Cementerio 'ingles' en Turbaco, esconde historia de ferrocarril de Cartagena

Cementerio 'ingles' en Turbaco, esconde historia de ferrocarril de Cartagena

Allí fueron a parar los cuerpos sin vida de los protestantes que murieron por enfermedades tropicales construyendo el sistema férreo hace más de un siglo.

6 de agosto de 2010, 05:00 am

En una finca privada, en el kilómetro cuatro de la vía Cartagena - Turbaco y frente al vivero 'Plantasía', se esconde, entre matorrales, lo que alguna vez fue un cementerio.

Lo que pocos saben es que este lúgubre lugar, en el sector conocido como Matute, esconde parte de la historia de la construcción del ferrocarril que unió a Cartagena con Barranquilla, a finales del siglo XIX.

Sólo hay siete tumbas, con cruces levantadas en cemento que desafían la gravedad inclinadas en medio de la hierba y algunas lápidas rotas, donde se pueden distinguir nombres y fechas en ingles. Quizá por eso este lugar haya trascendido a través de la cultura oral con el nombre de cementerio ingles.

En las lápidas aparecen nombres como Jack Haggett Died (Nov. 2 - 1898); John Carroll Died (April 2 - 1894); Robert Corbin Died (June 30 - 1894) y M. Trevillan Died (June 30 - 1984).

Grahan Binns, cónsul británico en Cartagena, le dijo a EL TIEMPO que probablemente por estos nombres es que se le llamó ingles, lo que no significa, necesariamente, que los cuerpos que yacen en el lugar sean de ciudadanos británicos.

Lo más lógico, dijo, es que sean norteamericanos, por que eran empleados de la compañía de Boston, Estados Unidos, que construyó el ferrocarril en el tramo Cartagena - Calamar en 1890.

Pero lo que sí es claro es que eran protestantes, pues justamente por ello están enterrados allí, a las afueras de la ciudad y no en los cementerios centrales de Cartagena.

En las tumbas fueron enterrados los empleados de la Cartagena Magdalena Railroad Company que murieron durante la construcción del ferrocarril por enfermedades tropicales como la fiebre amarilla, la malaria y hasta sífilis, sin contar con accidentes de trabajo y las inclemencias propias del clima tropical al que no estaban acostumbrados.

Cuando empezaron las muertes y llegaron los primeros cuerpos al cementerio de Manga, los operadores de la empresa del ferrocarril a cargo de Samuel McConnico, se percataron de que en la Cartagena de 1890, la jerarquía eclesiástica y el gobierno no permitían que ciudadanos protestantes fueran enterrados en los cementerios católicos.

Todos los credos diferentes al católico eran considerados protestantes y contra la iglesia, por lo que debieron ordenar la construcción del cementerio protestante, para que los cuerpos de los obreros e ingenieros muertos tuvieran un lugar donde reposar.

El historiador Adolfo Meisel, relata en su ensayo 'A remolque de la economía nacional' parte de los cuadernos de historia económica del Banco de la Republica, que el 20 de agosto de 1894 el poeta José Asunción Silva abordó en Calamar el tren que lo habría de conducir hasta Cartagena. Al día siguiente en una carta que envió a su madre y a su hermana Elvira, cita Meisel, narró así lo sucedido:

"Es una impresión curiosísima la que produce la vía férrea con sus rieles rígidos, sus carros de viajeros mucho más elegantes que los de la Sabana, sus empleados americanos; en fin, todo un tren de ferrocarril yankee (...) el ferrocarril con sus locomotoras, sus carros y sus empleados parece hecho en otra parte, traído y colocado en este lugar como por encanto".

Y como advirtió Silva en ese momento, así era, todos los empleados de Cartagena Magdalena Railroad Company, eran de otra parte y además, de otra religión, por eso yacen en el olvidado cementerio de Turbaco.

Las obras del ferrocarril de Cartagena iniciaron en enero de 1890 y culminaron en agosto de 1894. La línea tenía una longitud de 105.6 kilómetros y ocho estaciones: Cartagena, El Tanque, Matute, Turbaco, Arjona, Arenal, Soplaviento y Calamar.

Las estaciones, como el mismo cementerio ingles, que aún existen, están en franco deterioro.

JORGE QUINTERO
CORRESPONSAL DE EL TIEMPO
CARTAGENA