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La hija de Carlos Pizarro reconstruye la vida de su padre con una exposición

María José lleva ocho años estudiando la vida de su padre y ha recolectado objetos que se presentan por primera vez en el país.

Tenía 21 años cuando desertó de las Farc. Carlos Pizarro simplemente dijo "ya vuelvo" aquel 11 de septiembre de 1973 y nunca regresó. Buscaría otro camino. A esa misma edad, pero en 1999, su hija María José Pizarro tomaba una decisión que también le cambiaría la vida: ser madre. Sin saberlo en ese momento, comenzaba a cerrar el ciclo con el que empezó a curar la muerte de su padre, asesinado en plena campaña presidencial el 26 de abril de 1990.

"Me hizo ver mi propia historia desde la perspectiva del padre. Como hija los juzgaba mucho, tenía dolores adentro, por los abandonos, las ausencias, la vida dura que me tocó en la niñez. Hoy puedo verlos y entender los porqués. También puedo decidir cambiar la historia", dice esta mujer de 32 años, que desde hace casi una década ha venido reconstruyendo la vida de su papá y esta semana presenta en el Museo Nacional la exposición Hacer la paz en Colombia: Carlos Pizarro. Ya vuelvo.

En ese largo proceso, María José ha logrado dividir al padre del hombre de guerra. Y de paz. Al primero, lo adora. Al segundo, lo ha aprendido a mirar con distancia. Admira su manera de dibujar un camino de paz luego de haber sido el comandante más militar del M-19, pero también reconoce que mató, siguiendo la lógica de la guerra. Una dinámica cíclica de odio que está convencida de que se puede romper. Comenzando por ella.

El primer recuerdo

"Yo era de meses cuando se llevaron a mis papás a la cárcel en 1979. A mi hermana, ocho años mayor, la policía sí la interrogó. Mis recuerdos empiezan a los dos años, yendo a la cárcel. Me acuerdo entrando con mi hermana siempre atrás mío, porque para llegar al patio tenías que pasar por el frenocomio y le decían 'no la deje acercar porque la pueden coger'. Cuando llegábamos al patio, yo no sé qué habían hecho ellos, pero convertían esa cárcel en un parque. Se disfrazaban de payasos, montaban obras de teatro. Nunca sentí que estuviera entrando en una cárcel".

La niñez

"Fue una niñez trajinada, diferente a la que pueden tener la mayoría de los niños con un papá y una mamá que llegan a casa, y que cuentan en el colegio 'mi papá es dentista'. Uno ni modo de decir 'mi papá es guerrillero'. Toca construir una vida hacia afuera, la que les cuentas a los demás, y otra que es tu vida íntima, privada, la verdadera. Desde muy niño tienes conciencia de que hay verdades que hay que saber guardar, que la lucha que ellos tenían dependía en parte de que supiéramos protegerlos. Era una forma de volvernos cómplices y colaborar. También entregar y sacrificar nuestro hogar y nuestra niñez".

La muerte

"Es algo que tienes interiorizado. Miedo y cercanía con la muerte. Vives a la espera de ella. Tenía 12 años y estaba en el colegio, donde me conocían con otro apellido. Había visto justo a mi papá la noche anterior. Nos dijo a mi hermana y a mí: "Creo que me van a matar muy pronto, por favor no me olviden nunca". Al día siguiente, al ver llegar al colegio a mi madre y a la esposa de Álvaro Fayad, ambas llorando, no tuvieron que decirme nada. Recuerdo ir a la Caja de Previsión, subir una rampa negra, los goterones de sangre en el camino, las multitudes en el entierro y yo escondida entre trapos para que no me reconociera nadie".

La ausencia

"El amor de los padres es único y muchas veces es difícil de entender que lo sacrifiquen a uno por el resto del mundo. Racionalmente se entiende, pero tu egoísmo de niño te dice es que eres más importante. Luego ves que lo eras, que la inconformidad era contra el mundo y que ellos querían que crecieras en una realidad diferente, a la altura de sus sueños. Sin embargo, crecí sola y fui muy rebelde. Era un dolor que tenía contenido y que me costó años podérmelo explicar".

* * * *

María José se fue con afán a conocer el mundo. Apenas cumplió la mayoría de edad recorrió Colombia durante tres años, luego viajó al sur, a Ecuador, Perú, Bolivia, Brasil y regresó al país por el río Amazonas. Vivía de hacer pulseritas, malabarismos, lavar ropa ajena, enseñar a leer y escribir. Los que menos tenían fueron los que más le dieron, como las prostitutas de Belo Horizonte que le armaron el ajuar de su hija con las ropas de sus propios hijos.

Pero solo emprendería el camino hacia su propia historia estando lejos. En un lugar donde nada le recordara su pasado, como lo fue Barcelona. A ello se sumó que su familia le dijo que recuperara su apellido. Recobrar su identidad le tomó cinco años. Fue el tiempo de entender si sus luchas habían valido la pena.

"No se trataba de la guerrilla campesina de las Farc: era gente que tenía las posibilidades de la legalidad. ¿Por qué deciden hacer esto? Empecé a comprender el mundo que ellos encontraron, de doctrina de seguridad nacional, dictaduras en el cono sur, miseria, con la Revolución Cubana en auge. Y si uno no era liberal ni conservador, pero quería estar en el Congreso, era imposible. No había espacios. Buscaban un mundo diferente".

Y lo empiezan a crear con acciones 'robinhoodescas', como el atraco a los camiones de leche o el robo de la espada de Bolívar, que la dinámica de la guerra fue deformando. Fue el primer grupo en secuestrar -ajustició a José Raquel Mercado por traición a la clase obrera- y llevó a cabo su acción más cuestionada, la toma del Palacio de Justicia en 1985. "Álvaro Fayad les dice, 'nos vamos a hacer una cosa que si nos sale bien llegamos al poder y si nos sale mal Colombia no nos va a perdonar'". Pizarro, epiléptico, convulsionó ante el resultado que conoció en el Cauca, donde estaba, mientras el Palacio incendiaba las vidas de tantos. El resto de la historia está por conocerse, algún día.

María José lo sabe. Sabe que esa será la cruz que deberá cargar. Y sin embargo, sabe que no es su lucha. Pero ante las muchas entrevistas que ha hecho para tratar de entender este pedazo de historia reciente se ha dado cuenta de que el espiral de odio se reproduce sin control. Y sin conocer la historia, ni las razones. "Para perdonar tienes que saber qué pasó y cuando lo sabes puedes tener un criterio para saber qué perdonas y qué no. Pero por mí no pasa más violencia. Cada quien es libre de decidir. Y yo decido que ese no es mi camino".

Carlos Pizarro le dice un día a sus compañeros en el campamento de Santo Domingo que la guerrilla ha matado a más colombianos que el ejército, que la guerra no puede seguir. Decide dejar las armas. Quiso hacer la paz y murió en el intento. Pero para su hija logró su mayor objetivo: que desde hace veinte años haya un grupo guerrillero menos en Colombia.

La paz en el Museo

La exposición que se inaugura en la sala de Ideologías del Museo Nacional es una reconstrucción de cómo el movimiento guerrillero M-19 decide dejar las armas para ingresar a la vida democrática. Nace de la exposición realizada por María José Pizarro en Casa de las Américas de Barcelona el año pasado. La muestra en Bogotá incluye más información y objetos del Museo, algunos del Palacio de Justicia. Busca incluir en esta institución la historia de conflicto del país, tal como lo hicieron 'Cien años de los Mil Días' (1999) y 'Tiempos de paz, acuerdos en Colombia 1902-1994' (2003).

Lesa humanidad

Cinco días antes de que prescribiera la investigación por la muerte de Carlos Pizarro, el 26 de abril de 1990, el crimen fue declarado delito de lesa humanidad por un fiscal de Derechos Humanos. Ha sido considerado como un proyecto de desaparición sistemática de líderes de la oposición, donde también cayeron otros candidatos como Bernardo Jaramillo Ossa y Jaime Pardo Leal. Sobre el caso Pizarro, solo ha sido condenado el desaparecido Carlos Castaño, aunque la Procuraduría pidió investigar un supuesto nexo del hecho con dos agentes del DAS.

DOMINIQUE RODRÍGUEZ D.
REDACCIÓN EL TIEMPO

Publicación
eltiempo.com
Sección
Cultura y entretenimiento
Fecha de publicación
4 de septiembre de 2010
Autor

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