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Las historias eróticas de los taxistas de la noche en Bogotá

Tres conductores confiesan sus aventuras con pasajeros que dejan su pudor a un lado.

Desde una pasajera que se desnuda hasta un cliente con esposa e hijos que pide carreras a bares gays.

Propuesta indecente

DANIEL GONZÁLEZ
TAXISTA, 28 AÑOS
Hace poco, recogí a una bella jovencita en la calle 85 con carrera 14, por los lados de los bares. Un señor pagó la carrera por anticipado y me dijo que la llevara a Suba. En el camino algo me llamó la atención: la pasajera se sacó los senos y empezó a hacerme caras para que se los mirara. Yo seguí concentrado en el volante de mi taxi. No le puse atención. Unas cuadras más adelante, la jovencita se bajó el jean y se empezó a tocar. Me dijo unas palabras que en mis siete años de trabajo por la noche nunca se me olvidarán: "Señor, ¿me puede hacer el amor?".

Yo noté que ella estaba como drogada. Le respondí que no. Me negué a su propuesta indecente. La joven se pusó muy brava al escuchar mi negativa. Hasta insinuó que yo era homosexual por no acostarme con ella en la parte trasera del taxi. Antes de llegar a su casa, la muchacha se vistió de nuevo y se fue muy exaltada por mi rechazo. Estas cosas nos suelen pasar a los taxistas que debemos trabajar de noche en esta ciudad tan grande.

Pasajero con una doble vida

MARLON PARRADO
TAXISTA, 40 AÑOS
Me reservo el nombre de mi cliente. Es un tipo de mi edad. Vive en un barrio de gente de plata del norte de Bogotá y me llama con alguna frecuencia para que lo lleve a hacer vueltas. Me paga muy bien por el servicio. En el camino me cuenta que tiene una esposa adorable y dos hermosos hijos. Sin embargo, a veces me llama en las noches para que lo lleve a buscar, según él, "un poco de diversión". Vamos entonces a hacer recorridos por varios bares gay de Bogotá. En ocasiones sale con otros hombres y me pide que lo lleve a los moteles de Chapinero. Se me hace raro que un tipo que parece un hombre de familia, no sea tan 'hombre' en las noches. De todas maneras, son cosas que pasan y uno se acostumbra.

'Adiós a las blusas, adiós a los sostenes'

DIEGO BERNAL
TAXISTA, 26 AÑOS
Hace como dos meses, me salió un servicio en el Aeropuerto Eldorado. Se trataba de dos bellas chicas, que regresaban de viaje. Me tuve que bajar del taxi para ayudarles a guardar las maletas. Me dijeron que las llevara a Quinta Paredes. Hasta ahí, todo normalito. Cuando íbamos pasando por la calle 26 con Ciudad de Cali, empecé a notar algo raro. Una de ellas le acariciaba el pelo y la cara a la otra. Esta se dejaba. Se miraban fijamente. Ambas tenían -calculo yo- entre 18 y 20 años. Parecían universitarias. De un momento a otro, pasaron de las caricias a los besos. Se besaban con pasión en la parte trasera del taxi. Yo vi todo por el retrovisor. Luego de los besos, vinieron caricias intimas. Adiós a las blusas, adiós a los sostenes. Mientras tanto, yo sudaba y hasta dentro de mí quería que me dijeran que parqueara y me uniera a la fiesta. No fue así. Llegamos a Quinta Paredes, me pagaron y me dejaron con las ganas.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Bogotá
Fecha de publicación
24 de julio de 2010
Autor

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