentes destapaban su risa gorda. Durante mucho tiempo la carcajada fue el comentario natural de la lucha política, y por eso Rendón hizo editoriales con sus dibujos".
Un mes y medio antes de la muerte de Rendón, el primero de septiembre de 1931, EL TIEMPO abre sus oficinas en Medellín. Ya la navegación aérea se había consolidado y el periódico capitalino empezó a distribuirse con regularidad en la capital de Antioquia. En una foto de la época aparece el aviso de la oficina del periódico en la mejor esquina de la ciudad: Junín con la Playa. Es como decir la Jiménez con Séptima, pero más chiquita. En otra foto el fotógrafo Jorge Obando, experto en los grandes planos, capta la fila de pelafustanes que reparten el periódico por las mañanas. Por el gran número de voceadores suponemos que la circulación del periódico era considerable, a pesar de la fuerte competencia que ofrecían los diarios locales.
A la sede del segundo piso de la carrera Junín, un día de 1934, llegó como jefe de la oficina de redacción e información, Jaime Barrera Parra, uno de los mejores regalos que EL TIEMPO le pudo dar a Antioquia. En los pocos meses que vivió en Medellín dejó algunas de las más bellas páginas que se han escrito sobre este departamento y sus gentes. Una noche, cuando asistía a la inauguración del Teatro Alcázar, se desprendió un pedazo del techo y lo mató para consternación de todo el periodismo y la intelectualidad colombiana. En su memoria, el gobierno departamental de entonces publicó un pequeño libro titulado Panorama Antioqueño, que es hoy una rareza bibliográfica.
De la misma estirpe y generación de Barrera Parra fue otro intelectual vinculado a esta tierra. Me refiero a don Germán Arciniegas. En una oportunidad, luego de haber ejercido la dirección de EL TIEMPO, las fuerzas vivas de Antioquia quisieron rendirle un homenaje. Esa noche el salón dorado del Club Unión estaba colmado de admiradores y amigos. Luego de los discursos de los oferentes llegó el turno del homenajeado, quien empezó su intervención diciendo: "Yo sé que en Antioquia me odian..." Luego, un largo silencio. Estupor en la sala. Miradas de reojo. Empujoncitos con el codo. Pisones bajo la mesa. Al cabo de un rato don Germán continuó: "Me casé con la más bonita". En efecto, en Medellín se enamoró de quien sería su compañera de toda la vida: doña Gabriela Vieira.
El flechazo ocurrió en 1921 cuando arribó a la ciudad a bordo de un monstruo con alas que se llamaba El Goliath, presidiendo la delegación de estudiantes de la capital que asistieron al Congreso Nacional de Estudiantes, que se celebró en esta ciudad. Desde una de las ventanillas del monstruo con alas, que con dificultad navegaba contra el viento, Arciniegas tomó las primeras fotos aéreas que se conocen de esta bella villa.
Ya en las fotografías de los años cincuenta el aviso del periódico aparece un poco más abajo, en la avenida Primero de Mayo, encima de los atlantes que custodiaban la entrada al bar El Crillón. Es un letrero más grande que el anterior, lo que hace suponer que la empresa había progresado a pesar de las dificultades y de la agitación política que se apoderaron del país. Ya habían aparecido otra generación de Santos, don Enrique y don Hernando, y sobre todo la figura paternal y respetable de don Roberto García Peña. Recuerdo su figura venerable, su voz pausada y su español magnífico, una noche de 1978, cuando la Biblioteca Pública Piloto lanzó su libro Medio siglo sobre EL TIEMPO.
En fin, podría extenderme en múltiples momentos sobre la estrecha relación que han tenido esta región y el periódico EL TIEMPO. Pero creo que no es necesario. El recorrido que hemos seguido es simplemente para recordar que el homenaje que Alonso Salazar Jaramillo, alcalde de la ciudad, rinde al periódico al cumplir cien años de existencia, no es gratuito pues existen desde siempre profundos vasos comunicantes, vínculos de sangre y afecto, pero ante todo admiración un periódico que ha sabido mantener viva la llama de las libertades de expresión y de prensa, la defensa de los altos ideales del ser humano, que ha sido tribuna de las mentes más lúcidas de nuestra democracia y, ante todo, que ha logrado mantener la confianza de sus lectores gracias a ser fiel al simple principio de decir siempre la verdad.
Larga vida, largo tiempo para EL TIEMPO en Medellín.
JUAN LUIS MEJÍA ARANGO
Para EL TIEMPO
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Otros
- Fecha de publicación
- 11 de septiembre de 2010
- Autor
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