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Un nuevo estilo de gobernar se instala en Palacio; Juan M. Santos estaba hecho para ser Presidente
Llega con propósitos elementales como ser puntual, decir la verdad, reconocer sus errores, corregir y escuchar al adversario.
Los colombianos apenas comienzan a descubrir a su presidente, Juan Manuel Santos. O por lo menos a conocer facetas que no se habían revelado en su largo recorrido por la administración pública de casi 30 años, durante los cuales se preparó, día a día, para ejercer el cargo que hoy asume.
No sabían los colombianos, por ejemplo, de su obsesión por la puntualidad, por decir la verdad, por reconocer sus errores y su disposición a corregir. No sabían de su fe en el diálogo constructivo, su don casi natural a ceder ante argumentos, del amor entrañable que alumbró siempre el hogar en el que fue formado y de ciertos caprichos de niño que aún lo acompañan como el de rematar el almuerzo con una chocolatina Jet.
Poco saben del rigor con el que procede en su vida pública y privada y de su "disciplina", como testimonia su asesora de más de 20 años de ejercicio, Yolima Jiménez, producto de su temprana formación militar en la Armada colombiana.
No saben que, aunque viene de una familia acomodada, cree que para templar el carácter de los hijos, como reza un proverbio chino, "hay que criarlos con un poquito de hambre y un poquito de frío".
Los colombianos no sabían que cuando Santos dijo esta semana "vamos a gobernar en una urna de cristal", no lo hizo por repentismo o por agradar a la galería, sino porque su tío abuelo, el ex presidente Eduardo Santos, creía que la vida de los hombres públicos, pero sobre todo de los periodistas, debía transcurrir como en "una casa de cristal". Esa memoria de Eduardo Santos habla hoy desde una placa de mármol enclavada en uno de los salones de EL TIEMPO.
Los colombianos no sabían que Santos se comenzó a interesar en los asuntos públicos desde muy niño, cuando su padre le dejaba un roscón y un vaso de leche sobre un ejemplar de EL TIEMPO que él devoraba con especial apetito.
Tal vez no se acuerdan que Santos salvó al país de la mayor crisis económica que se recuerde desde la depresión de 1930, cuando en 2001, como ministro de Hacienda, restableció el orden fiscal en la nación, los departamentos y los municipios.
Tal vez lo que está más fresco en la memoria de los colombianos es su papel como ministro de Defensa del presidente Uribe, momento que será recordado como el de mayores golpes a la guerrilla en toda su historia.
Santos es el artífice de la Operación Fénix, que dio de baja al segundo hombre de las Farc, 'Raúl Reyes', en un campamento ubicado en territorio ecuatoriano y la Operación Jaque que permitió la liberación de Íngrid Betancourt y otros 14 secuestrados por esa organización.
Otros comienzan a sorprenderse con el Santos Presidente que decide llevar al gabinete, inclusive, a sus propios críticos, que advierte que no reconoce "enemigos" ni dentro ni fuera de las fronteras, que habla de "unidad nacional".
Los colombianos apenas comienzan a descubrir su estilo discreto, recatado, exigente. Y aún quedan muchas cosas por descubrir de ese hombre que a partir de hoy asume las riendas del país.
REDACCIÓN POLÍTICA
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Otros
- Fecha de publicación
- 6 de agosto de 2010
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