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¿Quién queda bravo con la caída del acuerdo militar con Estados Unidos?

Rodrigo Pardo habló con María Isabel Rueda acerca de la decisión de la Corte Constitucional.

Usted fue canciller, embajador en Venezuela, jefe de la actual canciller Maria Ángela Holguín y, además, como director de 'Cambio', filtró los términos del acuerdo militar con Estados Unidos. ¿Quién mejor para analizarnos los hechos vertiginosos de la última semana?

Sobre la caída del acuerdo militar con Estados Unidos, puedo decirle que el efecto inmediato es positivo y le produce un gran alivio a todo el mundo. Este acuerdo tenía más sentido en la era Uribe-Bush que Obama-Santos. Curiosamente, tanto Santos como Obama son continuadores de la mano dura de sus antecesores, pero no quieren que sus Gobiernos se recuerden por eso, sino por sus reformas económicas y sociales, y son mucho más pragmáticos que sus antecesores.

O sea que cree que la caída del acuerdo le sirve tanto a Obama como a Santos...

Pues, indudablemente, a Santos sí.

Y si no va a pasar nada por cuenta de la caída del acuerdo, ¿quiere decir que este era prácticamente inocuo?

Pues está resultando esa conclusión. Por lo menos eso es lo que están diciendo en el Departamento de Estado, y lo que está diciendo el comandante de las Fuerzas Militares de Colombia. Ese acuerdo era importante para los escenarios de guerra hipotéticos globales de EE. UU., como figura en un documento del Pentágono. Pero no estaban concebidos para que tuvieran relación con los temas que generaron los problemas, que eran la ayuda que necesitaba Colombia para luchar contra las Farc y la ayuda para defendernos de Venezuela.

Pero sí tenían sentido en el marco del enfrentamiento de Uribe con Chávez...

Indudablemente.

Tengo la teoría de que Colombia se prestó a hacer el papel de que se estaba trasladando a Colombia la base de Manta, cuando eso en realidad no fue así...

Incluso sin ese último tratado, están vigentes muchos acuerdos que le han permitido a EE. UU. colaborar con Colombia y ayudarles a nuestras Fuerzas Armadas a lograr los triunfos más grandes de su historia.

Pero es indudable que la caída del tratado nos deja despejado el camino con Venezuela...

Como fue el caballito de batalla de Chávez y ya no existe, quita el tema del medio, por lo menos mientras se conoce qué va a hacer el Gobierno. La Corte Constitucional se demorará por lo menos seis meses en dar a conocer su fallo. El tema salió del radar, precisamente en el momento en que los dos Gobiernos están tratando de recomponer sus relaciones. Y a EE. UU. el presidente Santos puede decirle que él fue el arquitecto del tratado y a Chávez, que por fortuna la Corte lo tumbó.

Y como en Venezuela ya no hay casi separación de poderes, Chávez puede hasta pensar que fue Santos el que tumbó el tratado...

La Corte ha dado dos muestras de independencia de mucho impacto internacional, como fueron la caída de la reelección y la de este tratado. Creo que hasta Chávez piensa que la Corte Constitucional colombiana es independiente.

¿Y cuáles serán los efectos en Ecuador?

Pensará lo mismo. Correa tiene un lío todavía porque, frente a su voluntad política de arreglar las relaciones con Colombia, está aún vigente la decisión judicial contra el presidente Santos, contra el comandante de la Policía y el de las Fuerzas Militares. Y él, formalmente, necesita una salida distinta de la de reconocer que le pidió a un juez que echara para atrás un proceso. Lo último que ha venido diciendo es que los jefes de Estado tienen inmunidad y que entonces el presidente Santos puede ir cuando quiera a Ecuador.

Pero mejor que Santos por ahora no vaya por allá.....

Pues sí....

Insisto en que me impresiona que se caiga este acuerdo militar con EE.UU. y no pase nada. Es que, a pesar de todos los líos que causó, ni siquiera aumentaba la presencia de soldados en Colombia...

Hay 600 soldados norteamericanos por cuenta del Plan Colombia. Y no puede haber más por una ley interna de EE. UU. Esa es otra cosa importante. Pensábamos que la importancia del tratado radicaba en que nos iba a defender de Venezuela, si esta resolvía atacarnos. Pero ese es un mito totalmente absurdo. A EE. UU. no le gusta estar participando en conflictos externos. Se están retirando de Irak y ese se considera un éxito de Obama. Un conflicto de EE. UU. con un país como Venezuela, a cuyo presidente ni siquiera le han quitado la visa es absolutamente impensable.

Al fin y al cabo, es su surtidor de petróleo...

Lo es, y no va a apoyar por nosotros una guerra contra Venezuela. Es absurdo. Pero es más absurdo ahora, cuando, según nos dijo el presidente Santos, en su discurso no existe la palabra guerra, y en el diccionario del presidente Obama no existe la palabra terrorismo, porque la quitó del documento oficial de seguridad nacional que todos los años tiene que hacer el Gobierno de los EE. UU. Hay un contexto que hace ver hoy como inocuo, inútil e innecesario un tratado que hace un año casi nos lleva a la guerra con Venezuela.

¿Y EE.UU. tampoco queda bravo? Porque no veo al Gobierno de Santos muy interesado en revivir el tema tramitándolo ante el Congreso colombiano...

EE.UU. no tiene autoridad para sentirse ofendido, porque el argumento sobre el Tratado de Libre Comercio es que el Presidente quiere que se apruebe, pero el Congreso no lo deja. Luego, Santos puede decir que él quiere el tratado, pero la Corte no lo deja, y en EE. UU. se tienen que quedar callados. Ahora: ese es un país muy pragmático. A ellos no les importa la ley. Con EE. UU. tenemos un tratado de extradición que, según la ley colombiana, no existe. Y sin embargo, somos el país del mundo que más personas ha extraditado. Mientras haya confianza, mientras más o menos hagamos lo que ellos quieren que hagamos, a ellos no les importa si el tratado lo tumba la Corte. A largo plazo, sí se necesita que el Gobierno del presidente Santos modifique el tratado o lo someta al Congreso. Pero ese es un tema casi que del año entrante, que da un espacio para normalizar las relaciones con Venezuela, y hay tiempo para hacerlo de una manera más tranquila, para que no se repitan los errores que cometió el Gobierno anterior.

Ese tratado lo que sí permitía es que la presencia militar gringa se extendiera de tres, a siete bases. ¿Para eso se necesitaba un nuevo tratado?

El tema son las aeronaves, la autorización de los aeropuertos. La pregunta es si eso se puede hacer sin pedir permiso, caso por caso, que era lo que garantizaba el nuevo acuerdo. Probablemente, sí.

En épocas del ex presidente Samper, siendo usted canciller, también se firmó un acuerdo que permitía a barcos de la Armada de los EE. UU. ingresar a aguas territoriales nuestras...

Permite que, en caso de que un barco militar esté persiguiendo a un barco sospechoso de transportar droga, pueda entrar al mar territorial colombiano. Antes había que pedir permiso en cada caso en que esto sucediera. Este acuerdo no se llevó al Congreso, nadie consideró que era una violación de la soberanía, nadie consideró que era inconstitucional. Por eso lo que me preocupa de este fallo no son tanto las consecuencias en la colaboración militar, sino el significado que tiene para decenas o cientos de acuerdos que Colombia ha firmado en los últimos años.

Le preocupa que ahora todos sean demandables.....

No me cabe la menor duda. Y no sólo eso. Estoy seguro de que mucha gente que no es partidaria de este tipo de colaboración ya tiene preparadas nuevas demandas con base en los argumentos de la Corte Constitucional.

También me preocupa que si el argumento de la Corte es que se necesitaba el permiso del Congreso para el paso de las tropas de EE.UU. por el territorio colombiano, y eso no se dio, se puedan estar elaborando acusaciones contra el ex presidente Uribe por traición a la patria...

Eso me parece absurdo. Una cosa es cometer un error político o hacer algo que, si se quiere, es inconveniente desde el punto de vista de política exterior y otra, cometer un delito. Eso no tiene pies ni cabeza. Entre otras cosas, le pueda gustar a uno o no estar acuerdo, pero el Presidente de la República como Jefe de Estado tiene autorizaciones explícitas de la Constitución para manejar las relaciones internacionales del país. Eso, como demanda, no tiene pies ni cabeza. Sería absurdo que todos los acuerdos con EE. UU. terminen en demandas penales. Hay cómo controvertir y criticar el manejo del x presidente Uribe a las bases, pero de ahí a que haya cometido un delito hay un gran trecho.

¿Lo dejan tranquilo los términos en los que se han reanudado las relaciones con Venezuela?

Sí. Creo que se está haciendo lo correcto. Los años de confrontación, de tratamiento conflictivo durante la era Uribe no produjeron buenos resultados. No pudieron evitar que, al final de ocho años de confrontación en los foros internacionales, en las cumbres, en los medios de comunicación, haya guerrilleros colombianos en Venezuela, como lo denunció el ex presidente Uribe. Ahora, Santos está intentando por las buenas que los saquen de allá o que, por lo menos, no sea tan fácil su permanencia en territorio venezolano. Este debate me recuerda el que tuvimos en los años 80 con Fidel Castro, que había creado el Eln, apoyaba al M-19, y en dos oportunidades habíamos roto relaciones con él, en los Gobiernos de Carlos Lleras y de Turbay Ayala. A partir de la mitad de los años 80, comenzamos a entendernos con Castro por las buenas y entendió que, para él, era mejor tener buenas relaciones con el Estado colombiano que con la guerrilla colombiana. Castro no volvió a apoyar a la guerrilla. Yo creo que lo que hay que hacer es subirle el beneficio a Chávez de su relación con el Estado colombiano y, a la vez, subirle el costo de su apoyo a la guerrilla.

Pues eso suena muy lógico... ¿Cómo le pareció que salió la visita de la canciller a Venezuela para reanudar las relaciones binacionales?

Me parece que abrir canales de comunicación y tratar temas distintos es muy positivo. En los últimos años las relaciones dependieron mucho de dos temperamentos cambiantes e impulsivos, como son los de Uribe y de Chávez. Cuando estaban de amigos, se comprometían y creían que iban a resolver el lío del golfo de Venezuela. Y cuando peleaban, quedaban al borde de la guerra. Lo que Santos le ha planteado a Chávez, y al parecer Chávez ha entendido, es: entendámonos a pesar de nuestras divergencias. No están desconociendo que hay diferencias muy grandes y tampoco están pensando que con unas comisiones se van a acabar esas diferencias. Este es un esquema, no para terminar las diferencias, sino para tramitarlas, y para que ni ellas lleven a la guerra ni lleven a incidentes ni impidan trabajar en una cantidad de temas que unen e interesan a los dos países.

Pero no hay compromiso de sacar a la guerrilla de Venezuela...

Y no veo a Chávez persiguiéndola, pero tampoco lo veo necesariamente desafiando al Gobierno colombiano con un apoyo directo y explícito, mientras Chávez llega a una conclusión sobre qué puede lograr con el Gobierno de Juan Manuel Santos. La gran paradoja es que no existe un colombiano que haya hecho más política con la bandera antichavista que Santos, y no existe un venezolano con un discurso más antisantista que Chávez.

¡Es que hasta mafioso le ha dicho!

Pero se están entendiendo.

En política no hay nada escrito ni nada que se haya dicho que no se pueda borrar...

Así es la política.

Finalmente, usted fue jefe de la actual canciller, María Ángela Holguín, y hasta su presidente de tesis. ¿Cómo es ella?

Es una mujer muy práctica, con mucho criterio, con un gran sentido político. No se enreda en disquisiciones emotivas ni teóricas. Conoce mucho los temas porque lleva muchos años tratando con ellos. Es una persona de resultados. De María Ángela nunca vamos a oír un gran discurso, pero tenemos la oportunidad de que produzca grandes cosas.

Finalmente, ¿de verdad cree que el presidente Santos va a ser capaz de sacarnos del lío con Venezuela?

Un dirigente como el presidente Santos, que quiere conquistar la China, entrar a la Oecd (sigla en inglés de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) y ser líder latinoamericano no se va a enredar en una peleíta con un presidente estrafalario como Chávez.

María Isabel Rueda
ESPECIAL PARA EL TIEMPO

Publicación
eltiempo.com
Sección
Justicia
Fecha de publicación
22 de agosto de 2010
Autor

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