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Veinte años del mismo helado de vainilla / Opinión

El martes pasado, el canal de TV Universal emitió para Latinoamérica el capítulo final de La ley y el orden.

Luego de 20 temporadas ininterrumpidas, esta serie de policías y fiscales de Nueva York se convirtió en el drama que más tiempo duró en horario estelar nocturno en la TV abierta de EE. UU. desde los setenta.

A diferencia de 'Lost' y '24', 'La ley y el orden' nunca les apostó a los arcos narrativos complejos de varios capítulos ni construyó universos y mitologías propias, como 'Los archivos X'. Cada emisión es un caso en sí mismo, con principio, desarrollo y desenlace.

Repitió por dos décadas y 456 episodios la misma fórmula: delitos sacados de las noticias; la misma premisa: policías investigan y fiscales acusan; las mismas palabras iniciales y hasta la indescriptible cortinilla que suena a caja registradora, compuesta diez años antes de los ringtones.

Ese era el encanto de La ley el orden: cambiar dentro de lo previsible. Por 20 años, los casos de la serie representaron las transformaciones de la política criminal: de los violadores en Central Park, a principios de los 90, hasta los terroristas en el capítulo final, pasando por cabecillas de pirámides financieras, gobernadores corruptos, proxenetas rusos y ciberdelincuentes.

En una industria televisiva cada vez más fragmentada en audiencias, La ley y el orden generó una especie particular de seguidores que disfrutamos el mismo helado de vainilla todas las veces: 45 minutos de un caso criminal urbano, sacado de los periódicos.

FRANCISCO MIRANDA H.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Gente
Fecha de publicación
2 de septiembre de 2010
Autor

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